Música

“Nunca he querido ser Madonna”: Merche sobre su nuevo single, su regreso a Cádiz y su decisión de desacelerar su ritmo de vida

La cantautora gaditana estrena "Labios de rojo", un tema luminoso y honesto sobre soltar las prisas, reconectar con una misma y vivir más despacio. Mientras prepara una gira y un nuevo disco para celebrar sus veinticinco años de carrera, reflexiona sobre el reconocimiento como autora de sus canciones y los desafíos de ser mujer en la industria musical

La cantante Merche actúa durante la gala de los Premios Dial celebrada en el Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife.
EFE/Alberto Valdés

¿Es prudente huir de Madrid cuando se cumplen veinticinco años de carrera musical? Para Merche (51 años), regresar a su Cádiz natal no era negociable. Desde que se dio a conocer a nivel nacional en el concurso Eurocanción —donde se elegía al representante de España en Eurovisión 2001—, su trayectoria ha acumulado hitos: diez álbumes de estudio, una nominación al Grammy Latino, cerca de mil quinientos conciertos y canciones que marcaron una época, como “Abre tu mente”.

Ahora, mientras promociona su nuevo single, Labios de rojo, la artista reflexiona sobre su decisión de bajar el ritmo, su relación con el éxito y lo que ha aprendido en más de dos décadas dentro de la industria musical.

En Labios de rojo hablas de volver a casa, huir del ruido y caminar descalza. ¿Ese regreso a Cádiz fue una decisión más emocional que profesional?

Sí. Si fuese profesional, no me hubiera ido, porque la logística ha cambiado un poquito. Después de vivir aquí tantísimos años, al final lo tienes todo muy cerquita. Ahora tengo que desplazarme, pero la verdad es que estoy encantada y feliz. Como bien has dicho, fue una decisión absolutamente personal. Me apetecía ya volver. Al final me he pasado media vida aquí en Madrid viviendo, he sido muy feliz, pero ya tocaba despertarse oliendo a mar, como digo yo, y tomarme churritos y después darme un paseo por la playa. Ya me apetecía eso. Me apetece vivir la vida con más calma y saborearla.

Todavía no me lo creo del todo. Todavía estoy adaptándome, porque llevo pocos meses viviendo en Cádiz y viajando mucho, ya que seguimos trabajando. Hice la mudanza en plena gira. Entonces aún tengo que interiorizar que he vuelto a la Tacita de Plata. Pero la verdad es que estoy encantada de la vida, feliz y muy contenta.

Dices “no quiero correr, prefiero ir a mi ritmo”. ¿Sientes que durante años viviste demasiado acelerada?

Sí. Es una de las cosas de las que me arrepiento. No suelo arrepentirme de nada, porque al final las cosas pasan, te equivocas, tomas decisiones que no son acertadas, pero la vida es un poco eso. Tampoco hay que hacerlo todo perfecto, está bien equivocarse. Pero es verdad que en este caso siento que he ido demasiado deprisa. Te dejas llevar, te dejas llevar, y al final te olvidas de lo importante que es vivir.

Disfrutas mucho con tu profesión; a mí me apasiona la música y este mundo lo disfruto muchísimo. Pero sí he ido deprisa, demasiado deprisa muchas veces, durante mucho tiempo, durante muchos años. Ahora me apetece desacelerar un poquito la cosa, ir más despacito y, como digo, saborear más el día a día, las cosas pequeñas. sEn fin, un poco lo que es el resumen de lo que yo considero una vida idílica en estos momentos. Antes me apetecía más correr, pero ahora ya no.

El gesto de pintarse los labios de rojo aparece como un símbolo. ¿Qué representa para ti hoy la feminidad? ¿Ha cambiado con los años?

Hombre, un poco sí. Pero creo que eso va dentro de la evolución que sufrimos todos, de la evolución del ser humano. En este caso, el labio de rojo tiene —o por lo menos yo he pretendido darle— el sentido de que hay veces que gestos tan sencillos como pintarte los labios de rojo te pueden cambiar el día. No has dormido bien, tienes problemas o no es tu día, y es como poner en valor esas cosas pequeñas a las que a veces no prestamos atención, pero que nos hacen felices a todos.

