Una nueva élite

Así es Alejandra Cortina Cué, la poetisa de la alta sociedad madrileña

La hija de Alberto Cortina y Elena Cué debuta con Siete maneras de arder, un poemario que explora el deseo, la culpa y los pecados capitales desde una mirada estética y filosófica

Alejandra Cortina Cué, durante la presentación de su poemario

Reservada, culta y solo rozando la crónica social, Alejandra Cortina Cué ha irrumpido en el panorama literario con Siete maneras de arder, una propuesta inesperadamente sólida para su edad. Su primer libro, presentado esta semana en el Hotel Santo Mauro de Madrid, revela una voz poética influida por Wilde, Nabokov y El Bosco, capaz de combinar tradición, pensamiento y sensibilidad contemporánea. Apadrinada por el poeta Luis Alberto de Cuenca y arropada por sus padres, Alberto Cortina y Elena Cué, la joven autora madrileña sorprendió en este palacete de Chamberí con un discurso que la sitúa entre las voces emergentes más singulares de la poesía española.

Como indicó el poeta, “Alejandra escribe con una sensibilidad poco común para su edad”. Su poesía es una combinación muy singular de inquietud intelectual, sensibilidad estética y melancolía. Su voz, todavía joven pero ya muy definida, se mueve entre referencias clásicas, ecos de la literatura decadente y una mirada contemporánea sobre el deseo, la culpa y la identidad.

Sin condena moral

En Siete maneras de arder, “el pecado deja de ser una condena moral para convertirse en una experiencia interior, un lugar de conflicto, belleza y conciencia”. La primera impresión que deja Alejandra es la de una autora que escribe desde la observación minuciosa del alma humana y que, lejos de refugiarse en la pose generacional, apuesta por una poesía culta, exigente y visual inspirada en el famoso cuadro de El Bosco.

La presentación del libro en uno de los escenarios más refinados de la vida cultural madrileña reunió a representantes del ámbito intelectual, editorial y social para escuchar a la autora de veinte años hablar de la culpa y el deseo con una naturalidad poco frecuente. Escribe primero en inglés. Este detalle define buena parte de la textura de su poesía. Sus versos poseen la cadencia amplia del verso libre anglosajón, pero también una sensualidad verbal muy castellana.

Raúl Alonso, director editorial de Cántico y editor de la obra junto a Manuel Pimentel, definió el libro como “una lectura sanadora e intensa” nacida de “la noche oscura del alma”. En su intervención, destacó la madurez filosófica de la autora y la capacidad del poemario para convertir el pecado en algo estético y existencial. Según Alonso, Cortina Cué invierte la mirada tradicional del Bosco: “Ya no es Dios quien observa al pecador, sino el pecador quien devuelve la mirada a Dios”. Esa inversión convierte el poemario en algo más que una reflexión teológica. Lo transforma en un estudio sobre la conciencia moderna.

También Luis Alberto de Cuenca subrayó la originalidad de la propuesta, especialmente el uso del bilingüismo y la libertad intelectual con la que Alejandra aborda un tema tan clásico como los pecados capitales. “Es absolutamente original”, afirmó el poeta y filólogo, sorprendido por la ambición creativa de una autora tan joven. Destacó, además, el ejercicio de écfrasis presente en el libro, esa capacidad de transformar una obra visual en experiencia poética.

Identidad sin pedigrí

Nacida en Madrid en 2006, Alejandra es hija del empresario Alberto Cortina y de la empresaria y divulgadora cultural Elena Cué. Sin embargo, reducir su figura a la genealogía familiar sería ignorar su voluntad evidente de construir una identidad propia, al margen de los apellidos. Educada en un entorno franco-anglo-español y formada en el colegio internacional Union-Chrétienne de Saint Chaumond, en el madrileño barrio de El Viso, creció rodeada de literatura, arte y pensamiento humanista. Posteriormente eligió continuar su formación en Filología Inglesa, desoyendo el consejo paterno de escoger el camino de las finanzas.

Elena Cué y su hija, Alejandra Cortina, en la 45ª edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCOmadrid 2026. Jose Velasco / Europa Press

Su mayoría de edad despertó inevitablemente el interés de la prensa social, especialmente tras su puesta de largo celebrada en 2024 en una finca familiar de la sierra de Tramuntana, en Mallorca. Aun así, quienes la conocen describen a una joven reservada, ajena a la exhibición pública y más interesada en la observación que en el protagonismo. Ha cultivado aficiones vinculadas a la fotografía, el cine, la música y la pintura, desarrollando incluso pequeños proyectos personales relacionados con la imagen y la captura de escenas cotidianas.

Su otra pasión, el campo, le viene de herencia familiar y forma parte de su vida desde niña. Entre Madrid, Mallorca y las fincas familiares ligadas al entorno rural, Alejandra parece haber encontrado un equilibrio poco frecuente entre sofisticación cultural y búsqueda de intimidad.
Quizá por eso su poesía transmite la sensación de alguien que escribe desde dentro de sí misma y no desde la necesidad de ocupar un espacio público.

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