Recordemos la anaciclosis de Polibio: un ciclo político arranca con la monarquía, que degenera en tiranía, que se regenera en aristocracia, que degenera en oligarquía, que se regenera en democracia, que degenera en oclocracia, donde chapotean los demagogos y los populistas, y vuelta a empezar. En las oclocracias disfrazadas de democracias, el poder se legitima confeccionando y promocionando a supuestos opositores que se presentan como la enésima reencarnación de Juana de Arco pero que, en realidad, no pasan de primos pobres de Pinocho. Son utilísimos. Y prosperan. Lo vimos, por ejemplo, en el México del PRI o en la Venezuela chavista.
Explicaba el historiador griego: “Cuando ésta –refiriéndose a la democracia–, a su vez, se mancha de ilegalidad y violencias, con el paso del tiempo se constituye la oclocracia”. Lejos de mí afirmar que el Reino de España, constituido en un Estado social y democrático de Derecho (Art. 1.1 de la Constitución Española), ha sucumbido a las hordas bárbaras y al cáncer de la corrupción. A hombres y mujeres como el teniente coronel Antonio Balas, a quien Leire Latre quería muerto –metafóricamente, quiere decirse–, remito. No en vano, el jefe de Delincuencia Económica de la UCO demostró este lunes en el Tribunal Supremo que el Estado sigue produciendo leucocitos y que estos funcionan. “Ábalos es el que abre negocios”, detalló el guardia civil, “es el que tiene la capacidad que Aldama y sus socios no tienen, es un miembro cualificado de la organización. Por eso cobra lo que cobra y le dan lo que le dan”. Las caras del exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE eran un poema de Miguel Gane.

Dos días después, el solomillo informativo también se servía en las Salesas. Ni sesión de control, que fue un bodrio, ni leches: la noticia de la jornada era la declaración del acusado Aldama en el Alto Tribunal. El hombre que abandonó Soto del Real el 21 de noviembre de 2024 advirtiendo al yerno de Sabiniano –“Va a tener pruebas de todo lo que se ha dicho”– ladró sin morder: acusó, de una manera gaseosa, a Sánchez de ser “el 1”, describió la presunta financiación ilegal del PSOE y jugó a tertuliano de Sálvame, dando a entender que Koldo estuvo liado con la expresidenta de Adif, Isabel Pardo de Vera, y, citando al asesor caído, que a la viseprecidenta Montero “se le hacía el coño agua cada vez que hablaba con el ministro”.
Precisamente, el hombre que susurraba al hombre que susurraba a Sánchez reconoció el jueves que el PSOE le pagó en efectivo, con billetes de 500 lereles, durante tres años, los gastos que él mismo adelantaba en el contexto de actos políticos por su cargo como asesor del secretario de Organización, a la vez que aseguraba que a él, por ser más navarro que don Santiago Ramón y Cajal, “es totalmente cierto que mucha gente me pide chistorras de verdad”.

Sólo Víctor Zoppellari Quiles, o sea, Vito Quiles, desvió este miércoles el foco del Supremo. Su vídeo raro –“no digo diferente, digo raro”, que cantaba Fito– con Begoña Gómez cebó las parrillas de todos los medios afines al Ejecutivo, que criticaron su fascismo intolerable, etcétera. En Malas lenguas, Sarah Santaolalla llegó a declarar que, “en EEUU, este señor, hoy, no estaría vivo”. Ante el pasmo de Cintora, la tertuliana se apresuró a añadir: “Digo políticamente, no en otros términos, por Dios”. Yo tengo la teoría de que este follonero pijo y grosero es un agente doble del PSOE. Sánchez no ha recibido un capotazo semejante en meses. Los peperos que le defienden –y que le pagan– se están disparando en un pie. A lo Froilán.
