La lupa de la Directora

Sánchez-Illa-Montero y el “superdomingo” frustrado del “No a la guerra”

Los estrategas del presidente barajaron hacer coincidir las elecciones generales y las catalanas con las andaluzas aprovechando el tirón del presidente por su enfrentamiento a Trump. Castilla y León y los sondeos desaconsejaron la triple urna

Este pasado miércoles, el equipo del presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, informaba en un escueto WhatsApp de que éste realizaría una declaración institucional en El Palau a las 9:15 horas. El primer pensamiento de algunos analistas contempló un adelanto electoral producto de la incapacidad de sacar adelante los Presupuestos.

Por unos segundos pareció que Illa agrandaría su fama de gobernante sensato, pero no fue así. El siguiente mensaje que llegaba del entorno del presidente catalán era que retiraba los Presupuestos para ganar tiempo en la negociación con ERC.

Los más sorprendidos fueron los empresarios con los que Illa venía reuniéndose en las últimas semanas para trasladar que sin Cuentas se vería forzado a convocar a los catalanes a las urnas.

¿Qué había cambiado? La respuesta está, una vez más, en el ciclo electoral. La lectura extendida, y totalmente acertada, es que Moncloa aconsejó a Illa retirar sus Presupuestos, dado que no podría aceptar la exigencia de ERC de recaudar el IRPF sin terminar de enterrar la candidatura de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, a las andaluzas.

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en el Senado. EFE/ Daniel Gonzalez

La maniobra es parte de una operación más compleja que empezó a fraguarse cuando, también en una comparecencia institucional, Pedro Sánchez se dirigió a los españoles para resumir su postura ante el ataque de Donald Trump a Irán en un: “No a la guerra”.

El efecto mariposa

En medio de dos descalabros electorales en Extremadura y Aragón y con la acción de gobierno estancada por la falta de mayorías en el Congreso los estrategas de Moncloa encontraron una bandera que izar. Se buscó el “efecto mariposa”.

Sánchez se erigió en la némesis de Trump con vocación de líder mundial. A la par que el relato se fue haciendo los números. Las encuestas de los fontaneros del presidente dibujaban que con un Vox al alza y un PP sufriendo había partido para que los socialistas llegasen a ser primera fuerza. Había que comerse la izquierda a la izquierda del PSOE.

En paralelo se empezó a buscar la llamada “ventana de oportunidad” para medir si al presidente -siempre reacio- le convenía un “superdomingo” en el que hacer coincidir con las andaluzas de finales de mayo o principios de junio las generales y las catalanas.

Los que impulsaban la baza de las tres urnas explican que tanto los cargos como los votantes se movilizarían más en este escenario y que ayudaría a mitigar la descontada derrota en Andalucía.

La ira de Puigdemont

Ciertamente el sector crítico del PSOE siempre ha pedido a su líder que celebre las elecciones generales antes que las municipales y autonómicas para evitar que el castigo a la acción de gobierno recaiga en alcaldes y barones.

La candidata/ministra Montero veía con buenos ojos enmascarar su derrota de la mano de Sánchez. A fin de cuentas, ella está allí, a veces a su pesar, porque él lo quiso dentro de su plan para garantizarse el control de los territorios.

En el caso de Illa también se buscaba un efecto arrastre. Los sondeos le dan ganador, pero con dos o tres diputados menos. La fuerza con la que irrumpe el partido ultra Aliança Catalana dificulta futuras alianzas con un Junts que se desploma y un ERC a la baja.

La posibilidad de que las catalanas se celebrasen en unos pocos meses junto a las generales y las andaluzas desató un ataque de ira en Carles Puigdemont. El prófugo sigue esperando la amnistía en Waterloo y asume que su liderazgo está acabado. Un adelanto electoral tanto a nivel nacional como autonómico choca de lleno con sus intereses y los de su partido.

Carles Puigdemont y Pedro Sánchez.
KiloyCuarto

En estos cálculos estaban en La Moncloa a la espera de Castilla y León. La noche electoral fue menos amarga que las anteriores. El partido subió, pero no cosechó el resultado esperado por los gurús del “No a la guerra”, que alimentaron la expectativa de que se podía llegar a empatar con el PP. Los populares incluso sacaron a José María Aznar de la campaña para no dar más armas al enemigo.

Los límites del ‘No a la guerra’

El pacifismo arrastró voto. Los socialistas se comieron todo lo que quedaba a su izquierda y en las filas del PSOE se agitó el domingo a tres urnas. La noche del 15M hasta Génova temió que Sánchez adelantase las generales con el primer aliento de recuperación de su partido.

No iba a ocurrir. Los estrategas de Moncloa cerraron la “ventana de oportunidad” de las andaluzas. Ni Sánchez ni Illa adelantarían. Los números no dan. El “No a la guerra” moviliza, pero no suficiente para garantizar que el presidente retenga el poder. Además, el PP ha empezado a dejar de ceder voto a Vox en los trackings tras la victoria en Castilla y León.

Sánchez sigue necesitando una muleta que ahora no tiene. La crisis con los ministros de Sumar dimensionó el problema de una izquierda rota que se debate entre desangrase atada al poder o irse a la oposición. Por el momento, gana la corriente que apuesta por mantenerse en la bancada azul.

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