La casualidad es la combinación imprevista de circunstancias sin causa aparente, azar o suerte. En Castilla y León se vota un 15-M, fecha que evoca aquel 15 de mayo en el que los indignados salieron a la calle para enmendar a los políticos incapaces de dar soluciones a la crisis económica de 2008.
Aquel movimiento- que se alzó contra el desempleo, la corrupción política, el poder de los bancos y la falta de representación democrática- supuso el fin del bipartidismo y el principio de Podemos. Tres años más tarde, Pablo Iglesias emergería como líder de una izquierda radical capaz de catalizar los ideales de aquel movimiento ciudadano.
Este 15-M la disputa está en el otro lado del tablero político. Aquí lo que se juega es el futuro de la derecha en nuestro país. El PP vuelve a medir sus fuerzas con Vox y en está ocasión lo hace en una comunidad donde gobierna desde 1987.
El crecimiento de Vox
A falta del dictamen de las urnas, la única certeza es que PP y Vox, según reflejan todas las encuestas publicadas, sumarán una amplia mayoría para gobernar. La incógnita es, una vez más, cuánto crecerán los de Santiago Abascal (en las elecciones de 2022 lograron el 17 por ciento de los sufragios).
Los trackings de última hora auguran que el partido de ultraderecha volverá a romper su propio techo como lo hizo en Extremadura y Aragón. Los sondeos más conservadores les sitúan en un 20 por ciento de los votos, pero hay empresas demoscópicas que les colocan en un 24 por ciento.
Este crecimiento de más de tres puntos en la horquilla más pequeña dejaría al candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, en un 29% de los sufragios a un punto del PSOE. Moncloa ha alimentado en las últimas horas la idea de que un sorpasso a los populares es posible, aunque desde Génova se insiste en que el “No a la guerra” de Pedro Sánchez no ha movilizado ni un solo voto al menos hasta antes de la apertura de los colegios.

Para los socialistas quedar a un punto del PP supondría una victoria, dados los antecedentes de Miguel Ángel Gallardo y Pilar Alegría. El número uno del PSOE en este caso suma a las siglas y no resta. Carlos Martínez, alcalde de Soria, no está contaminado por Sánchez, aunque los hombres del presidente harán suyos los resultados si son medio buenos.
El partido protesta
En el caso de Alberto Núñez Feijóo, si los votos no lo remedian, volverá a tener una noche electoral agridulce. Si la peor de las encuestas que da a Vox entorno al 24% de los votos se hace realidad, el líder gallego se verá obligado a replantearse toda su estrategia para frenar a Abascal.
El crecimiento sostenido de Vox en las últimas citas electorales a costa del PP y también del PSOE le confirma como el partido protesta que en su día fue Podemos. Los indignados de hoy votan a la derecha radical. El partido morado jamás tuvo la fuerza territorial que está demostrando la ultraderecha.
Feijóo, como en su día le pasó a Sánchez con Iglesias, no encuentra la fórmula para contener el envite de Abascal. Al presidente del Gobierno le costó noches de insomnio asumir que debería compartir bancada azul con Podemos. Aún le persigue aquella frase suya de “no podría dormir tranquilo con Podemos en el Gobierno”.
El primer paso de Sánchez fue asumir que el discurso pasaba por mostrarse próximo a sus votantes, aunque no a sus dirigentes. Lo hizo de la mano de Iván Redondo. A Feijóo le falta su gurú. El Arriola de Rajoy. Está rodeado de un buen equipo de fieles, pero el pulso con Abascal requiere de un plan.
Una cadena de golpes
Las elecciones de Castilla y León serán las terceras en las que Vox hará un alarde de fuerza frente al PP. Génova concibió el carrusel electoral como una cadena de golpes para noquear a Sánchez despreciando a Abascal.
Los barones del PP son ahora los que tendrán que gestionar las consecuencias. Juanma Moreno espera ser la excepción. Levantar un muro en Andalucía frente a la ultraderecha.
Si Abascal ve de nuevo disparado el resultado de Vox este domingo Feijóo estará más debilitado que hace un año pese a que sigue siendo el único candidato con posibilidades de ser presidente del Gobierno, según todos los sondeos.
Para Maquiavelo la casualidad- la suerte- en política gobierna la mitad de las acciones. Sin embargo, el otro cincuenta por ciento depende de la virtud del líder. Un político eficaz puede anticiparse y adaptarse a las circunstancias actuando como dique ante un río embravecido. De Feijóo depende que este 15-M no sea para Abascal lo que fue el de 2011 para Iglesias.
