La crítica ★★★★☆

Almodóvar vuelve al invierno emocional: así es ‘Amarga Navidad’, la película más íntima de su última etapa

El director reúne a Aitana Sánchez-Gijón, Bárbara Lennie y Milena Smit en un drama ambientado en unas fiestas familiares marcadas por secretos y reproches. Rodada entre Madrid y Canarias, la película profundiza en la fragilidad emocional y en el lugar de las mujeres en el cine reciente de Almodóvar

'Amarga Navidad' es la nueva película de Pedro Almodóvar
'Amarga Navidad' es la nueva película de Pedro Almodóvar
Montaje: kiloycuarto

Pedro Almodóvar no ha querido hablar de regreso, pero Amarga Navidad sí tiene algo de vuelta. No a los colores estridentes ni a la comedia desatada de sus primeros años, sino a un territorio más silencioso, más crepuscular, donde el deseo convive con la pérdida y la familia aparece como un lugar tan necesario como incómodo. La película, rodada entre Madrid y Fuerteventura, llega después de Extraña forma de vida y de La habitación de al lado, y confirma que el director manchego sigue explorando una etapa marcada por el tiempo, la vejez y la fragilidad, temas que atraviesan buena parte de su cine reciente.

Amarga Navidad gira en torno a una reunión familiar durante las fiestas, en la que varias generaciones de mujeres se enfrentan a viejos reproches, secretos y decisiones que nunca llegaron a tomarse. El director vuelve al español con una historia sobre la pérdida y la reconstrucción emocional, protagonizada por Bárbara Lennie y acompañada por un reparto coral en el que figuran Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Milena Smit, Patrick Criado, Quim Gutiérrez, Carmen Machi y Rossy de Palma.

Bárbara Lennie y Milena Smit en un fotograma de 'Amarga Navidad'
Bárbara Lennie y Milena Smit en un fotograma de ‘Amarga Navidad’

La película se sitúa en diciembre y gira en torno a Elsa, una directora de publicidad que pierde a su madre durante las fiestas navideñas y se refugia obsesivamente en el trabajo para evitar el duelo. Cuando una crisis de ansiedad la obliga a parar, decide viajar a Lanzarote con una amiga mientras su pareja permanece en Madrid, en un intento de escapar de sí misma. La historia se entrelaza con la de un cineasta, interpretado por Sbaraglia, en un juego entre vida y ficción que vuelve a colocar al propio Almodóvar cerca del centro del relato.

El proyecto comenzó a rodarse en junio de 2025 y se filmó entre Madrid y Lanzarote, dos escenarios muy distintos que reflejan también el estado emocional de la protagonista. La capital aparece como espacio de presión y rutina, mientras que el paisaje volcánico de Canarias introduce una sensación de distancia y suspensión, un recurso que el director ha utilizado en otras ocasiones para hablar del aislamiento interior. El rodaje concluyó en agosto de ese mismo año, con Pau Esteve Birba en la dirección de fotografía y Alberto Iglesias en la música, dos colaboradores habituales en su cine.

Almodóvar ha definido la película como una de las más personales de su última etapa, una obra en la que vuelve a temas que ya habían aparecido en Dolor y gloria: el paso del tiempo, la memoria y la relación entre la vida real y la creación artística. En entrevistas recientes ha explicado que el filme nace de una necesidad de hablar del duelo y de la depresión sin solemnidad, mezclando momentos dolorosos con situaciones cotidianas e incluso humorísticas, una combinación que ha marcado gran parte de su cine desde los años noventa.

Los actores Quim Gutiérrez y Aitana Sánchez Gijón durante el rodaje de la última película de Pedro Almodóvar ‘Amarga Navidad’
EFE/Revolutionary

El reparto confirma también un rasgo constante en su filmografía: el protagonismo femenino. Aunque la historia no está centrada exclusivamente en mujeres, el personaje de Elsa articula el relato y se rodea de otras figuras femeninas que representan distintas edades y formas de enfrentarse a la pérdida. En los últimos años, el director ha mostrado un interés creciente por personajes femeninos adultos, alejados de la idealización juvenil, y por conflictos que nacen de la experiencia acumulada más que de la sorpresa. La presencia de actrices como Aitana Sánchez-Gijón, Carmen Machi o Rossy de Palma refuerza esa idea de continuidad con su propio universo creativo.

También llama la atención la mezcla generacional del reparto, donde conviven intérpretes habituales en su cine con otros que representan una nueva etapa. Milena Smit y Victoria Luengo, que han trabajado en proyectos recientes del director, forman parte de esa transición hacia un cine menos explosivo y más introspectivo, donde el conflicto no se resuelve en grandes giros argumentales, sino en conversaciones, silencios y decisiones que llegan tarde.

