El 1 de enero de 1959, Fidel Castro y su séquito revolucionario tomaron el control de Cuba tras la huida del dictador Fulgencio Batista. Poco tiempo tardaron en avanzar sobre las principales ciudades y asumir el poder total en la isla.
Algunos de sus compañeros en aquella aventura revolucionaria, como Ernesto Guevara o Camilo Cienfuegos, son personajes ahora recordados por algunos como ídolos tras alimentar una leyenda romántica, que ha pasado por alto todas sus atrocidades y sombras.
El riesgo de romantizar la historia no es otro que el de multiplicar la ignorancia y el desconocimiento muy común en nuestros días, con líderes y activistas de la izquierda europea que se atreven a acudir a una manifestación por el día del Orgullo LGTBIQ+ con camisetas con la silueta del “Che” Guevara. Parece que los episodios de persecución revolucionaria a los miembros de ese colectivo quedan en el olvido.
La verdad y el relato político no siempre van de la mano. Es la base de una de las máximas de la propaganda: “Que la realidad no empañe tu relato”.
Casi siete décadas después del comienzo de la dictadura castrista, el pueblo cubano se encuentra al límite, apenas sobrevive sin luz, sin medicinas, sin combustible y sin esperanza de cambio de sistema.
Con ese pueblo agonizando en la desesperación, nuestro nuevo influencer de confianza ha viajado a La Habana en business class, para ser agasajado por el régimen, sacarse fotos en tono melodramático e intentar sostener el relato de la resistencia de su maravillosa utopía comunista.
Dar lecciones de cómo gobernar un país ahogado en la miseria y la represión desde un chalet de lujo en Galapagar se presume complicado. Pero eso no acobarda a nuestro influencer, que asume la difícil tarea de explicar a los cubanos cómo es que sus penurias son responsabilidad directa e intransferible de las fuerzas invisibles del imperialismo.
Esta escenificación viene acompañada de una nueva flotilla de rescate, encabezada por el convoy “Nueva América”, que penetra con valentía en aguas caribeñas para trasladar a la isla toneladas de ayuda humanitaria, recibidas alegremente por un grupo de camaradas del régimen comunista, y no por el sometido pueblo cubano. Una pieza más de un relato que solo buscar lavar la cara de los verdugos y no ayudar a la víctimas.

¿Alguien pudo ver a nuestro influencer de confianza y a los miembros de la flotilla quedarse unos días en casas de cubanos, compartiendo sus penurias? Es comprensible que sus tareas humanitarias demandaran una estadía más cómoda en hoteles de lujo en La Habana, agasajados por la “casta” corrupta de una dictadura que ha hundido a su pueblo en la escasez y la represión.
A ninguno de estos activistas les ha importado Cuba, ni el pueblo cubano en ningún momento. Todos sus movimientos histriónicos buscan sostener la vieja leyenda de una lucha global anticapitalista contra los demonios capitalistas de los Estados Unidos, intentando ocultar lo obvio: que la Cuba de hoy es producto de 70 años de dictadura comunista.
Si todo es tan burdo, ¿por qué lo siguen haciendo? Pues porque la ideología llega a nublar tanto la razón que hay personas que se creen el cuento, y sostienen que las dictaduras comunistas son buenas y heroicas, mientras que las de derecha son horribles y crueles.
Las dictaduras solo son eso, dictaduras. Y el resultado siempre es el mismo: la opresión y la miseria.
En casi 70 años no he visto a estos activistas ni a nuestro influencer de la casta acudir al llamado de auxilio de un pueblo amordazado, sumido en la pobreza y la escasez. Todo lo contrario, siempre se han posicionado del lado de los verdugos.
Los cubanos merecen libertad, esperanza y algo tan básico como poder comer. Ojalá los activistas de la flotilla tuviesen que esperar tres meses para poder comprar jabón, porque las cartillas de racionamiento no han sido obra de los imperialistas, sino que se impusieron como norma del régimen hace décadas, al igual que las expropiaciones y las nacionalizaciones de cualquier atisbo de negocio que pudiese generar riqueza.
Un pueblo próspero critica, reclama y lucha, por lo que siempre será más cómodo gobernar a una sociedad amordazada y sumida en la miseria, mientras las élites privilegiadas viven a todo tren. La propaganda ya no cuela.
Libertad para el pueblo cubano.