Llevas casi veinticinco años de carrera. ¿Qué es lo que ya no estás dispuesta a aceptar en la industria musical?

He aprendido a decir no recientemente. De hecho, lo digo también en Labios de rojo. Me ha costado, pero por fin aprendí a decir que no. Hace unos cinco o seis años empecé a decir que no a según qué cosas. A mí me cuesta mucho. Algunas veces me da apuro y digo: “Venga, sí, venga, sí”. Por ejemplo, mi récord en conciertos seguidos son trece noches seguidas. Y hace mucho tiempo que a nadie se le pasa por la cabeza hacer trece seguidos.

Hay ciertas cosas que, con el paso del tiempo, ya te puedes permitir no hacer. Y, si es posible, aprender a decir que no antes. Las carreras se construyen con los noes, no con los síes, pero eso lo he aprendido también muy tarde. Por eso lo digo mucho para que la gente joven aprenda a decir que no con más facilidad, porque a mí me ha costado.

Has compuesto y producido gran parte de tu obra. ¿Te costó que te reconocieran como autora y no solo como intérprete?

Me pasé muchísimos años luchando con eso. Hoy en día, afortunadamente, la cosa ha cambiado y hay muchas cantantes jóvenes que son también autoras y que no han tenido ningún problema. Pero cuando yo empecé, hace ya más de veinte años, costaba mucho. Parecía que tenía que haber un señor con corbata al lado que era el que lideraba el proyecto y que yo era la mera cara visible. Y no es el caso.

Con mis aciertos y mis errores, siempre he hecho artísticamente lo que me ha dado la gana. También en mi carrera. Sí, te asesoras con la gente que está a tu alrededor, pero, insisto, las decisiones siempre las he tomado yo. Pero existía ese prejuicio: mujer, jovencita, minifalda, rubia. Cuanto más rubia me ponía, más corta la minifalda. Era casi una rebeldía, porque no entendía por qué la compañía me decía: “Ponte vaquero”. Pues más corta la falda. “¿Qué tal si te vuelves morena otra vez?” Más rubia. Era como decir: ¿de verdad está implícito que yo no puedo componer mis canciones?

Incluso a mis músicos, a mi banda de toda la vida, a más de uno le han dicho: “Se conoce de uno que le hace las canciones”. Eso me pasó durante mucho tiempo. Incluso cuando me nominaron a los Grammy, que ya era mi quinto disco, me dijeron: “Tú cantas muy bien, pero la suerte es haber encontrado a un compositor que te ha hecho esta canción”. ¡Era mi quinto disco! ¿Todavía no os habéis enterado de que las canciones son mías?

¿Te verías defendiendo una canción que no sientes como propia o para ti la honestidad es innegociable?

Sí. Si me gusta, ningún problema. Me encanta. Lo que pasa es que cuando algún compositor me ha ofrecido canciones y yo digo: “Yo soy autora”, muchos responden: “Ah, perdona, es que no sabía que tú eras autora”. Entonces ya muchas veces ni me las envían. Porque normalmente me lo dicen pensando que voy a escoger repertorio. Pero en mi caso no es así. Yo compongo porque es mi idioma, es mi lenguaje y además forma parte de mi oficio. Pero sí, cantaría sin ningún problema canciones que hayan compuesto otras personas.

Después de celebrar tus casi veinticinco años en la música, ¿qué te motiva ahora? ¿Ambición, estabilidad, disfrute?

Ahora mismo, si te soy sincera, si pudiera tomarme un par de años sin hacer absolutamente nada, me encantaría. Pero nadie puede. Además, tengo a tanta gente trabajando conmigo… A mí me motiva lo que siempre me ha motivado: el amor a la música. Me encanta, es mi pasión. Dedicarme a esto para mí es una suerte increíble. Me siento muy agradecida. Y quizá la mayor motivación ahora mismo es seguir dándole al público canciones y ver que, después de veinticinco años, siguen emocionándose y recibiéndolas con los brazos abiertos.

