Durante siglos, la sangre menstrual estuvo rodeada de mitos, miedo y superstición. “El contacto con el flujo menstrual de una mujer agria el vino nuevo, marchita las cosechas y hace caer los frutos de los árboles”, escribió el naturalista romano Plinio el Viejo en el siglo I d. C. La afirmación aparece en su obra Naturalis Historia, donde también se decía que podía oxidar metales o provocar que los perros enloquecieran.
En épocas posteriores, algunos autores llegaron incluso a relacionarla con desequilibrios mentales o con la idea de una naturaleza femenina irracional. Aunque el estigma persiste en algunas regiones del mundo, la medicina moderna empieza a mirar este fenómeno con otros ojos. Lo que durante siglos se consideró impuro o peligroso podría ser, en realidad, una de las fuentes biológicas más prometedoras para comprender la salud femenina.
Una mina de información médica
Desde la endometriosis y el cáncer de cuello uterino hasta la diabetes, la deficiencia de vitamina D o la exposición a contaminantes ambientales, diversas investigaciones concluyen que la sangre menstrual puede ofrecer una valiosa ventana al estado de salud de las mujeres. Científicos y empresas biotecnológicas analizan su potencial como herramienta diagnóstica, revalorizando este fluido biológico históricamente ignorado por la investigación médica.

Uno de los proyectos pioneros es el de la empresa estadounidense NextGen Jane. En 2023, la compañía pidió a voluntarias que enviaran muestras de su sangre menstrual. Las participantes recolectaron tampones utilizados durante su ciclo y los remitieron al laboratorio de la empresa en Oakland. El objetivo era investigar si este material podía ayudar a detectar enfermedades como la endometriosis de forma más rápida y menos invasiva que los métodos actuales.
La endometriosis es un trastorno crónico en el que el tejido que normalmente recubre el interior del útero crece fuera de él. Se estima que afecta a unos 190 millones de personas en todo el mundo, aproximadamente una décima parte de las mujeres en edad reproductiva. En España, la padecen entre el 10 % y el 15 % de las mujeres en edad fértil, lo que equivale a más de dos millones de personas.
La enfermedad puede provocar menstruaciones muy abundantes, dolor pélvico intenso, molestias urinarias o intestinales e incluso infertilidad. Sin embargo, su diagnóstico suele retrasarse entre cinco y doce años. Esto se debe en parte a que la confirmación requiere normalmente una laparoscopia, un procedimiento quirúrgico que introduce una pequeña cámara en la cavidad pélvica para observar directamente el tejido.
Ante estas dificultades, investigadores y empresas emergentes trabajan en pruebas diagnósticas basadas en la sangre menstrual que podrían ser más rápidas, económicas y menos invasivas que la cirugía. La idea es aprovechar la información biológica presente en el flujo menstrual para identificar señales tempranas de la enfermedad.
De qué está compuesta
Las muestras de orina se utilizan con fines médicos desde hace unos 6.000 años, en la época de las civilizaciones babilónica y sumeria. Los análisis de heces y de sangre venosa se incorporaron después a la práctica clínica. Sin embargo, la sangre menstrual apenas ha recibido atención médica.
Es un fluido particularmente complejo. Aproximadamente la mitad corresponde a sangre convencional, mientras que el resto contiene proteínas, hormonas, bacterias, tejido endometrial y células procedentes de la vagina, el cuello uterino, las trompas de Falopio y los ovarios. Para los investigadores, esto ofrece acceso a tipos celulares y características moleculares que no se obtienen fácilmente con otras muestras biológicas. En la práctica, la sangre menstrual puede funcionar como una especie de biopsia natural del aparato reproductor.
Desde su fundación en 2014, NextGen Jane ha analizado más de 2.000 muestras menstruales utilizando tampones diseñados específicamente para recolectar este material. Los especialistas en biología reproductiva consideran que este fluido podría servir para estudiar múltiples enfermedades uterinas, entre ellas el cáncer endometrial, la adenomiosis y la endometritis. Mientras una biopsia endometrial extrae solo una pequeña porción de tejido, el flujo menstrual contiene todo el endometrio que se desprende durante el ciclo.
