El PP logró este domingo en Castilla y León su tercera victoria autonómica consecutiva en apenas tres meses con un sabor distinto a las obtenidas recientemente en Extremadura el pasado 21 de diciembre y en Aragón el pasado 8 de febrero. Porque tan importante fue para el PP el triunfo basado en el crecimiento de la candidatura liderada por Alfonso Fernández Mañueco —que obtuvo más votos y más escaños respecto a los comicios de 2022— como el hecho de contener a Vox, que halló un techo más bajo del que esperaba.
La victoria del PP se cimentó sobre 433.000 votos (el 35,4% del total) y la hegemonía en siete de las nueve provincias de Castilla y León, comunidad que gobierna de manera ininterrumpida desde 1987, cuando José María Aznar logró el primer triunfo de los diez que acumula desde entonces.
La candidatura de Mañueco consiguió 33 procuradores (+2 respecto a 2002) y, por tanto, necesitará algún tipo de acuerdo con Vox (14 procuradores, +1) para superar la mayoría absoluta de las Cortes de Castilla y León (42). Vox, por tanto, seguirá condicionando la gobernabilidad en la comunidad a pesar de que vio frustrada su expectativa de romper la barrera del 20% de los votos (se quedó con el 18,9%).
Elecciones Castilla y LeónNº de Diputados
escrutado
42 escaños
Por primera vez en tres meses, por tanto, el PP puede hacer una lectura de las elecciones distinta a que Vox está devorando su espacio, una circunstancia que provoca verdaderos quebraderos de cabeza a su líder nacional, Alberto Núñez Feijóo, quien querrá capitalizar la victoria después de haber recorrido Castilla y León “de punta a cabo” estas últimas semanas, tal y como describió Mañueco.
El PSOE levanta la cabeza
En contraste también con lo ocurrido en Extremadura y en Aragón, el PSOE sale con la cabeza erguida de estas elecciones de la mano de su candidato y alcalde de Soria desde 2007, Carlos Martínez Mínguez, quien logró rentabilizar el ‘No a la guerra’ (lo volvió a proclamar tras cerrarse el escrutinio) que abandera el Gobierno desde que Donald Trump inició los bombardeos sobre Irán.
El PSOE no solo evitó debacles como las de Extremadura y Aragón, sino que consiguió mejorar sus resultados respecto a 2002. Los socialistas consiguieron 30 escaños (+2) y el 30,75% del voto y lo hicieron arrasando el espacio a su izquierda. Desapareció Podemos del mapa autonómico de Castilla y León y tampoco hubo opciones para el combo de Sumar e Izquierda Unida, que concluyó que se produjo “una acumulación de voto útil en el PSOE por el miedo a la extrema derecha”.
A la vista de lo ocurrido, Gabriel Rufián (ERC) se apresuró a coger el móvil para tuitear: “Cero escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo (o hacer lo de siempre) es pura negligencia”.
Próxima parada: Andalucía
Tres partidos provinciales de Castilla y León lograron mantener la representación: Unión del Pueblo Leonés (3), Soria Ya (1) y Por Ávila (1). Pero sus procuradores no serán significativos a la hora de condicionar mayorías en las Cortes castellanoleonesas.
El resultado de estas elecciones deja pistas muy claras de cara a la siguiente cita electoral en Andalucía: el PSOE revive con el ‘No a la guerra’ y Vox frena su auge al convertirse en palmero de Donald Trump en plena guerra en Oriente Próximo; el bipartidismo recupera posiciones y la gestión también gana enteros (¿Vox aflojará, por tanto, sus negociaciones en Extremadura y Aragón?); y el espacio a la izquierda del PSOE se debilita.