Lo que está pasando con Labios de rojo me está sorprendiendo muchísimo. Son muchos años y, sin embargo, el público sigue ahí, fiel, dándome cariño. Ellos son los que en realidad me motivan a seguir. Nunca he sido ambiciosa. Sí soy perfeccionista, me gusta hacer las cosas como creo que hay que hacerlas y estudio mucho para mejorar. Pero nunca he querido ser Madonna ni nada de eso. Mi objetivo era vivir como todo el mundo, pero ganarme la vida con mis canciones. Y parece que lo he conseguido. Ahora voy a por vivir.

¿Es más difícil mantenerse en el pop siendo mujer y cumpliendo años?

Yo llevo muchos años en una muy buena etapa. A lo mejor a otras compañeras sí les ha pasado; a mí, la verdad, no. Excepto la etapa del Covid, del confinamiento y todo eso —que ahí no trabajamos ninguno—, yo no he parado de trabajar.

Llevo cerca de mil quinientos conciertos hechos, diez discos de estudio, veinticinco años de carrera… y la verdad es que estoy encantada. Entonces, de momento no. Igual te veo la semana que viene y te digo: “Sí, estoy empezando a notar eso”. Pero de momento lo que vivo es mucho cariño.

Claro, al final son veinticinco años y ya formas parte de la familia de mucha gente que te dice: “Es que eres como mi prima, como mi hermana, como mi vecina.” Son muchos años. Así que no, yo no lo he notado. De momento, no.

¿Sientes que a las artistas se les exige algo más que talento? Imagen, eterna juventud, simpatía constante…

Quizás sobre todo en la estética. Mira: cuando estás operada, porque estás muy operada; cuando no te has operado, hay que ver qué vieja estás.

Es verdad que esas críticas, sobre todo físicas, nos las llevamos más las mujeres. El hombre de cincuenta está en su mejor momento, es atractivo, es súper chulo… y a la mujer de cincuenta siempre se le exige que parezca que tiene treinta, pero que tampoco vaya demasiado operada.

En fin, sí es verdad que en el tema estético a las mujeres se les pide mucho más. Pero bueno, también creo que depende del valor que le hayas dado tú, en tu trabajo, a esa imagen.

Cuando una artista decide bajar el ritmo o cambiar de etapa, ¿la industria lo interpreta como una retirada?

A ver, es un riesgo. No todos los artistas, y no en todos los momentos de tu carrera, se pueden permitir desaparecer de repente.

Imagínate un artista novel que haya sacado un disco, que haya funcionado muy bien, y que de repente diga: “Pues ahora me voy a tomar tres añitos de descanso.” Ha sembrado, pero no lo suficiente como para que el público aguante tres años sin él.

Si ya tienes una carrera estable, hecha de muchos años, yo creo que es más fácil poder decir: “Me voy a tomar cierto tiempo para descansar”.

A mí siempre me ha apasionado lo que hago y nunca he necesitado ese descanso. Empiezo a necesitarlo últimamente, pero tampoco con la urgencia de decir: “Tengo que parar”.

Quizás hacer un poco menos, ir un poquito más despacito y dedicar más tiempo a mi vida personal y menos tiempo al trabajo.

Yo ya lo sé. Ahora se tiene que enterar mi equipo, que no se han enterado muy bien y me tienen loca. Pero bueno, es difícil decir que no. Tienes trabajo, tienes conciertos, tienes giras… y es complicado decir que no.

Pero, insisto, depende del momento en el que te encuentres. Y realmente, cuando yo quiera parar, te garantizo que voy a parar. Si alguna vez necesito decir: “Voy a parar, necesito descansar de verdad”, cuando lo sienta de verdad, te garantizo que lo haré independientemente de lo que me diga el entorno.

