Opinión

José Luis bueno y mártir

El exministro José Luis Ábalos durante su declaración, este lunes.
María Dabán
Actualizado: h
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Escuchando ayer a José Luis Ábalos cualquiera diría que estábamos ante un hombre que era una mezcla de Galileo, Miguel Servet, san Juan de la Cruz y fray Luis de León, una especie de víctima inocente de una opinión pública inquisitorial que ya lo ha condenado de antemano de manera injusta, claro. Pero a estas alturas de la película y, después de todo lo que hemos conocido, su declaración de ayer se antoja más como una teatralización para salvar los muebles e intentar que los jueces se apiaden de él que otra cosa, pero, visto cómo ha transcurrido el juicio, esto se antoja bastante complicado.

Todavía recuerdo sus declaraciones en los pasillos del congreso el día que detuvieron a Koldo. Ábalos se mostró “estupefacto” y “muy decepcionado”, por lo que iba conociendo de un señor que poco menos y a juzgar por sus palabras, solamente le hacía los recados. Después supimos todo lo demás, sus excesos, el cobro de sus supuestas comisiones, sus zafias conversaciones en los que hablaban de las prostitutas aludiendo a ellas como la Carlota que se enrollaba “que te cagas”, o “Ariatna” (sic), “que está bien, está recién, está perfecta”.

José Luis Ábalos (i) en el banquillo de los acusados este martes en el primer día del juicio contra él, contra su exasesor Koldo García.
EFE/J.J. Guillén POOL

Ayer Ábalos se mostró como un hombre que había tenido una amante, sí, una mujer a la que quiso y que dejó de cogerle el teléfono. Ahí se enteró el exministro de que a eso se le llama ghosting, vamos el ignorarte de toda la vida. Y le dolió, porque la quería. A Ábalos solo le faltó citar a Neruda y recordar aquellos versos del poeta chileno; “Ella me quiso, a veces yo también la quería”. Y no es que mandara colocarla en ningún sitio. Él sólo pasó su currículum, y ya. Como si ser ministro no contara en estos casos.

Lo que olvidó quizá el extitular de Transportes es que, según declaró Víctor de Aldama, mientras Ábalos seguía casado y salía con Jesica, quedaba también con otras muchas “señoritas” a las que a veces llevaba incluso en su coche oficial. Y que fue Escolano, un socio del comisionista, el que pagaba el alquiler para su amante, sin que él se preguntara porqué, claro.

El relato de Ábalos chocó en la mayoría de las ocasiones con la realidad… Y es que, no se explica que él tomara la decisión política de comprar 8 millones de mascarillas, pero que no ordenara adjudicarle ese contrato a la empresa de Aldama, empresa que luego le pagó numerosas prebendas en pago por los servicios prestados. Según él, nunca hubo comisiones, vive del dinero que le pasa su hijo, y no tiene casi ni para comprarse sus cositas en la cárcel. Si eso no es ser víctima de una injusticia, ya me dirán qué es lo que es.

El exministro José Luis Ábalos declara como acusado en el Tribunal Supremo.
El exministro José Luis Ábalos declara como acusado en el Tribunal Supremo.
EFE

En su declaración llamó la atención tanto lo que dijo como lo que no dijo, ya que el exministro prefirió salvar a Sánchez y no salpicar en ningún momento a su antiguo jefe. En su día, cuando aún gozaba de libertad, estuvo a punto de tirar de la manta, pero una conversación con Koldo, le convenció de lo contrario. Ahora será la Sala Segunda la que determine si cree la obra que representó ayer en el Supremo, aunque parece probable que los magistrados consideren que lo suyo ha sido pura ficción, pero que la realidad fue otra.

Y, una cosa más, la fiscal general del Estado, Teresa Peramato ha ordenado a su subordinado, el fiscal Alejandro Luzón, que no incluya en su informe final una rebaja de penas para Víctor de Aldama. Al parecer, el Gobierno no perdona al comisionista que en su declaración en el juicio salpicara a pedro Sánchez y a Begoña Gómez. Ya se ve que Peramato está siguiendo la estela de su predecesor y, a este paso, puede que lo haga bueno.

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