España se ha convertido en una de las principales potencias europeas en reproducción asistida. Según los últimos registros de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), el país realiza, en clínicas públicas y privadas, más de 165.000 ciclos anuales de fecundación in vitro (FIV), además de decenas de miles de inseminaciones artificiales.
Este crecimiento de la medicina reproductiva ha traído consigo la acumulación masiva de embriones humanos criopreservados. El Instituto Bernabeu estima que alrededor de 100.000 embriones podrían encontrarse en situación de abandono administrativo en España. La clínica señala además que el número total de embriones almacenados en nitrógeno líquido podría superar ya los 790.000, una cifra elaborada a partir de los registros de actividad de la SEF y de estimaciones internas sobre criopreservación acumulada.

Los especialistas advierten de que, si el crecimiento anual de tratamientos continúa entre el 7 % y el 8 %, el volumen de embriones congelados podría superar el millón y medio durante la próxima década. ¿Cómo se generan tantos embriones? La explicación es principalmente médica. En los tratamientos de FIV, los especialistas suelen estimular hormonalmente los ovarios para obtener múltiples ovocitos en un mismo ciclo. Posteriormente, esos óvulos son fecundados en laboratorio y los embriones resultantes se evalúan según criterios morfológicos y genéticos. La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología explica en sus guías clínicas que la generación de varios embriones aumenta las probabilidades acumuladas de embarazo y evita repetir ciclos completos de estimulación ovárica, que son costosos y físicamente exigentes para las pacientes.
Los embriones que no se transfieren inmediatamente son criopreservados mediante vitrificación ultrarrápida. Según publicaciones científicas recogidas por revistas como Human Reproduction y Fertility and Sterility, las tasas de supervivencia tras descongelación superan actualmente el 90 % en muchos centros especializados. Este éxito técnico tiene, sin embargo, un efecto acumulativo. Cada año se almacenan más embriones de los que finalmente llegan a implantarse.
Qué significa “embrión congelado”
Desde el punto de vista biológico, los embriones criopreservados suelen encontrarse entre el tercer y el sexto día de desarrollo embrionario. Así lo describen manuales de embriología clínica de la American Society for Reproductive Medicine. En ese momento, el embrión está formado por unas pocas decenas o centenares de células. La vitrificación detiene prácticamente toda actividad metabólica al conservarlos en nitrógeno líquido a unos -196 °C. No obstante, la comunidad científica distingue entre potencial biológico y viabilidad clínica. La American College of Obstetricians and Gynecologists recuerda que no todos los embriones llegan a producir un nacimiento viable, incluso aunque sean implantados. Influyen factores como la calidad embrionaria, la edad materna, las alteraciones cromosómicas o enfermedades asociadas. Por eso, los expertos suelen evitar equivalencias automáticas entre embrión criopreservado y futuro nacimiento.
El vacío de los embriones abandonados
Uno de los mayores problemas actuales no es sólo el número total de embriones congelados, sino aquellos cuyos progenitores dejan de responder a las clínicas. El fenómeno ha sido descrito por sociedades médicas, bioeticistas y centros de reproducción asistida de distintos países. El Instituto Bernabeu señala que muchas parejas completan su proyecto reproductivo, se separan o simplemente no consiguen tomar una decisión sobre el destino de los embriones restantes.
Estudios publicados en revistas como Reproductive BioMedicine Online muestran que numerosas parejas experimentan una intensa ambivalencia psicológica respecto a sus embriones criopreservados. Algunas personas los perciben como “posibles hijos”; otras, como material reproductivo con valor emocional, pero no equiparable a una persona. Esa ambigüedad explica por qué muchas decisiones se posponen indefinidamente.
La regulación principal en España es la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida. La ley establece cuatro posibles destinos para los embriones criopreservados: uso por la propia mujer o su pareja, donación con fines reproductivos, donación para investigación biomédica o cese de conservación. La norma obliga además a renovar periódicamente el consentimiento informado de los progenitores. Si tras varios intentos no es posible localizarlos, la responsabilidad queda en manos de los centros autorizados. Esta situación genera incertidumbres legales importantes, especialmente en casos de fallecimiento, divorcio o desacuerdo entre progenitores.
El Comité de Bioética de España ha debatido en distintos informes la necesidad de revisar algunos aspectos regulatorios relacionados con el almacenamiento prolongado y el estatuto jurídico del embrión preimplantacional. Las posiciones bioéticas sobre la FIV y la criopreservación embrionaria son divergentes. El Congreso ha aprobado la toma en consideración de una proposición de ley presentada por el PSOE para reformar la Ley de Reproducción Asistida y modificar así la regulación sobre la conservación de ovocitos. No hay consenso y tampoco sería suficiente.
El dilema de destruir, donar o almacenar
La Iglesia católica sostiene desde documentos doctrinales como Donum Vitae y Dignitas Personae que la vida humana posee dignidad plena desde la fecundación, y rechaza tanto la producción masiva de embriones como su congelación. En cambio, organismos científicos y corrientes bioéticas secularizadas suelen diferenciar entre embrión biológico y persona jurídica o moral plena. La Nuffield Council on Bioethics, por ejemplo, ha defendido históricamente enfoques gradualistas según los cuales el valor moral del embrión aumenta con el desarrollo biológico, sin equipararlo automáticamente a una persona nacida.
Entre ambos extremos existen posiciones intermedias, como limitar el número de embriones creados, imponer plazos máximos de almacenamiento, fomentar la donación reproductiva o restringir determinados usos de investigación. Muchos pacientes viven los embriones criopreservados como una extensión simbólica de su proyecto familiar. Por eso, decidir entre destruirlos, donarlos o mantenerlos almacenados puede convertirse en un conflicto emocional.
La medicina reproductiva ha logrado el nacimiento de millones de personas que décadas atrás jamás habrían existido. Pero el desarrollo tecnológico ha abierto una cuestión inédita en la historia humana: la existencia de enormes bancos de vida embrionaria suspendida durante años o décadas. ¿Cómo gestionar ética y jurídicamente las consecuencias de una tecnología capaz de separar fecundación, tiempo biológico y gestación humana?