“Labios de rojo”, el nuevo single de Merche

Has dicho que tu hija es tu proyecto más bonito. ¿Cómo se negocia ser madre y artista sin sentir culpa constante?

Yo lo llevo bien, pero es verdad que cuando peor lo llevo es cuando me tengo que ir de casa y mi niña dice: “¡Me dejas sola!”. Mi niña, que ya tiene quince años.

Pero claro, para mí es lo más importante que tengo en mi vida. Ese es el momento que llevo peor.

El resto del tiempo, con normalidad. Para mí esto es un oficio como otro cualquiera y no pasa nada. Pero claro, estar viajando todo el rato es algo implícito en esta profesión.

Entonces esa parte es la más complicadilla. Pero ella también está acostumbrada y lo llevo relativamente bien, como todas las madres que tienen su trabajo y que, encima, tienen que estar viajando.

Es complicado conciliar muchas veces. Pero lo llevo bien. Quitando horas de sueño…

Si ella quisiera dedicarse a la música, ¿la animarías o intentarías protegerla?

Yo la animaría a todo. Pero vamos, si no le gusta la música —que no le gusta—, mejor.

Aunque también es verdad que más vale malo conocido que bueno por conocer; por lo menos este mundillo ya lo conozco. Pero es demasiado sacrificado.

Es muy bonito, insisto, yo me siento una privilegiada. Pero si hay otras cosas que le hacen feliz y en las que se tiene que involucrar menos, que le quiten menos tiempo de su vida personal, yo estaría encantada.

Ella que haga lo que quiera, que yo la voy a apoyar en todo. Pero la música no le va.

Si pudieras volver a atrás, ¿harías algo distinto o el camino —con todo— ha valido la pena?

Yo me he pasado muchos años diciendo que no me arrepentía de nada. ¿Por qué? Porque es verdad que con tus errores y tus decisiones  —aunque sean equivocadas— al final aprendes y te conviertes en la persona que eres en la actualidad.

Precisamente fruto de esos errores y de esas experiencias que has tenido en tu vida. Entonces, ¿para qué cambiar algo?

Pero sí que quizás no haría tan romántico lo de la música. Para mí la música era solo la música, solo hacer canciones.

Esta industria tiene una manera de funcionar interna. En vez de aprender solo en el conservatorio, estudiar acústica y armonía —que está muy bien—, me hubiera gustado también estudiar un poquito de derecho o de economía.

Para que, una vez que entrara en este mundillo, supiera muy bien por dónde tirar.

Esa es la parte en la que yo he suspendido directamente. Porque yo solamente sé hacer canciones, hacer promo… pero no. Había que conocer también cómo funciona la industria.

Entonces, me hubiera formado más en eso.

Pero he leído que habías estudiado Magisterio, que incluso habías ejercido como profesora y que habías empezado Administración de Empresas.

Sí, pero todo estaba enfocado a mi etapa como secretaria de dirección.

Yo fui secretaria. Terminé Magisterio y dije: “Me voy a dar un año sabático”. ¡Pues mojón pa mí! Llevaba dos meses de haber terminado la universidad y me salió trabajar en un colegio privado. Ahí trabajé unos meses, sustituyendo a un profesor.

Cuando terminé, me surgió la oportunidad de trabajar como secretaria de dirección y ya me puse a estudiar Administración y Dirección de Empresas. También me metí en la Escuela Oficial de Idiomas para darle caña al inglés.

Y estando en esas, yo seguía haciendo mis canciones. Cantaba en orquestas por Cádiz y me surgió la oportunidad de hacer una maqueta.

Tuvimos la posibilidad de firmar con Vale y con Universal. Decidí por Vale y, en fin, a partir de ahí empezó mi experiencia.

Pero es verdad que cuando empecé a estudiar Administración y Dirección de Empresas no era con miras a la música. Era con miras a la empresa donde yo trabajaba en ese momento, que era Astilleros, una empresa de reparación de barcos en Cádiz.

Entonces, mira, hubiera estado bien terminar la carrera y así me hubiera pillado aprendida. Pero lo tuve que dejar todo para empezar ya con mi primer disco.

