Casi siempre se asocia un colesterol alto con una vida sedentaria, un alto consumo de grasas saturadas y una alimentación con amplia presencia de los ultraprocesados.
No obstante, una parte de la población convive con un LDL (el colesterol “malo”) alto a pesar de llevar una vida sana. Estas personas padecen hipercolesterolemia familiar, o colesterol familiar.
Se trata de una condición silenciosa que, a menudo, afecta a mucha gente si que sean conscientes de ellos. Y sus consecuencias a nivel cardiovascular pueden ser muy graves si no se detecta a tiempo.
Normalmente, el colesterol elevado se produce por un desequilibrio metabólico. Es decir, que el cuerpo recibe más grasas de las que puede procesar, por lo que realizar una mayor actividad física y mejorar la dieta suele reajustar los niveles sin muchas complicaciones.
No obstante, el la hipercolesterolemia familiar (HF) es hereditaria. En muchos casos, se debe a mutaciones en el gen receptor de las LDL, el cual no funciona correctamente o directamente no existe. De este modo, este colestrol se deposita en las arterias y genera una placa que puede provocar una enfermedad caridovascular.
De acuerdo con la Fundación HF, 1 de cada 250 personas presentan esta condición. Sólo en España, se estima que 200.000 personas la padecen actualmente. Y lo peor, es que un porcentaje notable de esas personas no sabe que padece HF.
La detección temprana, vital frente al colesterol familiar

Para los pacientes con colesterol familiar, hacer ejercicio y comer mejor no sólo es un consejo insuficiente, sino peligroso.
Las estimaciones médicas apuntan a que, aunque una buena alimentación siempre es óptima, esta apenas logra reducir los niveles de colesterol hasta un 15% en personas con HF.
Los cambios en el estilo de vida no evitan la aterosclerosis (el desarrollo de placas de ateroma o LDL en la capa interna de la pared arterial). Y sus consecuencias pueden derivar en infartos de miocardio o accidentes cerebrovasculares.
De ese modo, una detección a tiempo puede evitar una gran carga acumulada de LDL en las arterias de los afectados por HF. A través de análisis de sangre y otros estudios sanitarios, este problema puede diagnosticarse y empezar a tratarse.
Hoy en día, lo más común es tratarlo con estatinas, a menudo combinadas con otros fármacos. Gracias a estos, se puede lograr reducir los niveles de LDL a muy bajos y compensar los años anteriores a la intervención médica.
El diagnóstico y tratamiento precoz, especialmente en la infancia o la adolescencia, puede equiparar la esperanza de vida de estos pacientes a la de la población general. Así lo advierte la European Society of Cardiology (ESC), la cual anima a realizar los convenientes análisis e inspecciones médicas a los menores de edad para garantizar su salud.
Además, se debe tener en cuenta que la probabilidad de transmisión de LDL familiar de padres a hijos ronda el 50%. Por este motivo, es importante hacer tests sobre los familiares de primer grado, en caso de detectar un caso en la familia. Pueden salvar más de una vida.
