South Pars, el tesoro que comparten Irán y Qatar: así es el gran yacimiento de gas atacado por Israel

El ataque sobre South Pars eleva la tensión en el Golfo y pone el foco sobre la gran reserva de gas que comparten Irán y Qatar

South Pars - Internacional
Una fotografía panorámica del yacimiento gasístico.
EFE

El ataque contra South Pars ha empujado la guerra entre Irán e Israel hacia un terreno mucho más peligroso que el estrictamente militar. Ya no se trata solo de misiles, represalias o pulsos diplomáticos: el conflicto ha alcanzado uno de los grandes nervios energéticos del planeta.

La ofensiva sobre la parte iraní de este gigantesco yacimiento gasístico ha encendido las alarmas en los mercados, ha elevado el temor a nuevas disrupciones en el suministro y ha vuelto a recordar hasta qué punto Oriente Medio sigue siendo una pieza central del equilibrio económico global.

Lo que hace especialmente delicado el caso es que no se trata de un campo cualquiera. Bajo las aguas del Golfo Pérsico se extiende una misma formación geológica que Irán explota bajo el nombre de South Pars y Qatar bajo el de North Field. Son dos denominaciones para un mismo coloso subterráneo, considerado el mayor yacimiento de gas natural del mundo. Su tamaño y su capacidad productiva lo convierten en una infraestructura estratégica no solo para Teherán o Doha, sino para buena parte del mercado energético internacional.

Un mismo yacimiento con dos nombres y dos países

La importancia de South Pars no puede entenderse sin su dimensión compartida. Irán controla la porción situada frente a su costa, mientras Qatar explota la parte conocida como North Field. Esa frontera, sin embargo, es política y marítima, no geológica. En realidad, ambos países se apoyan sobre una misma reserva gigantesca de gas que atraviesa el subsuelo del Golfo y que lleva décadas siendo decisiva para sus economías.

En el caso iraní, South Pars es una pieza esencial de su sistema energético nacional. El ministro de Petróleo iraní aseguró en febrero de 2026 que la producción diaria en el lado iraní había alcanzado un récord de 730 millones de metros cúbicos, una cifra que ilustra el peso del yacimiento para el consumo interno y para la estabilidad del sector gasístico del país.

Por qué South Pars es tan valioso para el mundo

Hablar de este yacimiento de gas es hablar de un activo con repercusión planetaria. Diversas estimaciones sitúan el complejo North Field/South Pars entre las mayores concentraciones de gas conocidas del planeta, hasta el punto de que QatarEnergy ha señalado que North Field alberga alrededor del 10% de las reservas mundiales conocidas de gas. Su relevancia real es todavía mayor si se contempla el sistema completo compartido con Irán.

Por eso el ataque no se ha leído solo en clave bélica. Los mercados reaccionaron de inmediato, con subidas del petróleo y una renovada preocupación por el suministro de gas natural licuado. Reuters informó este 19 de marzo de que el crudo Brent llegó a superar los 112 dólares por barril en medio del temor a una escalada contra instalaciones energéticas de la región. En paralelo, crece la inquietud sobre Qatar, uno de los mayores exportadores de GNL del mundo, cuya infraestructura quedó también bajo presión tras los ataques posteriores sobre Ras Laffan.

El golpe sobre Asaluyeh y el cambio de escala en la guerra

La zona más sensible del lado iraní de South Pars se concentra en torno a Asaluyeh, en la provincia de Bushehr, donde se localizan refinerías y plantas de procesamiento clave para el funcionamiento del yacimiento. Según Reuters, el ataque alcanzó instalaciones de South Pars y Asaluyeh y desencadenó incendios que después fueron contenidos. Aunque las autoridades iraníes aseguraron que la situación quedó bajo control, el simbolismo del golpe fue enorme: la guerra había entrado de lleno en la infraestructura energética.

South Pars
Imagen de archivo de las refinerías de gas natural del yacimiento de South Pars.
EFE

Ese salto explica la dureza de la reacción posterior. Teherán advirtió de que respondería contra instalaciones energéticas del Golfo. Y, poco después, se produjeron ataques iraníes sobre infraestructuras en Qatar y Arabia Saudí. Qatar denunció el bombardeo inicial sobre el campo compartido como un paso “peligroso e irresponsable”, mientras Washington trataba de desmarcarse del ataque y de contener una escalada todavía mayor.

Donald Trump declaró este 19 de marzo que Israel había atacado South Pars sin participación de Estados Unidos ni de Qatar y advirtió a Irán contra nuevas represalias sobre territorio qatarí.

Un yacimiento que resume la fragilidad del Golfo

Lo sucedido con South Pars condensa como pocas cosas la fragilidad del Golfo Pérsico. En esa franja del mundo se cruzan energía, geopolítica, comercio marítimo y rivalidades militares. Cuando un ataque alcanza un campo de esta magnitud, la señal que recibe el mercado no es local, sino global.

El temor no se limita a la producción iraní, sino a un posible efecto dominó sobre Qatar, sobre el gas natural licuado y sobre el tráfico energético de una región de la que depende una parte sustancial del abastecimiento mundial.

Por eso South Pars no es solo un yacimiento dañado en una guerra. Es el símbolo de hasta qué punto un conflicto regional puede golpear el corazón mismo de la economía internacional. Y también la prueba de que, cuando la guerra entra en la energía, deja de afectar únicamente a los países que combaten.

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