Indra afronta una nueva etapa con el objetivo de reforzar su posición en Europa y consolidarse como una compañía clave en el sector tecnológico y de defensa. Ese es el mensaje que la nueva dirección ha querido trasladar a la plantilla en un momento especialmente delicado para la empresa, tras la salida de Ángel Escribano y en medio de una exposición mediática que la cúpula considera excesiva. Lejos de anunciar una revolución interna, el nuevo presidente, Ángel Simón, y el consejero delegado, José Vicente de los Mozos, han apostado por un discurso de estabilidad, continuidad y ambición de futuro.
La gran novedad es que Indra presentará después del verano un nuevo plan estratégico con el que pretende dar un salto de escala a nivel europeo. La decisión llega en un contexto en el que la hoja de ruta anterior, diseñada durante la etapa de Marc Murtra y acelerada posteriormente, se da prácticamente por completada tras los récords financieros logrados por la compañía. El reto, por tanto, ya no es solo mantener el rumbo, sino abrir una nueva fase de crecimiento con más adquisiciones, más inversiones y una vocación mucho más clara de liderazgo continental.
Una transición sin sobresaltos en la cúpula
Uno de los mensajes centrales trasladados por la dirección a los trabajadores ha sido la voluntad de evitar cualquier imagen de ruptura. Indra quiere proyectar tranquilidad dentro y fuera de la empresa. Tanto Simón como De los Mozos han negado que vaya a producirse una reestructuración profunda en el equipo directivo, aunque sí han dejado abierta la puerta a ajustes puntuales si en algún momento se consideran necesarios.
Ese matiz es importante porque llega tras semanas de ruido alrededor de Indra, una compañía que se ha convertido en una pieza central dentro de la estrategia industrial y de defensa española. La empresa sabe que está siendo observada con especial atención, tanto por el mercado como por las instituciones. Y por eso la nueva presidencia ha querido subrayar que la gobernanza será una de las prioridades de esta nueva etapa.

Ángel Simón, de hecho, ha querido dejar claro ante la plantilla que no tiene ningún “interés económico” más allá de su papel como presidente y que no existe ningún “conflicto” en su posición.
Un plan para crecer en Europa
El nuevo plan estratégico de Indra no partirá de cero. La compañía mantendrá las prioridades esenciales que ya venía desarrollando, pero incorporará nuevas metas adaptadas al momento actual. La idea es aprovechar el impulso conseguido en los últimos años para escalar posiciones en Europa y responder también a las expectativas del Gobierno, que ve en la empresa a un campeón nacional en el ámbito de la defensa y la tecnología.
Ese salto europeo deberá traducirse en decisiones concretas. La futura hoja de ruta incluirá adquisiciones, inversiones y una política de cooperación más amplia con el tejido industrial español. En ese punto, Indra quiere presentarse como una empresa capaz de liderar sin aislarse, es decir, de crecer manteniendo abiertas vías de colaboración con otras compañías del sector.
La voluntad de cooperar incluso con actores con los que ha existido tensión en el pasado revela hasta qué punto la empresa quiere dejar atrás ciertas dinámicas de enfrentamiento para centrarse en la escala y en la ejecución.
El objetivo económico de 2026
A corto plazo, Indra mantiene metas económicas muy ambiciosas. José Vicente de los Mozos ha reiterado que el objetivo para este año es superar los 7.000 millones de euros de ingresos y rebasar los 700 millones de euros de beneficio operativo. Son cifras que reflejan la dimensión del momento que vive la empresa y que explican también por qué su nuevo plan estratégico se plantea no como un simple ajuste, sino como una fase de expansión.

Para alcanzar esos números, la compañía quiere reforzar el contacto con accionistas, proveedores y clientes, al tiempo que intenta blindar su estabilidad interna. No es casual que la dirección haya insistido ante la plantilla en la necesidad de frenar las filtraciones a la prensa. La cúpula considera que Indra está ocupando demasiados titulares y que parte de esa exposición no se corresponde con la realidad de la empresa.
Por eso se ha pedido responsabilidad interna y se ha adelantado que habrá una trazabilidad más estricta de los documentos que circulen dentro de la organización, incluidos los del consejo de administración.
Defensa, contratos y reputación
El papel de Indra en el ámbito de la defensa será decisivo en esta nueva fase. La empresa recibió el año pasado una gran dosis de confianza por parte del Ministerio de Defensa, que le adjudicó numerosos contratos militares. Esa posición privilegiada, sin embargo, viene acompañada de una exigencia mayor. La prioridad inmediata no es tanto reclamar más carga de trabajo como demostrar capacidad para cumplir con lo ya comprometido.
En ese terreno, uno de los focos más sensibles está en el programa del blindado 8×8 Dragón. La dirección ha dejado entrever que acelerar las entregas será una cuestión clave, no solo por razones industriales, sino también por reputación. De los Mozos ha asumido que en ese proyecto Indra se juega buena parte de su credibilidad. Y esa palabra, credibilidad, resume muy bien el desafío de fondo: la empresa quiere crecer, quiere ganar peso en Europa y quiere consolidarse como actor estratégico, pero para hacerlo necesita demostrar que su ejecución está a la altura de la ambición.
