Tras la muerte de su padre, Ali Larijani, uno de los hombres más influyentes del sistema político iraní, Fatemeh Ardeshir Larijani ha cobrado relevancia en medios internacionales. Regresó a Irán recientemente para asistir a los actos funerarios, lo que ha llamado la atención debido a su trayectoria, que no se ha desarrollado en los pasillos del poder en Teherán, sino en las universidades de Estados Unidos.
Fatemeh Ardeshir Larijani es médica especializada en oncología. Se formó y ejerció en Estados Unidos, donde ocupó cargos en centros como University Hospitals Cleveland y el Winship Cancer Institute de la Universidad de Emory, en Atlanta. En este último también fue profesora asistente en la facultad de medicina. Su carrera, centrada en el ámbito sanitario, se ha mantenido en gran medida alejada de la exposición mediática, a diferencia de otros miembros de su familia.
En 2021, durante la Administración de Joe Biden, obtuvo una “green card”, lo que le permitió residir y trabajar legalmente en el país. Sin embargo, su presencia en Estados Unidos no ha estado exenta de polémica. A comienzos de este año, la Universidad de Emory anunció el fin de su relación laboral tras una campaña online que pedía su deportación. En una carta oficial, la institución comunicó: “La médica que es hija de un alto funcionario del gobierno iraní ya no es empleada de Emory”.
This is Ali Larijani’s daughter. She just got back to Iran from the U.S., where she used to impart her “wisdom” to American students at Emory University, Georgia. pic.twitter.com/huVDfnuQJL
— Hamidreza (@justchangingun) March 19, 2026
Hijos de las élites en Occidente
Las críticas hacia su figura no se limitan al ámbito académico. Activistas y opositores al régimen iraní han señalado lo que consideran una contradicción entre el discurso oficial del sistema político iraní y las decisiones personales de sus dirigentes.

Las redes llevan días preguntándose qué hace la hija de Larijani en EE UU, pero su caso no es único, sino que se encuentra dentro de un fenómenos muy extendido entre los llamados aghazadehs -término utilizado en Irán para referirse a los hijos de las élites políticas-. Según distintos informes y testimonios de expertos, miles de familiares de altos cargos del régimen residen en países occidentales. Se estima que entre 4.000 y 5.000 de estos parientes viven en Estados Unidos, con presencia también en Canadá, Reino Unido y Australia. Muchos de ellos ocupan posiciones en universidades prestigiosas o en sectores profesionales cualificados.
Algunos ejemplos evidencian la amplitud de este fenómeno. Leila Jatami, hija del expresidente Mohammad Jatami, ha ejercido como profesora de matemáticas en Union College, en Nueva York. Eissa Hashemi, hijo de la exvicepresidenta Masoumeh Ebtekar, es profesor en el Chicago School of Professional Psychology en Los Ángeles.
También está Zeinab Hajjarian, hija de uno de los cofundadores del Ministerio de Inteligencia iraní, que trabaja como profesora en la Universidad de Massachusetts, o Zahra Mohaghegh Damad, sobrina de Ali Larijani, vinculada a la Universidad de Illinois Urbana-Champaign en el ámbito de la ingeniería nuclear.
A ellos se suma Ehsan Nobakht, profesor de medicina en la Universidad George Washington e hijo de un alto cargo del sistema sanitario iraní.

Patrón estructural
La élite iraní que dice repudiar Occidente tiene a sus descendientes desarrollando sus carreras en ahí mientras sus familias mantienen sus posiciones de poder. Fatemeh Ardeshir Larijani es una profesional formada en el extranjero, con una carrera en medicina. Por otro, su vínculo con una de las familias más poderosas de Irán la sitúa en el centro de una discusión política que va más allá de su trayectoria individual.
Fatemeh Ardeshir Larijani no es, en definitiva, un caso aislado, sino parte de un fenómeno más amplio que refleja las tensiones internas y externas de la República Islámica. Un fenómeno que, lejos de disiparse, continúa alimentando el debate tanto dentro como fuera de Irán.
