“Yo he estado muy metida en toda la protección de la marca. La verdad que es un tema muy complicado porque yo creo que en España hay muy poco respeto por la Propiedad Intelectual. Y eso es lo primero que tiene que cambiar”, ha planteado Ágatha Ruiz de la Prada en la Presentación de la Comisión de Propiedad Intelectual y Derecho de la Publicidad de Women in a Legal World (WLW) el pasado jueves en la sede de Ecija.
Ruiz de la Prada fue presentada por Ana Padial, socia directora del Departamento de Patentes y Marcas en Sol Muntañola y coordinadora de la Comisión de Propiedad Intelectual de WLW. Aunque al día siguiente tenía un desfile, quiso acompañar a WLW en el lanzamiento de una comisión que va a lidiar con una problemática que vive cada día y que le quita tiempo y dinero, y que equiparó a la cultura cívica y al pago de impuestos: “Me encantan los muebles y nunca pondría una copia en mi casa. Toda mi vida he pagado impuestos, porque yo vivía al lado de Antonio Garrigues Walker. Y él hablaba mucho de la importancia de pagar impuestos. Es verdad que he conocido poca gente en mi vida que le importe menos el dinero que a Antonio Garrigues Walker. Es esa cosa moral de pagar los impuestos que yo la he tenido siempre”.
A lo que sumó otro factor: “Mi vida ha sido bastante complicada, durante muchos años he estado cerca de gente con poder y con muchos enemigos y me convenía mucho portarme bien por la cuenta que me traía”.
Ruiz de la Prada recordó que “grandes empresas, grandísimas empresas se han hecho basadas en la copia. Hay gente que conozco en España a la que le encanta no pagar nunca a la Seguridad Social, pagar el mínimo o nada de impuestos y comprar cosas falsificadas, copias, coger a un decorador que esté copiando a otro, un cuadro que sea una copia, en fin. Es diferente el que no sabe mucho de arte. Es muy importante la cultura”.
Los jóvenes no pueden permitirse una abogada
“Soy muy fácil de identificar. En el momento en el que yo empecé a vender, en ese momento me empezaron a copiar. Fui a una feria de sábanas y toallas muy importante, vendimos unas barbaridades, y llegó un momento que cuando entraba a la feria, no sabía cuál era mi stand, porque todo eran copias mías. Todo esto va en contra de tus horas de trabajo y de creatividad”, rememoró.
La diseñadora elogió a su abogada interna, Macarena (Azcárate Manchado), que pasa varias horas al día ocupándose de este asunto. “Tiene la cabeza como un bombo. Pero, ¿cuántos diseñadores jóvenes que empiecen se pueden permitir tener una abogada? Por no decir lo que cuesta registrar la marca en países en los que luego puede que apenas vendas”.
“Ahora mismo estamos firmando contratos en Colombia, Argentina, pero casi pierdes dinero. Hubo un año a principios de los 2000 que pagué casi un millón de euros de protección de la marca, imaginaos”, relató.

“Te dedicas a luchar y a luchar, pero al final hay veces que dices: “Es que no, a lo mejor no gano tanto dinero”, y luego la Justicia no ayuda”, lamentó. En cambio, se despidió con un “¡viva la Guardia Civil!” ante Raquel Herrero, teniente del grupo de Delitos Económicos de la Unidad Técnica de Policía Judicial, que participó en la sesión.
La lentitud de la Justicia y los trámites
“Las pocas experiencias que he tenido de juicios, me han hecho desconfiar, alargan todo muchísimo. Entonces, cuando una persona intenta ser creativa y dedicarse a la creatividad, pero tiene que pasar todas esas barreras, es muy difícil. No sé si ahora con la Inteligencia Artificial o con lo que sea, esto mejorará, será más fácil”, planteó.
Entre las dificultades, aludió a los trámites y a los abogados, cabe suponer que externos: “Vas a hacer un contrato y entonces te pones de acuerdo con el presidente, con el CEO, o con quien sea. Y luego hay 20 tíos debajo que lo único que quieren es alargarlo, porque cobran por hora o por lo que sea. Una persona que sea un poco creativa no coge el proyecto con las mismas ganas”.
También mencionó otro problema que se está viviendo en la industria textil a cuenta del “movimiento brutal de la fast fashion y de Internet y las devoluciones gratuitas, dos factores morrocotudos”. Acaba de estar en Chile, en un sitio que se llama Iquique en el desierto de Atacama, con “montañas de basura textil. A las empresas ya no les compensa quedarse con las prendas devueltas porque no están en condiciones óptimas y, para no bajar sus precios, todo eso va para el desierto de Atacama. Muchas cosas con la etiqueta y sin estrenar, buenas, de marca”.