Entre los hallazgos preliminares destacan una menor cantidad de células asesinas naturales uterinas -células inmunitarias clave en las primeras etapas del embarazo-, alteraciones en los fibroblastos del estroma responsables de reparar y regenerar el revestimiento uterino, y cambios en la expresión de determinados genes.
Estos resultados podrían conducir al desarrollo de una prueba diagnóstica doméstica no invasiva. Algunos investigadores esperan solicitar la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos alrededor de 2027.
Por otra parte, científicos de NextGen Jane analizan el ARN mensajero presente en la sangre menstrual para identificar biomarcadores capaces de distinguir con precisión la endometriosis en mujeres con infertilidad. En 2025, la empresa recibió 2,2 millones de dólares para validar clínicamente esta prueba.
También en España existen iniciativas similares. Un equipo de investigadores dirigido por la compañía endogene.bio ha desarrollado un método para detectar la endometriosis en la sangre menstrual. Según su directora, María Teresa Pérez Zaballos, acceder a las señales moleculares de células clave en este fluido permite revelar información sobre la actividad de la enfermedad que antes solo podía obtenerse mediante cirugía. No es la única. El Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca, vinculado al Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, lidera un proyecto destinado a detectar trastornos hemorrágicos hereditarios mediante el análisis del sangrado menstrual.
Más que salud reproductiva
El potencial diagnóstico de la sangre menstrual no se limita al aparato reproductor. Investigaciones preliminares sugieren que podría aportar información sobre procesos de envejecimiento hormonal asociados a la disminución del estrógeno, enfermedades autoinmunes como el hipotiroidismo o el hipertiroidismo, y trastornos inflamatorios como la artritis reumatoide, el lupus o la esclerosis múltiple.

La empresa estadounidense Qvin también ha demostrado que los niveles de glucosa medidos en sangre menstrual reflejan con fiabilidad los niveles del organismo. Sus investigaciones condujeron a la aprobación en 2024 de la compresa sanitaria Q-Pad, diseñada para medir la glucemia mediante muestras menstruales. Además, estudios realizados en Tailandia en 2022 mostraron que estas muestras podrían detectar cepas de alto riesgo del virus del papiloma humano con mayor eficacia que algunas citologías tradicionales.
También se ha observado una correlación de los niveles de vitaminas A y D en la sangre menstrual con los del resto del organismo. Asimismo, el flujo menstrual puede contener rastros de contaminantes ambientales como fenoles, parabenos o ftalatos, lo que abre la puerta a utilizar estas muestras para estudiar exposiciones ambientales.
Obstáculos científicos y culturales
A pesar de estos avances, gran parte de la sangre menstrual sigue siendo un misterio para la ciencia. Todavía no se conocen todos los componentes presentes en este fluido ni cómo cambian a lo largo del ciclo menstrual. El retraso en la investigación se explica en parte por el estigma cultural que durante siglos ha rodeado a la menstruación. A ello se suma el histórico sesgo hacia los hombres en la investigación médica y la escasa financiación destinada a la salud femenina.
Además, la sangre menstrual presenta desafíos metodológicos: su flujo, viscosidad y composición pueden variar considerablemente entre personas, lo que obliga a desarrollar protocolos específicos para recolectar, conservar y analizar las muestras.
Aun así, el interés científico y financiero en este campo está creciendo con rapidez. En 2025, el Instituto Tecnológico de Massachusetts lanzó una iniciativa de 10 millones de dólares para estudiar cómo los ciclos menstruales influyen en el sistema inmunológico. Y están surgiendo biobancos de sangre menstrual en distintos países para facilitar el acceso de los investigadores a este tipo de muestras. Si las investigaciones actuales logran sus objetivos, la sangre menstrual, históricamente rodeada de tabú, abrirá una nueva etapa en la medicina.
