Incluso hoy en día, la mujer sigue sosteniendo los pilares del cuidado en la mayoría de situaciones. Este acto de entrega continua, más allá de las necesidades familiares, puede terminar provocando un fenómeno conocido como la fatiga por compasión.
No es simplemente cansancio acumulado. Esta situación puede terminar generando un desgaste emocional profundo, y acabar con el propio bienestar, al entregarse por completo al sufrimiento ajeno continuamente. Puedes conocer más sobre esto a continuación.
Fatiga por compasión: qué es y qué síntomas tiene

La fatiga por compasión es definida por la doctora Melissa Santamaría como un estado de “agotamiento físico, emocional y mental que surge al empatizar profundamente con el dolor de los demás“.
En general, las mujeres suelen asumir la mayor carga de cuidados en el ámbito sanitario profesional como en el doméstico. Por lo que, estadísticamente, son las que más sufren esta sensación de irritabilidad, cansancio emocional y falta de plenitud en las actividad previamente gratificantes.
Junto a estos síntomas emocionales, también están los físicos, como las cefaleas, las alteraciones del sueño, la fatiga crónica… Son una respuesta biológica y psicológica, no una falta de voluntad. Y saber identificarla es crucial para tratarla antes de que vaya a peor.
Si te identificas con alguno de estos síntomas, lo mejor es consultar a un profesional de la salud que pueda evaluar tu caso y ofrecerte el tratamiento más adecuado. Tu salud física y mental no debe ponerse en riesgo, ni es una acción egoísta pensar en tus límites.
Cerebro y sistema digestivo, más vinculados de lo que parece

El estrés causado por la fatiga por compasión puede terminar afectando a la salud metabólica y digestiva, según indican los expertos. En cuestión de la regulación del estado de ánimo, el cerebro y el intestino juegan un papel clave.
Lo ideal en estos periodos de cuidados, es consumir una cantidad adecuada de fibra. Esta regula el tránsito intestinal e impulsa la microbiota, la cual produce neurotransmisores como la serotonina, vitales para la gestión de la ansiedad y del estrés.
Este carbohidrato puede obtenerse a través de cereales integrales, vegetales verdes y legumbres, principalmente.
En esa línea, otro gran aliado neuroquímico es el Inositol o vitamina B8, aunque es un tipo de azúcar que produce el cuerpo humano.
Diversos estudios han demostrado que este interviene en la modulación de los “mensajeros químicos” de nuestro cerebro, así como en los receptores de insulina. De este modo, puede conseguir favorecer el equilibrio metabólico y la calma mental. En momentos exigentes, puede ser un suplemento idóneo, aunque lo ideal es que un experto recomiende la dosis adecuada a cada caso.
Definitivamente, el sacrificio de la salud de la mujer nunca debería llegar a verse comprometido en temporadas de cuidados a otros. En momentos de máximo estrés, el autocuidado debe ser aún más importante que de normal. Por el bien de una misma, y por poder cuidar de la persona que lo necesita en la mejor de las capacidades.
