Opinión

Isabel (Díaz Ayuso) la Católica

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Ayuso se declaró católica en un diario digital y al PSOE de Madrid se le puso cara de Calvino. No es cosa nueva, ya saben: la izquierda que, urbi et orbi, antepuso los chivos expiatorios a la socialdemocracia, se pasa por el forro la quinta petición del “Padrenuestro” –“Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”– y patrulla, incansable, para limpiar con la sangre de los impíos los pecados cometidos por estos.

El tuit del PSOE de Madrid destila protestantismo rancio vestido de progresía laica. Adjuntan un vídeo con imágenes de Ayuso en Intereconomía y Antena 3 declarando que perdió la fe a los nueve años y que milita en el PP “y no quedo para ir a misa, porque yo no soy creyente”. Dicen los socialistas: “Ahora va de beata, pero no engaña a nadie: su único credo es el dinero”.

Vayamos al original: en una entrevista concedida a Okdiario, en la que dice que “el aborto debe ser legal”, “seguro” y “poco frecuente”, la presidenta de la Comunidad de Madrid se declara católica. Cabalgando contradicciones, como Pablo Iglesias, con quien debatía en La Tuerka.

Prácticamente voy a misa todas las semanas”, continúa Isabel la Católica, “mucho por trabajo”. Las imágenes rulan por las redes y los extremos se hermanan contra la lideresa pepera. Así, católicos que consideran a León XIV “masón” y al difunto Francisco un “rojo de mierda”, junto a socialistas y derivados de cartón piedra, adoptan, furibundos y voraces, el rol del buen vástago de la parábola del hijo pródigo (Lucas, 15, 11-32), ese resentido que, en la maravillosa canción de Nick Cave, “maldice a su madre / y maldice a su padre / y maldice su virtud como algo impuro”; ese puritano al que le jode sobremanera que su padre mate para su hermano, “que ha consumido tus bienes con rameras”, el becerro gordo.

Ayuso dice que vuelve a la Iglesia, los hijos buenos se encabronan y Jesús de Nazaret, aquel que instó a perdonar setenta veces siete –o sea, hasta el infinito y más allá–, aquel que perdonó moribundo, clavado en una cruz, hace fiesta y se regocija porque, en teoría, una de sus hijas era muerta y ha revivido; se había perdido y ha sido hallada. O eso parece.

Y si utilizo el dice que, el en teoría y el o eso parece es porque, cuando escucho a la presidenta de la CAM, como a los socialistas madrileños, me da que, más que en mi tocayo, cree en Mammón. Me pregunto, en efecto, si la presidenta de la CAM se ha convertido de verdad o si, simplemente, surfea en la ola comercial de Rosalía y de Los domingos.

Mas quién soy yo para juzgarla.

Y quiénes son los socialistas para hacerlo: se ciscan en Ayuso por su conversión, por su condición de hija pródiga, pero olvidan que Sánchez actuó como el padre de la archiconocida parábola con Óscar López y Antonio Hernando, ministro para la Transformación Digital y secretario de Estado de Telecomunicaciones, respectivamente, quienes otrora buscaran información sobre las saunas de su suegro para utilizarla contra él en las primarias de 2017. En fin, siempre hubo clases.

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