“Soy carne de meme”. José Luis Ábalos habló por fin desde el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo, este lunes, para negar haber ejercido un rol de liderazgo en la trama de corrupción del caso ‘mascarillas’. A la vista de sus palabras, en su partido recordaron otra comparecencia en la que Ábalos ya había logrado descolocarlos: “Siento que me enfrento a todo. Vengo solo en mi coche, no tengo secretaria, no tengo a nadie”.
Fue en febrero de 2024, antes de que el entonces diputado raso pasara al grupo mixto en el Congreso presionado por su partido. Le habían metido en las listas electorales poco más de seis meses antes. La sordidez de los hallazgos sobre su vida personal, o lo gráfico de su forma de expresarse -“Descubrí lo que significaba la palabra ghosting“[con Jéssica Rodríguez]”- han alimentado horas de tertulias estas semanas, y son los elementos que hoy destacan quienes compartieron filas con él. No quieren ir más allá.
No obstante, reconocen que ni sus formas ni el “salseo” que le rodea bastan para eclipsar la gravedad de las acusaciones que pesan sobre el exnúmero tres socialista. Ni para restar crudeza a su imagen en el banquillo de los acusados, tras varios meses durmiendo en prisión preventiva: “Duele por lo que fue”, reconocieron hace días desde el Ejecutivo.
Dos años y tres meses después la comparecencia que marcó su ruptura oficial con Ábalos, los socialistas muestran su hartazgo por la erosión que les ha generado su supuesta corrupción, y dejan ver su deseo de pasar de pantalla cuanto antes. “A ver si termina ya”, deseaba un dirigente, mientras el exministro de Transportes y exsecretario de Organización socialista declaraba desde el Alto Tribunal. “Nada nuevo”, se escurría otro. En esencia, argumentaron que no hay nada que añadir tras escucharle, y que sólo queda esperar la sentencia.
El interrogatorio a Ábalos, inicialmente agendado el pasado miércoles, tuvo que retrasarse al jueves, y finalmente a este lunes, dada la extensión de las declaraciones de los también acusados Víctor de Aldama y Koldo García. El Gobierno, con Pedro Sánchez de viaje oficial en Armenia, ha evitado entrar en el fondo de la cuestión. En su lugar, ha desplegado una estrategia que se articula sobre dos patas: por un lado, intentan desmarcarse, destacar la “rápida” expulsión de Ábalos del partido. Por otro, colocan al comisionista Aldama en su diana.
El miércoles, Aldama situó al presidente del Gobierno en la cúspide de la supuesta organización criminal, además de intentar asociar con ella a la candidata andaluza socialista y exvicepresidenta primera, María Jesús Montero. No aportó prueba alguna que sustentase sus acusaciones, para enfado de los socialistas.
Ni Moncloa ni el PSOE quieren hablar del fondo: “Que se atenga a la sentencia”
Casi una semana después de las palabras de Aldama, no ha habido respuesta directa por parte del presidente. Tampoco este martes está prevista ninguna intervención en la que Sánchez se exponga a las preguntas de los medios.
Sí han salido a la palestra varios ministros y cargos orgánicos del partido, para negar las acusaciones del comisionista. Además, el Gobierno ha pedido el amparo del Alto Tribunal, toda vez que ve difícil que prospere una querella por sus ataques. El acusado sí tiene derecho a mentir para defenderse, y además lo hizo desde la sala de enjuiciamiento. Con dificultades para explorar esta vía, y mientras Ábalos estaba sentado ante el tribunal, los ministros volvieron a ensayar el esquema de respuesta del que no se han salido hasta ahora, siguiendo la estela de las últimas semanas.
“Somos los más interesados en que la Justicia haga su trabajo”, afirmó la ministra portavoz, Elma Saiz. También dijo que el Ejecutivo afronta “con total normalidad” esta cita judicial. “Se le apartó con contundencia y rapidez. De hecho, hay quien nos criticó por actuar tan pronto”, afirmó el titular de Transformación Digital, Óscar López, en una entrevista en La Hora de la 1.
Poco después, el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, también compareció ante los medios para defender la “agilidad y contundencia” con la que los suyos actuaron contra Ábalos. “Ni siquiera había una investigación judicial abierta”, dijo, cuando lo apartaron “de toda responsabilidad y de la militancia”. Estrictamente, la expulsión de Ábalos no se decidió hasta un año y varios meses después, cuando estalló el escándalo de Santos Cerdán, su sucesor como número tres del PSOE. Antes sólo se había acordado su suspensión provisional de militancia.
Con distintas fórmulas, los ministros y los distintos portavoces socialistas replican esta idea: “Que [Ábalos] se atenga a la sentencia, nosotros lo hemos expulsado”, afirman desde la cúpula del PSOE. “Fue apartado desde el primer momento y ahora es el tiempo de la Justicia”, insisten en Ferraz. La sensación de hartazgo convive con el convencimiento de que la presunta corrupción del exhombre fuerte de Sánchez en el Gobierno y en su partido ya está “amortizada”, que difícilmente puede causarles aún más daño. Por más que estos días les resulte especialmente difícil de digerir.
Bolaños demanda a Aldama y el PSOE no cierra la puerta a hacer lo propio
Por lo pronto, el Gobierno y el PSOE han cargado las tintas contra el supuesto comisionista de la trama. “Aldama tiene una estrategia empresarial, procesal y personal para atacar al gobierno y aclamar la absolución mediática”, sintetizan desde la cúpula de Ferraz.
También en paralelo a la declaración de Ábalos, Bolaños explicaba ante los medios que ha demandado al comisionista por supuesta vulneración del honor, después de que afirmase en un medio de comunicación que el ministro intentó “comprar su silencio”. “No he hablado con él en mi vida, no tengo ni su móvil, ni el suyo ni el de la persona que dice ser la portavoz”, aseguró.
Bolaños, que tildó sus acusaciones de meras “difamaciones” y “mentiras”, también confirmó el registro de su demanda el viernes, dos días después de la declaración de Aldama desde el banquillo de los acusados. El comisionista no aludió entonces a supuestas vinculaciones del ministro con la trama -la demanda describe episodios anteriores-.
Antes de la comparecencia del ministro de Presidencia, cuya actuación fue adelantada por ElDiario.es, el titular de Transformación Digital bendijo la decisión de Bolaños. Es “un ejemplo maravilloso” y “perfecto” de que Aldama ha esparcido “mentiras clarísimas y muy contundentes”. López no cerró la puerta a que su partido se querelle contra él por insistir en la supuesta financiación irregular del PSOE.
Horas después, Ábalos también cargaba contra el comisionista, deslizando que su expareja, Jessica Rodríguez, habría podido pactar su declaración con él. Rodríguez dijo no conocer a Aldama, pero el exministro afirma lo contrario. “No encuentro motivo alguno para que diga que no lo conoce, salvo que haya un asunto que hayan arreglado”.
También consideró “impostura” el relato de Aldama sobre Venezuela. Y dijo que nunca formó parte de ningún órgano de contratación. Hasta ironizó con las conclusiones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que le afea que no hay certificado el origen de 94.800 euros de su patrimonio: “500 euros al mes por el gran caso de corrupción”. Para él, el caso mascarillas es “un caso mediático, juzgado hace tiempo”. Para el PSOE es un pesadilla que por fin se acerca a su final.