La película llega en un momento en el que Almodóvar ha reconocido sentirse especialmente consciente del paso del tiempo. A sus 75 años, el cineasta ha hablado de la necesidad de seguir rodando como una forma de mantenerse activo frente a un mundo que percibe cada vez más inestable. Ese estado de ánimo se refleja en Amarga Navidad, que combina el relato íntimo con una mirada más amplia sobre la fragilidad de los vínculos y la dificultad de encontrar sentido en momentos de crisis.

Victoria Luengo, Pedro Almodóvar, Patrick Criado y Bárbara Lennie en ‘Amarga Navidad’
Iglesias Mas

El estreno confirma que el director sigue explorando una etapa más contenida, menos barroca y más centrada en los afectos. Sin abandonar su estilo, la película vuelve a insistir en una idea que atraviesa buena parte de su obra: que las familias, incluso cuando se rompen, siguen siendo el lugar donde se guardan la memoria y las heridas, y que son muchas veces las mujeres quienes sostienen ese relato común cuando todo lo demás se desmorona.

El reparto vuelve a reunir a varias de las actrices que han marcado su filmografía. Penélope Cruz encabeza el elenco junto a Aitana Sánchez-Gijón y Bárbara Lennie, a las que se suman intérpretes más jóvenes como Milena Smit, en un reparto pensado para reflejar distintas edades y distintas formas de vivir el paso del tiempo. No es casual. En los últimos años, el director ha insistido en su interés por contar historias protagonizadas por mujeres adultas, alejadas del estereotipo de la juventud permanente. “Me interesa más la experiencia que la inocencia”, ha dicho en más de una ocasión.

Esa mirada atraviesa también el tono de la película. Según el equipo, el rodaje ha tenido un ambiente muy distinto al de sus comedias más conocidas. Más pausado, más concentrado en los actores, más cercano a lo que el propio Almodóvar ha llamado alguna vez su “cine de cámara”. Parte de la historia se desarrolla en interiores, en una casa familiar donde transcurre la mayor parte de la acción, un espacio pensado como escenario emocional más que como simple decorado. El director ha trabajado con su habitual equipo técnico, con José Luis Alcaine en la fotografía y Alberto Iglesias en la música, buscando una atmósfera menos brillante y más contenida.

Uno de los motivos por los que Almodóvar ha decidido rodar la película ahora tiene que ver con el momento vital en el que se encuentra. Después de cumplir setenta años, ha reconocido que su relación con el tiempo ha cambiado. En varias conversaciones con la prensa internacional ha señalado que siente la necesidad de hablar de la vejez, del cuerpo que se transforma y de las relaciones familiares cuando ya no queda nada por demostrar. Esa preocupación ya estaba presente en *Dolor y gloria* y en *Madres paralelas*, pero en *Amarga Navidad* parece ocupar el centro del relato.

También hay un interés evidente por volver a trabajar con actrices con las que mantiene una relación de confianza desde hace décadas. Durante el rodaje, Penélope Cruz ha contado que la película ha sido especialmente intensa porque el director le pedía contención más que emoción. “Pedro me decía todo el rato: no llores todavía, aguanta, que el dolor se vea por dentro”, explicó en uno de los encuentros con la prensa. Esa búsqueda de una interpretación más contenida coincide con el tono general de la película, donde el conflicto no se expresa en grandes estallidos, sino en silencios, miradas y conversaciones aparentemente triviales.

El rodaje en Canarias ha sido otro de los elementos comentados por el equipo. Almodóvar eligió Fuerteventura para algunas escenas exteriores porque buscaba un paisaje que contrastara con la idea tradicional de la Navidad. Le interesaba un invierno sin nieve, sin decoración, casi fuera del tiempo, que reforzara la sensación de distancia entre los personajes. Según el equipo de producción, varias escenas se rodaron al amanecer para aprovechar una luz más fría de lo habitual en su cine, una decisión poco frecuente en una filmografía conocida por su intensidad cromática.

La película vuelve a situar a las mujeres en el centro, como ha ocurrido en muchos de sus títulos más importantes, pero con un enfoque distinto al de sus primeras décadas. Ya no se trata solo de personajes fuertes o excéntricos, sino de mujeres que dudan, que envejecen, que se equivocan y que cargan con historias largas. Almodóvar ha dicho en más de una ocasión que le interesa filmar a las actrices cuando ya han vivido lo suficiente como para que cada gesto tenga peso. En *Amarga Navidad*, esa idea parece convertirse en el eje de la historia.

Sin haberla visto todavía, todo apunta a que la película continuará esa línea de su última etapa, más íntima y menos explosiva, donde el drama nace de los vínculos y no de los acontecimientos. Una Navidad amarga, sí, pero también reconocible: la de las familias que se reúnen cuando no saben muy bien qué decirse, la de las mujeres que sostienen la memoria común y la de un cineasta que, lejos de repetirse, sigue mirando a sus personajes como si todavía pudiera descubrir algo nuevo en ellos.

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