Inversión

La gran prueba del ahorro conservador ante la amenaza de más tipos y más inflación

Más que batir a la inflación, se trata de limitar el daño con letras, monetarios y menos prisa por el largo plazo

Durante meses, las letras, fondos monetarios y depósitos han ofrecido una combinación poco habitual de seguridad y rentabilidad razonable. Ahora ese equilibrio empieza a torcerse. El repunte del petróleo y del gas devuelve presión a la inflación, el mercado vuelve a poner en precio posibles subidas de tipos del Banco Central Europeo y la renta fija deja de comportarse como refugio claro de otras crisis. El resultado es un ahorrador prudente que vuelve a cobrar algo más por su dinero, pero con menos visibilidad, más riesgo de precio y muchas más dudas sobre cómo batir la inflación.

Ese giro ya se ha colado en el mensaje del BCE. La institución mantiene el precio del dinero en el 2%, pero ha elevado su previsión de inflación para 2026 al 2,6% y ha recortado la de crecimiento al 0,9%. En su comunicado admite que “la guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas”. Christine Lagarde fue incluso más explícita al asegurar que “haremos todo lo necesario para mantener la inflación bajo control y garantizar que los europeos, no sufran aumentos inflacionistas como los que vimos en 2022 y 2023”.

Por todo ello, el mercado ya no descuenta un año plano en política monetaria. En las últimas semanas ha empezado a poner en precio la posibilidad de que el BCE tenga que subir los tipos hasta en dos ocasiones este mismo año si la presión energética termina contaminando la inflación. Ese giro ya se ve en el euríbor a doce meses, que cotiza en el entorno del 2,52%, y en una media provisional del mes por encima del 2,40%. El problema para el ahorrador empieza justo aquí.

Porque esta vez refugiarse en renta fija tampoco está siendo una solución automática. Cuando el mercado exige más rentabilidad para comprar deuda nueva, los bonos antiguos pierden valor. Y cuando esos bonos ya están dentro de un fondo, el ajuste termina reflejándose en la cartera del inversor. La renta fija puede ofrecer más a futuro, sí, pero mientras tanto hace daño en precio.

Inflación alimentaria, índice de precios al consumidor del IPC.
Shutterstock

En España, ese movimiento ya se ve con claridad en el tramo corto. Las letras del Tesoro a tres meses han pasado de ofrecer una rentabilidad del 1,89% a finales de febrero al 2,06% actual. Las de doce meses han repuntado del 2,018% al 2,121% en las últimas subastas. También el papel a seis meses ha subido del 1,973% al 2,059% y el de nueve meses del 2,015% al 2,164%. No es un ajuste aislado. Es la prueba de que el dinero a corto plazo ya está recogiendo el nuevo precio del riesgo.

Monetarios, letras y depósitos

Ahí empieza a verse por dónde se está moviendo el ahorro más prudente. Mar Barrero, directora de análisis de Arquia Banca Privada, señala que “la renta fija directa está siendo la primera en recoger el aumento del rendimiento exigido por el mercado desde el inicio del conflicto”. Y añade una segunda idea que empieza a marcar diferencias dentro del propio universo conservador. “Esa subida registrada por el rendimiento de los activos de renta fija se reflejará antes en los fondos monetarios que en los de renta fija a corto plazo”.

La consecuencia ya es visible. Los monetarios trabajan con vencimientos muy cortos y pueden renovar antes sus carteras. Las letras también recogen rápido el nuevo nivel de rentabilidad. Los depósitos, en cambio, dependen de que la banca quiera trasladar esa mejora al cliente. La parte más larga de la renta fija queda en peor posición, porque cuando el mercado exige más rentabilidad, los bonos ya emitidos ajustan su precio a la baja, y cuanto mayor es el plazo, mayor suele ser ese castigo.

Pero ahí no termina el problema. Porque una cosa es que algunos productos conservadores empiecen a pagar más y otra muy distinta que eso baste para proteger el poder adquisitivo. Barrero advierte de que “es complicado que, a corto plazo, los productos de perfil más conservador mejoren tanto su rendimiento para que en términos reales éste se pueda considerar atractivo”.

Corto plazo sí, rentabilidad larga todavía no

Ese es el punto realmente útil para el ahorrador. Los expertos no están diciendo que ya exista una fórmula clara para batir la inflación dentro del universo conservador. Lo que sugieren es limitar su impacto.

El ahorro, el gran quebradero de cabeza actual
KiloyCuarto

Y para eso la pauta que se dibuja ahora es bastante nítida. La primera es priorizar los plazos cortos. Barrero admite que, con la volatilidad actual, sigue siendo más atractivo centrarse ahí que en la deuda o los fondos con vencimientos largos.

Nacho Zarza, de Auriga bonos, va en la misma línea. En un escenario en el que el mercado empiece a descontar subidas de tipos, los activos que antes recogen esa mejora son los vencimientos más cortos. Primero los monetarios, después las letras y más tarde la renta fija a corto plazo.

La segunda idea es evitar fijar rentabilidad demasiado pronto. Barrero considera que todavía es pronto para comprar deuda o fondos con vencimientos a largo plazo. Zarza, por su parte, advierte de que fijar rentabilidades largas en los niveles actuales podría penalizar al ahorrador conservador si el mercado sigue exigiendo más retorno en las próximas semanas.

La tercera es no esperar demasiado de los depósitos en esta fase. Barrero no prevé que las entidades mejoren la remuneración antes de que los bancos centrales muevan ficha, salvo en ofertas puntuales que ya resulten competitivas. Eso deja a los depósitos en una posición más retrasada frente a letras y monetarios, que recogen antes el ajuste.

Y la cuarta, quizá la más importante, es asumir que batir la inflación no está garantizado ni siquiera haciéndolo bien. En el mejor de los casos, lo que hoy parece más defendible no es una receta para ganar claramente en términos reales, sino una forma de perder menos poder adquisitivo mientras el mercado sigue recalculando el efecto de la energía sobre los precios y sobre los tipos.

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