El Gobierno central va a iniciar los trámites para revocar la declaración de la Semana Santa de Sagunto como Fiesta de Interés Turístico Nacional. La medida ha sido anunciada después de que la Cofradía de la Purísima Sangre, organizadora de la festividad en la localidad valenciana haya vuelto a rechazar por mayoría de sus integrantes la incorporación de la mujer a las procesiones como cofrades. El Ejecutivo sostiene que actúa en defensa de la igualdad y subraya que siempre se va a pronunciar en contra de cualquier discriminación por el hecho de ser mujer. El resultado de la consulta ha llevado a los ministerios de Igualdad, Industria y Turismo a anunciar la incoación de un expediente para revocar la declaración concedida en el año 2004.
El caso de Sagunto no es nuevo. La resistencia de las cofradías a la plena participación de la mujer ya ha sido superada en ciudades que tienen arraigadas celebraciones penitenciales como Sevilla o Málaga. También ha sido de siempre muy sonada la polémica con los tradicionalistas que se negaban a que las mujeres desfilasen en los Alardes de Irún y Hondarribia (Fuenterrabía) dos localidades ubicadas en Gipuzkoa. Este año se van a cumplir 28 años de la primera vez que las mujeres consiguieron participar en el Alarde de San Marcial de Irún vestidas de soldados en igualdad de condiciones que los hombres. Aquello supuso un antes y un después en la historia de este desfile de armas que durante más de un siglo, hasta 1998, tenía restringida la presencia femenina. Fue una conquista de quienes defendían una fiesta sin distinción de género.

El respeto a las tradiciones ha servido siempre como un falaz argumento para discriminar a las mujeres al menos en los tiempos que vivimos. Con el argumento de no romper una tradición los cofrades que son todo hombres han vuelto a votar esta vez en Sagunto mantener sus privilegios y seguir condenando a las mujeres a las labores de servicio. Y aquí está la clave. Efectivamente tal y como marca la tradición las mujeres pueden participar lavando y planchando la ropa a los hombres e incluso ayudándoles a vestirse para la procesión que es el gran momento que ellas tienen vedado. Las mujeres pueden limpiar la ermita de La Puríssima Sang del Nostre Senyor Jesucrist, o arreglar los trajes de los hombres pero los varones no quieren compartir con ellas ningún trono de la procesión. Por eso la pregunta es muy pertinente. ¿Hablamos de tradición o de machismo? O dicho de otra forma ¿se llama tradición cuando lo que se quiere decir es machismo?
La ley ha sido clara hasta el momento con los casos que se han llevado a los tribunales. El Tribunal Constitucional en aplicación del principio de igualdad que está consagrado en el artículo 14 de la Ley Fundamental, lo dejo claro cuando sentenció en un caso similar, que una cofradía de La Laguna (Tenerife) había vulnerado los derechos de la asociación y a la no discriminación de una mujer cuyo ingreso fue vetado por los socios. El caso llegó al tribunal de garantías que tampoco aceptó como argumento el carácter privado de la entidad. Según la justicia el veto no puede quedar amparado por la libertad de autoorganización de las asociaciones privadas cuando estas ocupen una posición en el ámbito económico, social o profesional. Los cofrades dicen que la tradición es la tradición y la justicia dice que la Constitución es la Constitución.
No es un asunto solo legal también tiene una derivada importante sociológica. Merece una reflexión colectiva comprobar que todavía hay colectivos significativos y amplios que dudan del criterio estricto de la más absoluta igualdad de los derechos y deberes entre hombres y mujeres. En el caso de Sagunto han sido los más jóvenes los que más se han movilizado contra la decisión de dejar participar más activamente a las mujeres que ahora mismo están relegadas a coser las túnicas y a las tareas organizativas. La historia reciente demuestra que este tipo de batallas contra tradiciones que excluyen a las mujeres nunca fueron sencillas de ganar. Lo saben las pescadoras de El Palmar que en 1997 denunciaron la prohibición de ingresar en la Cofradía de Pescadores del Palmar, una institución de origen medieval fundada en el año 1238 que reservaba el derecho de la pesca a los hijos y nietos varones de sus miembros. La petición de las pescadoras fue vista por muchos varones como una ofensa y el caso acabó en los tribunales. Después de varias resoluciones judiciales que daban la razón a las demandantes, el Tribunal Supremo falló en el año 2001 que ese derecho histórico que se arrogaban los hombres no dependía únicamente de la herencia y que también podía adquirirse por otras vías. Más tardaron las mujeres en poder participar en las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoi. Después de una larga batalla judicial y un laberinto de recursos en las que las mujeres solo podían participar como acompañantes o bailarinas no fue hasta abril del 2015 cuando las mujeres pudieron participar como festeras de pleno derecho. Al final, su constancia ha tenido recompensa y han logrado corregir una injusticia histórica.
El respeto a los derechos más básicos está por encima del “se ha hecho siempre así”. Para que estas tradiciones pervivan, para que sigamos sintiendo que son nuestras tradiciones porque esta es su verdadera esencia es necesario repensarlas y reformularlas. Y esta reformulación hay que hacerlo con respeto pero sin miedo. Esa es la actitud al menos la mía en todos los aspectos de la vida: miedo no, respeto siempre.
