¿Cómo pasa una adolescente de Palma de Mallorca de la danza competitiva al escaparate del pop nacional? Para Daniela Blasco (20 años), la respuesta se resume en disciplina. Tras convertirse en una de las revelaciones del Benidorm Fest en 2025, su carrera ha avanzado entre nuevos lanzamientos, escenarios cada vez más grandes y una exposición pública que obliga a madurar deprisa.
En plena promoción de su último single, “Mentira”, Blasco conversa con Artículo 14 sobre aquel punto de inflexión, la exigencia constante hacia las artistas femeninas y cómo aprender a sostener la presión sin perder identidad.
Ha pasado un año desde tu segundo puesto en el Benidorm Fest. ¿En qué momento sentiste que aquello fue un punto de inflexión real en tu carrera?
Sin duda, el Benidorm Fest ha sido un punto de inflexión en todos los sentidos, tanto en lo personal como en lo profesional. Me impulsó a ponerme las pilas en todo: en los ensayos, en sacar un show adelante… Fue el primer directo de mi vida y no estaba acostumbrada a hacer un show de este calibre: de tener que estar bailando y cantando a la vez. Me puse el reto de sacar ese show adelante, así que sin duda fue un cambio y mi vida dio un giro, me brindó muchísimas oportunidades. Después de este año pasado he podido hacer muchísimos shows que soñaba con hacer de pequeña.
El segundo puesto te dio visibilidad, pero también una narrativa pública. ¿Te sentiste encasillada en algún momento?
Siempre que tienes cualquier foco en ti, hay cierta presión. En estas situaciones siempre la gente va a esperar algo. Pero ahí cada uno tiene que hacer su trabajo personal de decir: “vale, voy a seguir, voy a hacer lo que a mí me gusta, voy a seguir mi carrera, voy a aprovechar esta visibilidad y sacar todo lo positivo”. En mi caso yo me he quedado con todo lo positivo. Realmente me llevo una experiencia increíble y me encanta todo lo que ha surgido a raíz de eso.
Hablas mucho de disciplina y ética de trabajo. ¿Después del Benidorm empezaste a sentir que te miraban más como “producto” que como artista?
Ya te digo, creo que es el trabajo personal de cada uno ser consciente de su carrera y su trayectoria.
Volver a actuar allí, aunque sea como invitada, ¿te removió algo? ¿Lo viviste con más calma o con más presión?
Pues si te soy sincera, sí. De hecho, los días antes no podía dormir y no sé por qué. O sea, tenía una presión de volver a actuar en Benidorm, como que sentí tanta presión el año pasado que inconscientemente, aunque no la tuviera este año porque no tenía que competir por nada, y simplemente iba ahí a disfrutarlo, estaba nerviosa. No podía dormir y también ahí, estaba medio tensa, medio acelerada, pero aún así lo he disfrutado. También fue llegar ahí y relajarme, ver que todo estaba bien y que podía disfrutar, pero sí que me removía. Al final vivimos por esas sensaciones y por esa adrenalina que te causa y los nervios son parte del proceso, así que espero y creo que nunca se me irán.
“Mentira” inaugura una nueva etapa estética y sonora. ¿Dirías que ahora tienes más claro quién es Daniela Blasco como artista?
Sí. Es un cambio un poquito radical porque de repente me puse pelucas, quise indagar un poco, probar cosas nuevas que nunca había hecho, siempre iba con el pelo largo y quise hacer un cambio para probar. Te diría que esta nueva Daniela es más madura porque me he pasado todo este año pasado trabajando un poco en mí, trabajando en mi proyecto, canalizándolo y viendo todo lo que quería mostrarle a la gente. Entonces, no te diré que todo el año vaya a ser una peluca rosa. Pero sí que ha marcado un punto de una Daniela más madura y sin tanto miedo a exponerse.
Tu proyecto es profundamente físico: coreografía, imagen, presencia escénica. ¿Sientes que el cuerpo de una artista femenina se analiza más que su propuesta musical?
Te diría que en general, por desgracia, es así. De hecho, día a día leo muchísimos comentarios, sobre todo de mujeres, porque tristemente a los hombres no se les dice absolutamente nada cuando están encima de un escenario, pero es verdad que las mujeres siempre tenemos que estar perfectas. Están a buscar el detalle, al fallo siempre, cuando tenemos mucho más que ofrecer y la música va muy por encima de eso. Entonces, sí, a veces he sentido eso y es triste porque te causa una presión de tener que estar perfecta, incluso cuando nunca va a ser así, porque empezamos a bailar, empezamos a sudar y no, nadie va a estar perfecto en ningún momento. Entonces, por lo general, es verdad que desgraciadamente nos pasa a nosotras y nos las cargamos nosotras siempre.
¿A qué crees que se puede deber esa doble moral a la hora de exigir a una artista femenina en comparación con un hombre?
Te diría que las mujeres han dejado el nivel alto. Hay muchos espectáculos de mujeres que yo he ido a ver, por ejemplo, Karol G monta un show por el que yo moriría: tantas bailarinas, tantas mujeres, tan bueno, tantos bailarines también, porque también había hombres, y todo era tan impresionante que yo creo que la gente ha visto que somos capaces, que somos lo más.
Has citado referencias internacionales muy claras. ¿España está preparada para una artista pop con ambición global o todavía penaliza la ambición femenina?
