¿Una invasión de EE UU?

Una Cuba al borde del abismo bajo la lupa de Trump

El presidente ha elevado el tono de sus amenazas y aseguró que al terminar la guerra de Irán podría hacer que el portaaviones USS Abraham Lincoln “se detenga a unos 100 metros de la costa”

Una persona esperando en su bicitaxi, en La (Habana). Cuba. EFE/ Ernesto Mastrascusa

Donald Trump amenazó con “tomar el control” de Cuba “casi de inmediato” y añadió que primero terminará con el “trabajo” en Irán. Según la orden ejecutiva firmada, a cualquier persona o empresa que opere en ellos o haga negocios con el Gobierno de La Habana se le aplicará el bloqueo total de sus activos en EE.UU.

Ese giro se materializó este mismo viernes con nuevas restricciones dirigidas a los pilares de la economía cubana, especialmente energía, defensa, minería y servicios financieros, reforzando el cerco económico sobre el país.

Mujeres compran alimentos en un puesto ambulante este lunes, en La Habana (Cuba).
EFE/ Ernesto Mastrascusa

El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó a Cuba de facilitar la presencia de servicios de inteligencia de “los adversarios” de Estados Unidos a 90 millas de su territorio y aseguró que la Administración del presidente, Donald Trump, no lo tolerará. De hecho, el Senado rechazó este martes una propuesta demócrata para limitar las posibles operaciones militares que Trump pueda ordenar sobre La Habana.

Inestabilidad en el país

La dictadura cubana entra en su año 67. Desde 1959, el sistema político no ha conocido alternancia ni apertura efectiva, y se ha sostenido mediante una secuencia de apoyos externos que han ido sustituyéndose unos a otros. Primero fue la Unión Soviética. Luego, Venezuela, cuyo vínculo con La Habana permitió sostener el modelo cubano durante dos décadas. La captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 interrumpió ese último soporte y puso a la isla en una situación que ya no puede disimularse como crisis coyuntural.

El país insular llega a este punto con un deterioro acumulado que está documentado por organismos internacionales y organizaciones independientes. Un informe reciente de Amnistía Internacional describe una crisis económica severa que limita el acceso a alimentos, medicamentos y electricidad, junto con un patrón sostenido de represión política. Cerca de 700 presos políticos permanecen en prisión, muchos de ellos vinculados a las protestas de julio de 2021, mientras las familias de los detenidos enfrentan acoso y vigilancia.

Una persona limpia basura en una calle este viernes en La Habana (Cuba).
EFE/ Ernesto Mastrascusa

Las condiciones materiales han dejado de ser vivibles, ya no digamos administrables. El propio ministro de Salud reconoció en 2025 que solo el 30 por ciento de los medicamentos esenciales estaba disponible en el país (desde entonces eso ha empeorado). En el mismo período se registraron cinco apagones nacionales, y en amplias zonas los cortes eléctricos alcanzan las veinte horas diarias. Siete de cada diez cubanos se saltan comidas, según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos citado en el informe.

Como si no bastara

Ese era el estado de la isla antes de la ruptura con Venezuela. El vínculo con Caracas había funcionado durante dos décadas como un sistema de compensación: supuestos servicios médicos, asesoría de inteligencia y apoyo político a cambio de petróleo. El economista cubano Pavel Vidal, exfuncionario del Banco Central y exprofesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana, describió la economía de la isla, en artículo publicado el pasado 1 de abril, como un sistema que ha funcionado durante décadas sobre una base de compensaciones externas más que sobre productividad interna. En su análisis sostiene que el intercambio con Venezuela permitió sostener artificialmente el aparato estatal, pero también postergó reformas estructurales, consolidó desequilibrios fiscales financiados con emisión monetaria y profundizó la dependencia de importaciones. La desaparición de ese esquema no solo elimina una fuente de energía, sino que deja al descubierto una economía con sectores productivos debilitados, inflación de tres dígitos y una estructura dominada por conglomerados militares sin transparencia, lo que explica la rapidez con la que el sistema entra ahora en una fase de parálisis general. La crisis energética ha arrastrado al sistema de salud, donde la falta de combustible y de insumos ha obligado a cancelar cirugías y ha dejado sin tratamiento a pacientes crónicos.

