Opinión

Legislatura ‘Terminator’: remontada en vivienda y mal presagio andaluz

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Es la legislatura ‘Terminator’, un día el Gobierno se tambalea y caen todas sus piezas y al otro se levanta armándose de nuevo. A veces con mucho desgaste, otras sin apenas daños. El Ejecutivo subestimó la derrota del decreto de alquileres impulsado por Sumar y el asunto le explotó en todas las portadas, con Junts en contra y una crisis sobrevenida con el PNV por el meme del piscinazo de Aitor Esteban. Con todo, al cierre de la semana, ganó perdiendo. El ministerio de Vivienda y Sumar negocian ya cómo articular un paquete de medidas sobre alquileres para personas vulnerables, incorporando parte de las demandas de Junts. En principio, no irá al Consejo de Ministros de este martes, todavía es pronto, pero la negociación con los socios se ha reactivado. Lo que parecía imposible, puede salir.

Y no lo hará por mero apoyo al Gobierno. Si algo han aprendido todos los partidos del último debate —incluido VOX— es que estar a la contra de las medidas en vivienda sin ofrecer alternativas penaliza. Para Sumar, es “la batalla más importante de la legislatura”, y Pablo Bustunduy no está dispuesto a ceder el liderazgo de esa agenda que, aún sin competencias, acaba de arrogarse. Por su parte, Junts mantiene las negociaciones rotas de cara a la galería, pero en el plano interno deja margen para apoyar algunas medidas: rebajas fiscales a hipotecas y alquileres, bonificaciones vía IRPF para los propietarios y la trasposición de la directiva de autónomos. Si todo ello se incluye en una nueva iniciativa mediante real decreto —o en la fórmula que finalmente adopte el ministerio—, les resultará difícil votar en contra, según apuntan fuentes de la dirección.

Mientras esto se fragua, el Gobierno intenta sostener varios frentes: remonta en materia de vivienda, mantiene el foco en Gaza y contiene la sensación interna de mal presagio en Andalucía. Para afrontar una semana aparentemente “valle” en lo político, el Ejecutivo ha decidido llevar el debate internacional al Congreso. En plena precampaña andaluza, el ministro José Manuel Albares comparece este jueves a petición propia y en pleno extraordinario para informar sobre la situación de la Flotilla y las detenciones de los activistas Saif Abu Keshek (español-palestino) y el brasileño Thiago Ávila. El objetivo es retratar al PP en su posición tibia e incómoda con Israel en unas detenciones consideradas claramente ilegales por varios socios europeos al haberse producido en aguas internacionales cerca de Grecia. Una baza ganadora para Albares, al ver cómo incluso hasta la italiana Giorgia Meloni ha endurecido su postura frente a Benjamin Netanyahu, frente a un Alberto Núñez Feijóo que el PSOE coloca en tierra de nadie en un marco del “no a la guerra”, que no admite equidistancias en plena escalada del conflicto diplomático. “No se puede sorber y soplar”, señalan. Si el PP pide comparecencias por cada decisión internacional, el debate de la Flotilla retrata a todos los partidos.

Pero lo internacional no termina de empujar la precampaña andaluza. Cualquier cita autonómica pasa por el menos Siria y más Soria. El PSOE asume que será muy difícil y, en la interna, maneja una elevada abstención del votante de izquierdas, y confía en una remontada en los últimos días. En el mantra de que “al PSOE se le dan bien las campañas”. La batería de ministros que bajará a Andalucía está preparada para reforzar a María Jesús Montero. Además de los seis mítines de Pedro Sánchez, se sumarán Margarita Robles en Jaén y Córdoba, así como Luis Planas, Carlos Cuerpo y un doblete de José Luis Zapatero en Huelva y Almería, entre otros. El marco es complejo: todo se juega en la mayoría de Juanma Moreno frente al desgaste de los servicios públicos como eje electoral de Montero. En el PSOE creen que, mientras Feijóo va en una caravana paralela a la del presidente andaluz porque el votante ya no le coloca en el centro moderado de Juanma Moreno, los ministros pueden arropar a una candidata que arrastra el desgaste de su paso por el Consejo de Ministros.

Y de fondo continuará la tensión en torno a Vito Quiles y la “prioridad nacional”. El pulso con la ultraderecha que el Gobierno combate cargando contra el agitador aprovechando el debate abierto por el acoso a Begoña Gómez. Uno de tantos, de quien ya acumula nueve quejas en la Mesa del Congreso, además de las denuncias en los tribunales. El consenso en contra del no-periodista se le vuelve en contra a Feijóo, incapaz de desacreditar al agitador.

Mientras tanto, nadie quiere hablar de José Luis Ábalos. Su declaración de este lunes puede marcar la semana. Será difícil preguntar a Pedro Sánchez desde Armenia, donde participa en la reunión de la Comunidad Política Europea, pero todo el foco sobre su ex ministro y exsecretario de Organización devuelve la corrupción a primera línea. Como no se esperan sorpresas en el Supremo, lo enmarcan en bunkerización de la corrupción, pero toda referencia de Ábalos a su gestión, los enchufes, la malversación de su cartera y su cargo y el abuso de las mujeres que le rodearon, daña la imagen feminista del PSOE, su punto más débil, y reabre el debate sobre la responsabilidad política más allá de Ábalos.