En el imaginario turístico, Cuba suele asociarse a una postal detenida en el tiempo: coches clásicos de los años 50 recorriendo el Malecón de La Habana, fachadas coloniales llenas de encanto, música salsa sonando en cada esquina, mojitos y ron bajo el sol caribeño, playas paradisíacas y una población siempre alegre pese a las dificultades. A ello se suma el tópico de la “Cuba revolucionaria”, con iconografía del Che Guevara omnipresente.
Pero ese cliché se está desintegrando como un castillo de arena. El declive del sector turístico, que fue durante décadas un sustento para la economía cubana, está agudizando más aún la severa crisis económica en la isla. Muchos hoteles ya han cerrado, y la llegada de turistas sigue cayendo en picado.

Tras el anuncio del régimen cubano del 8 de febrero, en que se certificó que el país está sufriendo restricciones en el suministro de petróleo, los míticos resorts playeros se quedaron sin apenas visitantes. Según la agencia Reuters, toda la industria del turismo se vio directamente afectada: agencias viajes, hoteles o aerolíneas anunciaron un parón en los viajes a La Habana. Se estima que por ello se cancelarán unos 1.709 vuelos el próximo mes de abril.
Cuba es el país que más sufrió por la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, cuando fue capturado por fuerzas especiales estadounidenses en Caracas. El régimen de Maduro era el principal subministrador de petróleo. Con el grifo cerrado y la amenaza de la Administración Trump de imponer aranceles a países que envíen suministros energéticos a Cuba, se ha desatado una escasez que recuerda ya al “Periodo Especial”, la grave crisis que llegó tras la caída de la Unió Soviética (1991).

Desde el 7 de febrero, la gasolina está restringida y en estricto racionamiento. El régimen comunista cubano, liderado desde el gobierno por Miguel Díaz-Canel, está asfixiado por la dificultad de importar alimentos o medicinas. “La Revolución vuelve a enfrentar momentos difíciles como consecuencia del criminal empeño del imperio (EE UU) en doblegarnos, pero rendirnos no es una opción”, alegó el presidente en un post de X.
Pese a los llamamientos a resistir, la economía no aguanta. “Hay una incertidumbre total, todo se está desmoronando”, dijo Alejandro Morejón, guía turístico de 53 años que comenzó a trabajar en Varadero poco después de que Cuba reabriera sus puertas al turismo internacional en los años 90. Con el bloqueo, Washington presiona al gobierno cubano para que se someta. Trump ha declarado a Cuba “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Se estima que el turismo reportó a Cuba 1,3 billones de dólares en divisas extranjeras en 2024. De acuerdo a Paolo Spadoni, experto en la economía de Cuba, el sector turístico, combinado con la exportación de médicos cubanos y las remesas extranjeras, son las principales fuentes de divisas de las que depende el país. “El colapso total del sector turístico cubano crearía una situación insostenible para la economía cubana y amenazaría su supervivencia”, consideró Spadoni.
“Yo trabajaba en el sector gastronómico. Era barista en un café. Los cortes de luz no nos afectaron tanto, porque la tienda tiene una planta electrógena que funcionaba con combustible”, explicó un cubano bajo anonimato a la BBC, que recientemente emigró a Perú. Y agregó: “Sin gasolina, no hay electricidad y ya no hay manera de hacer funcionar la máquina de café. Tampoco hay casi coches por la calle o transporte público para ir a trabajar. Antes de marcharme, empezó a haber semanas con máximo cinco o seis clientes”.

El sector turístico, que vivió un boom histórico en 2018 con la visita de 4,7 millones de extranjeros a la isla (con ingresos de unos 2.782 millones de dólares), se desplomó durante la pandemia del coronavirus, así como por el cambio de doctrina en la Casa Blanca, donde se revertió el aperturismo económico impulsado durante la Administración Obama.
En las últimas semanas, ningún buque cisterna ha llegado a la isla, según confirmó la agencia AFP con varias fuentes especializadas en monitorear el transporte marítimo. Ante la falta de combustible, las aerolíneas ofrecen flexibilidad a sus clientes para cambiar sus planes vacacionales. Algunas, como AirEuropa, mantienen sus conexiones diarias con Cuba, pero sus aviones paran a repostar en Santo Domingo tras dejar a los pasajeros en La Habana.

La cancelación de vuelos también pone en peligro la llegada de remesas de dinero desde el extranjero. Desde que Western Union suspendió sus actividades en 2020, muchos cubanos dependían de la llegada de dinero en efectivo o medicamentos desde Estados Unidos. “La Habana Vieja está vacía, completamente vacía. Paseas por los sitios y parece que está muerto todo. Los guías turísticos no tienen clientes”, dijo un empresario francés a la BBC.
La escasez, como era previsible, comportó un incremento de precios. “Me cuesta más caro vivir en Cuba que en París. Hay de todo, pero los precios son desorbitantes y tienes que recorrer toda la ciudad para encontrar las cosas. Si tienes moneda extranjera puedes comprar gasolina, pero en el mercado negro el litro cuesta entre 8 y 10 dólares”, prosiguió. Para Jorge Fernández, que solía enseñar la isla a turistas en un vehículo de época, “Trump y Miguel Díaz-Canel deben llegar a un acuerdo, porque los únicos que sufrimos somos el pueblo. El país está colapsando”.
