Opinión

FIFA impulsa la igualdad

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Esta semana ha sido noticia una medida pionera que la FIFA ha aprobado en el Consejo celebrado en Zurich para el fútbol femenino. A partir del próximo Mundial femenino sub 17 y sub 20 que se celebra este mismo año, los banquillos de las selecciones tendrán que contar con, al menos, una entrenadora principal o asistente. Así tendrá que ser el el próximo Mundial femenino que se celebrará en 2027 en Brasil, al que España defenderá el título logrado en Australia 2023.

La iniciativa pretende que el rápido crecimiento del fútbol femenino suponga igualmente un impulso a la presencia de mujeres en áreas donde el crecimiento es muchísimo más lento que sobre el césped. Los banquillos siguen siendo eminentemente masculinos y no digamos el área directiva.

En el último Mundial solo 12 de los 32 seleccionadores eran mujeres, y a partir de octavos sólo sobrevivió una de ellas, la inglesa Sarina Wiegman, subcampeona. Se da la circunstancia curiosa de que en aquel Mundial, España habría cumplido con la norma que se implanta ahora, ya que Montse Tomé era la segunda de Jorge Vilda. La imagen de Rubiales llevándose la mano a sus testículos para celebrar el título fue la mejor prueba de que el mando, allí, era cosa de hombres.

Sarina Wiegman, la seleccionadora de Inglaterra que sigue haciendo historia con las lionesses

El panorama del organigrama de la RFEF para el fútbol femenino ha cambiado mucho desde entonces. Ahora Sonia Bermúdez es la seleccionadora española y su segunda es Iraia Iturregi. La coordinadora de las selecciones nacionales femeninas es María Pry. Solo un hombre es el seleccionador de la sub 19 y sub 20, David Aznar. El resto de selecciones las dirigen mujeres. También recae sobre otra mujer el cargo de Directora de fútbol femenino de la RFEF desde hace un año, es Reyes Bellver, a quien la nueva norma de la FIFA no va a obligar a reestructurar nada porque ya había hecho los deberes.

Sonia Bermúdez en un entrenamiento con ‘La Roja’ en Las Rozas
@SEFutbolFem

La cuestión cambia radicalmente si hablamos de fútbol sin entrar en el género. Y ahí la FIFA no se ha atrevido a intervenir. En una encuesta del propio organismo mundial en 2023 quedó patente el ridículo porcentaje de entrenadoras entre las federaciones miembros de FIFA, tanto en equipos masculinos como femeninos. Solo un 5% eran mujeres.

Es de alabar que FIFA intervenga con esta novedosa norma para impulsar la presencia de la mujer en los banquillos, pero si de verdad quiere buscar a medio o largo plazo la paridad, hubiera sido fantástico que la norma no se limitase exclusivamente al fútbol femenino, sino al fútbol, sin acotar el género.

¿Llegará?

Si nadie se escandaliza cuando un equipo femenino es dirigido por un hombre, nadie debería escandalizarse tampoco al ver a una mujer entrenando a un equipo masculino, pero eso, en el fútbol español, parece ciencia ficción.

Para ello primero debería ser ya habitual la presencia de mujeres en los cursos de UEFA Pro y en las distintas promociones de los cursos de entrenadores. Si una jugadora que se retira ve recorrido y futuro en los banquillos -con la nueva normativa se abren más puertas- es lógico pensar que, poco a poco, acceda a la formación de manera natural y el porcentaje de entrenadoras no sea tan pequeño como ahora.

Hace falta derribar poco a poco esa masculinización secular de un trabajo, el de entrenador o entrenadora que rompa con el estereotipo tradicional. Y la medida de FIFA ayudará, aunque hubiera sido de mucha más ayuda si afectase al fútbol sin distinción de género. Eso sí hubiese sido derribar barreras de verdad.

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