Opinión

No es Cupido

María Jesús Güemes
Actualizado: h
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Hay varias en España, pero yo me topé con la calle Cupido en Puerto de la Cruz (Tenerife). La descubrí una noche de campaña electoral y me hizo gracia. Iba con dos amigos de la caravana y le hicimos una foto a la placa para inmortalizar lo lejos que estaba el nombre de aquel dichoso angelito de nuestras casas. Comentamos que así era difícil que nos encontrase. Seguro que había dado mil vueltas para localizarnos por la zona y, al final, estaba perdido.

En mente, todos tenemos la imagen del dios romano del amor, la pasión y el deseo. Es una figura clave de la mitología y símbolo del Día de San Valentín, junto al universal corazón rojo que sale en todas partes. A Cupido se le representa habitualmente como un bebé rollizo y alado. En ocasiones, lleva una venda que le tapa los ojos para expresar que el enamoramiento ocurre de forma inesperada y va más allá de las apariencias físicas.

Siempre luce con un arco y unas flechas que dispara. Estas son de dos tipos: las de oro con punta afilada para que la gente caiga rendida y las de plomo con punta roma para causar rechazo u olvido. En esta vida, nos suelen alcanzar ambas.

Pero, bueno, esta idea frívola y romanticona no tiene nada que ver con lo que sale cada día en los medios de comunicación. Ahí, por desgracia, las noticias que se cuentan son otras. Las armas que se emplean, también. No hay semana en la que no se hable del caso de una mujer asesinada por su compañero, marido o expareja.

Hoy podría comentar el suceso de Zaragoza, pero sé lo rápido que va a pasar a formar parte de las estadísticas. Cuando escribo estas palabras, el número de víctimas por violencia de género se eleva a 14 en 2026 y a 1.357 desde 2003, año en el que comenzaron a elaborarse los registros oficiales.

Los expertos están preocupados porque hay “un repunte”. La cifra va en aumento y las instituciones públicas, jurídicas y sociales no saben cómo frenar la situación. Se ve que las denuncias por malos tratos y las medidas vigentes no bastan. Y no me vale con un tuit del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, expresando su pesar por lo ocurrido. Condena y rechazo son dos términos que se repiten y no se traducen en nada. Los minutos de silencio me parecen gestos inútiles.

Además, a los crímenes machistas hay que sumar los vicarios, cuando los niños son también víctimas de sus padres o cuidadores. Y, encima, hay una larga lista de menores que se han quedado huérfanos tras los feminicidios sus madres.

A todo esto, se añade otro tipo de violencia que se desarrolla de forma menos evidente. Hablamos de la emocional, la invisible o silenciosa. Esa que nadie aprecia, pero que está ahí y la palpa quien la sufre. En ‘Comerás flores’, la novela debut de Lucía Solla Sobral, se describe a la perfección. En esta se cuenta la historia de Marina, una joven que conoce a un hombre veinte años mayor que ella y se va a vivir a su casa. Los que les rodean creen que forman la pareja perfecta. Pero, la verdad, es que la mujer va perdiendo su identidad y hundiéndose en la asfixia. Y es que hay monstruos sibilinos. No pegan, no gritan. Sólo manipulan y ejercen su control en plena rutina.

“Había aprendido a evitar a los que ponen un pie en la puerta para bloquearla, a los que agarran fuerte de las muñecas, a los que tocan sin permiso, pero no me había dado cuenta de que también se podía querer escapar del que estaba en la misma casa hacia la que corría para ponerme a salvo”, explica la protagonista.

Este libro está muy de moda porque muchas mujeres se han visto retratadas en él. Han analizado sus propias relaciones y reconocido varios comportamientos normalizados que realmente no tienen un pase.

“Sabrás que lo que se acaba, se acabó mucho antes y no se acabará del todo hasta tiempo después”. Es una de las reflexiones que se esconden entre las páginas de esta obra. Da para pensar en las caras que tiene el amor. Sabemos que son muchas, pero no lo llamemos nunca así si hay una falta de respeto. Entonces, lo mejor es despertar y distanciarse. Se debe huir del dolor cuanto antes.

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