Yo creo que estamos en proceso. Rosalía ha hecho mucho bien y ha roto muchas barreras. Así que creo que estamos mejorando y evolucionando bastante más rápido en eso gracias a mujeres como ella que han hecho esto posible, que cuesta, pero lo han conseguido, poco a poco.
En el pop actual está todo muy planificado. Cuando se habla de “estrategia”, ¿te molesta que se asocie a algo frío, cuando puede ser una forma de proteger tu identidad artística?
Yo personalmente siempre suelo trabajar así, suelo partir de la base de una idea, que de repente se me viene a la cabeza y a mí me encanta el proceso de llevarla a cabo y darle forma, tanto en música como en movimiento, como en dirección creativa de los videoclips. Es verdad que yo siempre a la mínima que escucho algo ya me gusta y es algo que con lo que me siento identificada, a la mínima me imagino el videoclip. Entonces yo siempre trabajo así, creando el concepto a raíz de una idea, y la verdad es que me encanta, me encanta todo ese proceso. Creo que es lo que más disfruto.
En esta nueva etapa, ¿tienes más control sobre las decisiones creativas? ¿Has tenido que decir “no” para no diluir tu proyecto?
Gracias a Dios, tengo un equipo increíble. Yo llevo con mi equipo desde que empecé. Ellos han estado mirando desde siempre y es verdad que me protegen de la industria y, es feo decirlo así, pero son un poco el filtro y son como mi familia y me protegen en ese sentido. Ellos y yo somos uno. Entonces, mis ideas y las suyas siempre son prácticamente las mismas. Siempre estamos de acuerdo para luego lucharlo con el exterior porque, al final, para llevar algo a cabo, conlleva muchísima gente, muchísimas opiniones, muchísimas ideas y gente que te dice que sí o que no. Pero mi equipo interno, que es el de siempre, me apoya mucho, estamos muy alineados siempre y me lo hacen todo más fácil.
Cuando haces música, ¿piensas en las listas y el streaming o en la experiencia en directo?
Yo creo que todos inconscientemente siempre tenemos esos pensamientos en la cabeza porque ahí al final está la orden del día y es lo que hay. Ojalá no fuera así, ojalá cada uno fuera súper mega libre de hacer lo que a cada uno le guste sin tener ningún tipo de prejuicio antes. Pero siempre tenemos esa idea. Aun así, yo intento evadirme un poco y seguir lo que soy yo, lo que a mí me nace, porque soy súper partidaria de que siempre te va a salir mejor si es auténtico, si sale natural y si es orgánico en ti. Así que intento seguir lo que a mí me gusta y no dejarme llevar tanto por la ola de todo.
La exposición constante puede ser adictiva y agotadora. ¿Cómo separas validación externa y autoestima?
Esto es un trabajo personal que hice muchísimo el año pasado. Durante el Benidorm Fest, no miré el móvil, no era consciente de la magnitud que llegó a alcanzar el programa hasta que una semana y media después estaba en mi casa ya tranquila, bajando todo a tierra y mirando el móvil y me empezaban a salir cosas y dije: “¡Ostras, yo no sabía que todo esto estaba ocurriendo a mi alrededor!”, porque estaba tan focalizada en el show… Y no quería sugestionarme con nada, ni positivo ni negativo, no quería dejarme llevar y decir: “Bueno, lo tengo controlado porque la gente está contenta”, ni “No tengo nada controlado, la gente se está metiendo conmigo”. No quería saber nada de nadie. Y dije, “No miro el móvil”. Y creo que me fue súper bien. Es verdad que llevo muchos años en redes sociales desde que soy pequeña. Antes me llevaban la cuenta mis padres, cuando era menor. Pero aun así, aunque ellos intenten protegerte, al final algo ves, algo lees, ya no tuyo, sino de otra gente, las redes están repletas, por desgracia, de odio. De amor también, pero hay odio. Y pesa, pero yo intento no hacerle caso, porque al final estás tan acostumbrada a leer cosas sin sentido que la gente escribe por escribir… Yo ya he pasado ese trabajo personal, ya lo he superado y cada uno se tiene que enfocar en lo suyo. Acepto las opiniones, porque evidentemente no se puede gustar a todo el mundo y es lo más normal. Pero hay una delgada línea entre eso e insultar o escribir comentarios despectivos.
¿Te interesa convertirte en un icono generacional o prefieres que tu música hable sin ese peso simbólico?
A mí me encantaría. Además, trabajo súper bien bajo presión, no me cuesta, siempre ha sido mi método de trabajo y lo tolero bien. Es verdad que hay gente a la que le cuesta y lo entiendo perfectamente, pero en mi caso trabajo súper bien bajo presión, de hecho, me pongo más las pilas, me motiva y me espabilo más en general. Así que me encantaría, estoy súper dispuesta, sueño súper alto y también trabajo cada día para que eso ojalá pueda hacerse realidad.
Si dentro de tres años miras atrás, ¿qué tendría que haber pasado para sentir que esta etapa ha sido un éxito?
Yo creo que sacar mucha música y poder hacer muchos conciertos y seguir trabajando como he hecho hasta ahora. Es un camino muy difícil, nadie dijo que fuera fácil. Cada uno tiene sus incertidumbres, al final vivimos con incertidumbre de qué pasará, qué no pasará, aunque tú en tu interior creas profundamente en ti.