A ese colapso interno se superpone la presión externa. Estados Unidos ha dificultado la llegada de petróleo desde terceros países mediante sanciones, advertencias a navieras y vigilancia marítima. El resultado es un cerco energético que agrava la escasez y reduce aún más el margen de maniobra del gobierno cubano.

El buque petrolero ruso Anatoli Kolodkin.
EFE/ @cubapetroleo1

Las declaraciones recientes del presidente Donald Trump permiten entender el marco político de esa presión. El 27 de marzo de 2026 afirmó en Miami que “Cuba es la siguiente”, en referencia a la secuencia de acciones de su administración en la región. En días previos había hablado de “tomar Cuba” y de la posibilidad de hacer con la isla “lo que quiera”. En paralelo, ha combinado esas afirmaciones con decisiones puntuales que permiten la entrada limitada de combustible por razones humanitarias, mientras insiste en que el régimen cubano está agotado.

Marco Rubio, secretario de Estado nacido en Miami de padres cubanos, ha sostenido que el modelo económico de la isla es insostenible y ha vinculado cualquier mejora a cambios estructurales en el sistema político y económico.

El efecto acumulado de estos factores se refleja en la dimensión demográfica. Cuba atraviesa la mayor contracción demográfica de su historia contemporánea, en un proceso que no es reciente sino continuo desde 1959, cuando comenzó el éxodo tras la llegada de Fidel Castro al poder. Las cifras actuales permiten dimensionarlo con precisión: según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), la población pasó de 11,2 millones en 2012 a 9.748.007 en 2024, una pérdida de más de 1,4 millones de habitantes en poco más de una década; a ello se suma un ciclo migratorio reciente de intensidad inédita, con más de 850.000 cubanos llegados a Estados Unidos entre finales de 2021 y 2024, de acuerdo con datos del U.S. Customs and Border Protection, cifra que no incluye otras rutas ni destinos. El resultado es una población por debajo de los diez millones, envejecida -más del 22 % supera los 60 años- y sostenida sobre una base productiva menguante, en un país donde emigrar ha sido, durante más de seis décadas, una constante estructural más que una respuesta episódica.

El pasado era mejor

La comparación con la Cuba previa a 1959 permite dimensionar el retroceso. Estudios de historia económica señalan que, a finales de los años 50, Cuba se situaba entre los países de ingreso medio, con niveles de vida comparables o superiores a los de España en ese momento. En las décadas posteriores, el crecimiento ha sido lento y dependiente de subsidios externos, lo que ha provocado una caída sostenida en términos relativos frente a otras economías.

Un niño observa el viacrucis del Santo Entierro en la celebración del Viernes Santo, este viernes en La Habana (Cuba).
EFE/ Ernesto Mastrascusa

Dentro de la isla, el malestar social ha adquirido una expresión visible y documentada. Ya no puede ocultarse el desastre con hojas de parra ideológicas. El informe anual sobre Cuba de Amnistía Internacional (2025) registra protestas recurrentes motivadas por los apagones, las paupérrimas condiciones de vida, así como el encarecimiento de servicios básicos como internet. A esto se añaden reportes del medio independiente elTOQUE -plataforma de periodismo y verificación fundada en Cuba- que documenta protestas en marzo de 2026, con ciudadanos en la calle reclamando comida y electricidad en medio de apagones prolongados. La respuesta del Estado ha sido la detención de manifestantes, el despliegue de fuerzas de seguridad y la intimidación a sus familiares, lo que confirma que la protesta ha dejado de ser episódica para convertirse en un fenómeno persistente.

Las opciones limitadas que se abren son escasas. Existen contactos discretos entre autoridades cubanas y estadounidenses, aunque sin claridad sobre su alcance ni sobre la disposición real de las élites cubanas a asumir reformas. Un escenario contempla negociaciones que permitan cierto alivio económico a cambio de cambios graduales. Otro apunta a una prolongación de la crisis con un deterioro mayor de las condiciones de vida. Un tercero, más incierto, depende de la capacidad del malestar social para convertirse en presión política efectiva.

Cuba fue alcanzada por el destino. Enfrenta el hecho de que la continuidad del sistema deja de ser una inercia garantizada. La pérdida del sostén venezolano ha expuesto sus límites, mientras la presión externa ha pasado de ser un elemento de contención a un factor de aceleración. El país que durante décadas sobrevivió apoyándose en otros se encuentra ahora frente a un vacío que no puede llenar con sus propios recursos. Ni con propaganda ni represión.

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