No es cuestión de la edad o del posparto: la vejiga hiperactiva es un problema real que limita a miles de personas. Esta condición clínica a menudo no se coparte, pero hoy en día ofrece muchas vías de tratamiento. Algunas, incluso, pasan por ejercicios caseros al alcance de todos y todas.
Conoce, a continuación, qué es exactamente este problema y cómo puede tratarse.
¿Es incontinencia de esfuerzo o vejiga hiperactiva?

Muchas personas pueden confundir la vejiga hiperactiva con la incontinencia urinaria de esfuerzo, aunque son fisiológicamente distintas.
En la incontinencia, suele existir una fuerte presión física. Esta produce una pérdida de orina con movimientos bruscos para el cuerpo, como el estornudo, la risa incontrolable o el levantamiento de peso.
Además, viene causada por una debilidad en los mecanismos de cierre de la uretra y el soporte del suelo pélvico.
En cambio, la vejiga hiperactiva suele estar definida por la urgencia. El músculo detrusor del órgano se contrae involuntariamente, incluso cuando la vejiga no está llena. La necesidad de ir al baño se vive con un sentimiento urgente.
Curiosamente, es posible sufrir los dos problemas simultáneamente. Los especialistas lo denominan incontinencia mixta, si bien suele predominar una de las dos. Lo ideal, en estos casos, es identificar la dominante para seguir un tratamiento adecaduado.
Ejercicios y tratamientos clave

Los ejercicios de Kegel son unos grandes aliados contra este padecimiento. Con ellos, se pueden fortalecer los músculos del suelo pélvico, pudiendo mejorar la capacidad de inhibir las constantes contracciones del detrusor.
De acuerdo con la Urology Care Foundation, para poder llevarlos a cabo con éxito, se deben localizar los músculos adecuados (los que sostienen la vejiga y la uretra). Entonces, se deben contraer durante uno segundos, y luego relajarlos otros pocos segundos (de 3 a 5).
Este ejercicio se puede hacer en diez repeticiones, hasta en tres ocasiones al día, según la fundación. Insisten en que es importante contraer sólo los músculos correctos, porque involucrar el abdomen o los glúteos quita carga de trabajo al suelo pélvico.
Otro tratamiento es la reeducación vesical, centrado en modificar la conducta de la comunicación entre cerebro y vejiga. Para ello, se debe identificar los patrones de micción (cuánto se bebe y cuánto se va al aseo).
También se deben programar intervalos horarios para ir al baño, incluso cuando no hay ganas, para “reprogramar” el cuerpo. Poco a poco, se pueden ir incrementando estas franjar horarias, con el fin de hacer los intervalos mucho más amplios.
La fundación norteamericana asegura que esta técnica puede llegar a eliminar la respuesta de pánico ante la urgencia, contrarrestando la sensibilidad de la vejiga hiperactiva.
La acción de la fisioterapia
A menudo, estos ejercicios no bastan. Es entonces cuando es recomendable acudir a un fisioterapeuta especializado.
Este experto puede ofrecer diferentes soluciones avanzadas al problema, como técnicas de terapia manual, la electroestimulación con corrientes suaves, e incluso sensores con actividad en tiempo real para entender el funcionamiento de los músculos.
De este modo, los especialistas pueden llegar a solucionar la hiperactividad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Si los fármacos no te parecen una buena idea, la solución podría estar en manos expertas y sus herramientas.
Lo más importante es conocer un diagnóstico médico de la situación. Después, probar con los ejercicios de autocuidado y, si fuera necesario, acudir a un profesional para conseguir recuperarse del problema.
No debe tomarse a la ligera una situación que resta tanta autonomía personal.
