MAGA

La guerra de Irán abre una crisis en el corazón del trumpismo

Tras romper la promesa fundacional de no participar en más guerras, los críticos dentro del movimiento MAGA alzan sus voces contra el conflicto bélico y acusan a Trump de traición

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La guerra en Irán, ¿hace América grande de nuevo?
KiloyCuarto

La apuesta de Donald Trump por una guerra con Irán está abriendo una grieta profunda en el movimiento Make America Great Again (MAGA), una coalición política que, hasta hace poco, parecía definida por su cohesión en torno a la figura del presidente. Rota la promesa fundacional de no participar en más guerras, los críticos dentro del movimiento alzan sus voces. Todos ellos reflejan su sensación compartida de traición.

El detonante inmediato ha sido la intervención militar en Irán. Cuando la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, compareció esta semana ante el Senado para defender la decisión, su testimonio trataba de justificar la operación dentro de una coalición política heterogénea. Pero esa tarea se ha vuelto cada vez más difícil a medida que sujetos relevantes del propio entorno trumpista han empezado a desmarcarse públicamente.

El caso más significativo es el de Joe Kent, hasta hace poco director del Centro Nacional de Contraterrorismo. Su dimisión ha tenido un impacto político considerable por el cargo que ocupaba y el contenido de su carta al despedirse. “No puedo en conciencia apoyar la guerra en curso en Irán”, escribió. Y añadió una acusación directa que golpea el núcleo del discurso presidencial. “Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación”. Kent fue más allá al sostener que el conflicto “se inició por la presión de Israel y su poderoso lobby en Estados Unidos”, cuestionando así la estrategia y las motivaciones de la Casa Blanca. “Es un hombre débil” ha dicho Trump al hablar de la salida de Kent.

El ya ex director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent
Europa Press

Pero su marcha es especialmente dañina porque Kent formaba parte del propio aparato de seguridad nacional y estaba alineado ideológicamente con el trumpismo. Su testimonio refuerza la percepción de que la Administración no ha logrado articular una justificación coherente para la guerra, alimentando dudas incluso entre sus aliados.

En el ámbito mediático, algunas de las figuras más influyentes del ecosistema conservador han expresado también críticas contundentes. Tucker Carlson, uno de los principales altavoces del trumpismo durante la campaña de 2024, calificó los ataques como “absolutamente repugnantes y malvados”, y advirtió de que podrían “reordenar completamente el movimiento”. Sus palabras reflejan una estratégica que altera la identidad misma de MAGA.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Sala de Situación de la Casa Blanca en Washington
Efe

En la misma línea, la comentarista Megyn Kelly y Joe Rogan, dos grandes referentes de la derecha, han cuestionado la coherencia de una política que contradice el mensaje de “no más guerras”. La congresista Marjorie Taylor Greene lo expresó de forma directa. “Nuestra campaña decía ‘cero guerras’”.

El malestar se extiende a las figuras más radicales del movimiento. Nick Fuentes acusó a Trump de “traición a MAGA y a América Primero” por lanzar lo que describió como una “guerra agresiva por Israel”. Aunque su posición es extrema, ilustra el grado de polarización interna. Uno de los gestos más simbólicos de ruptura ha sido el de Stewart Rhodes, fundador de la milicia Oath Keepers, quien anunció que “ya no es MAGA”. Su abandono del movimiento, motivado explícitamente por la guerra, refleja hasta qué punto la decisión de Trump está erosionando apoyos en sectores que antes eran incondicionales.

La traición de Trump a sus fieles

El descontento también se manifiesta en el ecosistema digital que impulsó el trumpismo. Rogan, una de las voces más influyentes entre los votantes jóvenes y el público masculino que apoyó a Trump, resumió el sentimiento de muchos seguidores. “La gente se siente traicionada”. Rogan recordó que Trump “hizo campaña prometiendo no más guerras” y que ahora Estados Unidos está involucrado en un conflicto “que ni siquiera sabemos explicar claramente por qué empezó”.

A estas críticas se suman las de figuras vinculadas al mundo empresarial y de seguridad. Erik Prince, fundador de Blackwater y aliado histórico de Trump, afirmó que la operación “no está en el interés de Estados Unidos” y es incompatible con los compromisos de MAGA. Por su parte, el congresista Thomas Massie advirtió que los únicos beneficiarios serán “los contratistas de defensa”, mientras los ciudadanos enfrentan el aumento de los precios del combustible y los alimentos.

Trump, ¿un títere de Israel?

Otro foco de tensión es la relación con Israel, que se ha convertido en un elemento central del debate interno. Carrie Prejean Boller, exfuncionaria de la Administración Trump, rompió públicamente con el presidente en términos especialmente duros. “Ya no reconozco a nuestro presidente. Creo que somos una nación ocupada. Creo que un país extranjero ha ocupado nuestro Gobierno”, en referencia a Israel. Y remató con una frase que sintetiza el nivel de ruptura. “MAGA está muerto. Más que muerto. Y los estadounidenses están furiosos”.

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Manifestantes contra la guerra con máscaras del presidente estadounidense Donald Trump y Benjamin Netanyahu
EFE/EPA/JEON HEON-KYUN

Estas declaraciones evidencian una línea de fractura particularmente delicada, en la que confluyen críticas legítimas a la política exterior con narrativas conspirativas sobre la influencia extranjera. Para el Partido Republicano, gestionar este discurso sin perder apoyos se convierte en un desafío complejo. A pesar de esta cascada de críticas, el núcleo duro del movimiento sigue respaldando a Trump. Más del 90% de los votantes que se identifican como MAGA apoyan la guerra, lo que confirma que la lealtad personal al presidente sigue siendo un factor determinante.

Entre los republicanos no alineados con MAGA, cerca de una cuarta parte rechaza la intervención. Entre los independientes, el rechazo es aún mayor. Este dato es clave porque fueron precisamente esos votantes los que permitieron a Trump construir una mayoría en 2024. Sin ellos, su coalición se debilita significativamente.

La presión económica

Además, el impacto económico del conflicto añade presión al Gobierno. El aumento del precio de la gasolina y el riesgo de inflación afectan directamente a las preocupaciones cotidianas del electorado. Como señaló Massie, la percepción de que la guerra beneficia a intereses ajenos puede agravar el desgaste político.

El éxito político de Trump ha dependido de su capacidad para integrar corrientes diversas bajo una narrativa común. Hoy nadie sabe lo que significa “América primero” y el desafío es controlar la erosión progresiva. Votantes que se abstienen, aliados que se distancian, figuras influyentes que retiran su apoyo. En un contexto de polarización extrema, estos movimientos suelen ser decisivos. La guerra en Irán ha actuado como un catalizador de las tensiones que ya existían. Pero ahora esas tensiones tienen rostro y palabras. Desde Joe Kent hasta Tucker Carlson, pasando por Marjorie Taylor Greene o Joe Rogan, las críticas dibujan un mapa de desafección que atraviesa todo el movimiento. Si MAGA nació como una reacción contra las guerras del pasado, la actual intervención obliga a redefinir su identidad. Y en esa redefinición, no todos están dispuestos a seguir a Trump.