Italia

Meloni, una presidenta con la maternidad por bandera

La primera ministra lleva la maternidad por bandera en el discurso político de un país, Italia, donde cada vez se hacen menos hijos

Se presentó así al gran público cuando en un mitin electoral, hace cuatro años en España, junto a sus amigos de Vox dijo: “Yo soy Giorgia, soy una mujer, soy una madre, soy cristiana”. Aquella descripción personal marcaba, en realidad, una línea política: la de una vuelta a los valores tradicionales que luego definiría la identidad de Hermanos de Italia y por consiguiente la de su Gobierno.

Cuando Meloni se convirtió en primera ministra, la política y su vida personal se fundieron. Lo había dicho ya, de hecho, en su autobiografía Yo soy Giorgia, en la que hablaba de la estirpe femenina que había protagonizado su historia: su madre, Anna, su hermana Arianna, ella y su hija Ginevra. Una imagen de empoderamiento femenino que se reforzó cuando, tras un escándalo sin precedentes en el que se habían filtrado frases sexistas de su pareja en aquel momento y padre de su hija mientras trabajaba en la televisión italiana, anunció su separación en redes sociales.

Meloni
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, junto a su hija a su llegada a China.
@giorgiameloni

Giorgia Meloni se convirtió, en aquel momento, más que nunca, en una madre italiana contra el mundo. Se alejaba, en realidad, de esa familia tradicional que tanto proclamaba a nivel político, habiendo sido madre sin haber estado casada y ahora estando separada. Pero su vida real tenía mucho más poder evocativo que su mensaje político. En su discurso un poco más personal estaba siempre, en primer lugar, su rol como madre y en su vida más allá de Palazzo Chigi, sede del Gobierno. Repetía que intentaba, por ejemplo, llegar a tiempo a casa para poder meter en la cama a su hija cada noche. “No sé si la palabra aspiración es la correcta, pero puedo decir que, como primera ministra, soy considerada una de las mujeres más exitosas de Italia. Si me preguntaran qué elegir entre ser mi responsabilidad política y mi hija Ginevra, no dudaría, como cualquier otra madre, porque la maternidad da algo que nada más puede dar”, dijo en una entrevista.

Viajes con su hija al G20 y a China

De hecho, Giorgia Meloni, tal y como ha declarado ella misma, aprovecha la oportunidad de llevar a su hija a los viajes oficiales cada vez que es posible para evitar robarle a su hija el menor tiempo posible con su madre. “Así que, siempre que puedo, la llevo conmigo para que estemos juntas. Cuando estoy en el extranjero, intento explicarle mejor lo que hace una madre, intento decirle lo importante que es ese trabajo, y espero que esto no me haga odiarme en el futuro, así que espero que algún día no me diga: “No estabas ahí, como todas las demás madres”. Mis amigas me dicen que lo entenderá, pero no sé… esperemos que sí”, dijo en un podcast en 2024.

Meloni se ha llevado a su hija al G20 en Bali en 2022 o a una misión diplomática, dos años después, en China. La decisión hizo que le llovieran críticas. “Entre el viaje y mis compromisos, estuve fuera casi una semana. Según quienes critican todo esto, debería haber dejado a mi hija en casa, ¿quizás en casa de una amiga? Me hace gracia que haya gente que se crea tan moralmente superior como para darle lecciones a una madre sobre cómo criar a su hija”, respondió ella.

Además, quiso ir un paso más allá, explicando en unas declaraciones que si ella era capaz de demostrar que un rol de tanta responsabilidad como el de presidenta del Consejo de Ministros era compatible con la maternidad, “quien usa el pretexto de la maternidad para evitar que las mujeres crezcan en su puesto de trabajo no tendrán excusas”. Sus críticas al rol de madre y de política, de hecho, venían ya de largo cuando en 2016 se presentó a la alcaldía de Roma embarazada. En aquel momento muchos pusieron en duda que pudiese llevar a cabo una campaña electoral de ese calibre en su estado, incluso uno de sus oponentes Guido Bertolaso llegó a decir “una futura madre no puede ser la alcaldesa de Roma”. Pero ella, rompiendo esquemas y expectativas, decidió seguir adelante con un lema claro “ningún hombre puede decirle a una mujer qué puede o no puede hacer durante su embarazo”.

Lo cierto es que su defensa férrea de la maternidad y del rol de madre se ha encontrado, durante esta legislatura, con la realidad. Los datos de natalidad en Italia empeoran cada año, siguiendo la tendencia de otros países vecinos como España. En 2025 han nacido un 3,9% menos de niños y niñas en el país. Aunque la primera ministra ha puesto en marcha medidas orientadas a tutelar a las madres, como el bonus para recién nacidos de 1.000 euros para las familias con renta baja o la reducción del IVA en algunos productos de infancia, algunas expertas señalan que no tienen una implantación estructural, lo que impide que se produzca un verdadero cambio. El ejemplo más reciente entre el discurso político y las medidas concretas lo tenemos cuando, hace unas semanas, el Parlamento, con la mayoría de Gobierno de Meloni, rechazó igualar los permisos de paternidad y maternidad. En Italia las madres tienen cinco meses y los padres solo diez días. El peso, en definitiva, sigue estando sobre los hombros de ellas, estén en el poder, como Meloni, o no.

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