O sea, que era más un plan B en caso de que lo otro no saliera.

Claro. Yo me llevé cuatro años trabajando como secretaria de dirección, me hicieron fija, tenía un buen puesto y era muy feliz. Me gustaba mucho lo que hacía.

Pero yo seguía intentando lo de la música, que me molaba mucho más.

Y cuando ya me llegó la oportunidad, lo dejé todo.

No era mi plan B, era mi plan A. Realmente esto era una utopía. Más que un sueño, era una utopía.

Yo era muy pequeña. Desde los veinte tuve la suerte de trabajar, vivía muy bien y estaba muy bien. Pero mi sueño era ganarme la vida con mis canciones.

Y cuando llegó la oportunidad, me aferré a ello. Y aquí estamos, veinticinco años después.

Vivimos un momento donde el éxito parece medirse más en viralidad que en trayectoria. ¿Eso te preocupa?

En la canción digo también: “Paso del algoritmo”. Porque, aparte, no lo entiendo. Todavía no le he pillado el punto.

Pero, por ejemplo, “Labios de rojo” llevaba uno o dos días en la calle y ya había no sé cuántos miles de vídeos en TikTok hechos.

Al final, la viralidad, si llega, te llega la busques o no.

Yo no he nacido con las redes sociales. No es algo orgánico que yo me levante y ya esté ahí. Es algo que, por fuerza, tienes que hacer porque se ha convertido en una herramienta de trabajo.

Y además tienes un contacto directo con la gente que sigue tu música, y eso es maravilloso. Pero también es hacerte esclava de otra cosa más.

Entonces yo paso del algoritmo.

Y de vez en cuando te sorprende, como me ha pasado con “Labios de rojo”, que se hizo superviral el primer trocito que se subió.

Si suceden cosas así, maravilloso y bienvenido sea. Pero tampoco me vuelvo loca.

Ni antes me volvía loca por vender discos físicos o por los Discos de Oro o de Platino. Tiene que funcionar mínimamente, porque si no significa que al público no le ha gustado tu propuesta.

Pero tampoco me han vuelto loca los números nunca. Y ahora los de las redes tampoco.

Pero bueno, cuando ocurren, muchas gracias y bienvenidos sean.

¿Qué consejo le darías hoy a la Merche que empezaba en 2001?

Estaba trabajando como secretaria y me dijeron: “Vente a Madrid y canturrea en una tele.” Y dije: “Venga, dale.”

Y fue Eurocanción. No me enteré hasta que vine.

Luego me volví a Cádiz y seguí trabajando como secretaria de dirección hasta que, unos meses después, grabé mi primer disco.

¿Qué consejo le daría? Ve más despacito.

Yo he disfrutado muchísimo y sigo disfrutándolo, pero déjate más tiempo para ti.

Mejor que ve más despacito: déjate un poquito más de tiempo para ti. No todo el tiempo del mundo tienes que dedicarlo a esto.

Recuerdo muchas veces —y siempre me ha hecho gracia, aunque ahora me da hasta ternura— que yo hacía una barbacoa en casa, estaba metida en el estudio componiendo, y mis amigos me decían: “¿Qué, cómo vas? Tú sigue componiendo, que nosotros te cuidamos la piscina”.

Yo me reía, pero si realmente te pones a pensarlo es como: “Madre mía, ni en esos momentos que estaba en casa los he disfrutado al cien por cien”.

Está muy bien trabajar y disfrutar con tu profesión, pero, Merchita, déjate tiempo también para relajarte, para ir al cumpleaños de un amigote o para emborracharte en la discoteca.

Porque además a mí me gusta hacerlo todo yo, y aquello es eterno. Entonces te pierdes cosas.

Así que a partir de ahora, con “Labios de rojo”, ya está escrito. Ahora tengo que poner en práctica ese vivir con más calma y ese disfrutar de las cosas que me he perdido.

TAGS DE ESTA NOTICIA