Opinión

Yo creo en Rosalía

Actualizado: h
FacebookXLinkedInWhatsApp

La gira Lux de Rosalía no es solo una declaración de poder creativo en estado puro. En un momento en que la industria musical parece atrapada entre algoritmos y fórmulas repetidas, ella aparece como una anomalía luminosa, una artista que no solo entiende el presente, sino que lo reconfigura a su manera. Lo suyo no es seguir tendencias, es devorarlas, mezclarlas y devolverlas convertidas en algo nuevo, irrepetible.

Desde el primer minuto, el espectáculo refleja el collage en que le gusta vivir a Rosalía. Flamenco, electrónica, música sinfónica, ritmos urbanos globales: todo convive sin jerarquías, sin pedir permiso. Pero, si han escuchado sus discos, sabrán que no se trata de una suma caótico sino de una arquitectura precisa donde cada elemento encuentra su lugar. Esa capacidad de integrar estilos aparentemente incompatibles es una de las claves de su grandeza. No hay impostura ni cálculo frío; hay intuición, riesgo y una confianza absoluta en ella.

Rosalía en Madrid el 31 de marzo de 2026
EFE

La puesta en escena también juega un papel fundamental. No es solo música: es gesto, silencio, las referencias a la pintura clásica, las cámaras tan perfectamente coreografiadas como el cuerpo de baile. Es también su mirada. Rosalía domina el escenario con una mezcla de fragilidad y control que resulta hipnótica. Puede pasar de la contención más íntima, en un minuto sin decir palabra donde el Palau Sant Jordi ruge de fervor, a una explosión rítmica. Todo sin perder el hilo emocional. Hay algo casi ritual en la forma en que construye cada momento. Sabe mucho Rosalía.

Y ahí aparece la mística. No en un sentido religioso tradicional, aunque manifieste la catalana que ese es el hilo conductor de su disco, sino en una especie de espiritualidad laica que atraviesa todo el concierto. Hay una búsqueda de trascendencia que conecta con algo más grande que la propia artista. Es curioso: en un mundo saturado de estímulos, donde todo parece efímero, su propuesta genera una sensación de permanencia, de estar asistiendo a algo que importa.

Muchos ven paralelismos entre 'El aquelarre' de Goya y la interpretación de 'Berghain' de Rosalía
Muchos ven paralelismos entre ‘El aquelarre’ de Goya y la interpretación de ‘Berghain’ de Rosalía

Rosalía entiende el lenguaje de su tiempo —las redes, la fragmentación, la velocidad—, pero lo eleva hacia algo más profundo. Convierte lo inmediato en una experiencia.

Quizá por eso su eclecticismo abruma y seduce. En lugar de dispersar, concentra. En lugar de diluir la identidad, la refuerza. Cada referencia, cada guiño, cada cambio de registro suma capas a un universo propio que no deja de expandirse. Es un talento desbordante, sí, pero también una inteligencia artística que sabe exactamente qué hacer con ese talento.

Salir del concierto es volver a la realidad con cierta extrañeza. Como si durante un par de horas se hubiera suspendido el ruido habitual del mundo para entrar en otra frecuencia. Y ahí, en ese contraste, se entiende todo. Porque más allá del espectáculo, de la técnica o de la puesta en escena, lo que queda es la sensación de haber presenciado algo genuinamente contemporáneo y, al mismo tiempo, profundamente humano.

Rosalía ha iniciado su gira de 'Lux tour' en España en Madrid con un concierto extraordinario

Yo, que soy manifiestamente atea, no suelo creer en casi nada. Pero hay experiencias que descolocan incluso las certezas más firmes. Y después de ver a Rosalía en Barcelona, salgo con una convicción: si hay algo en lo que se puede creer hoy, aunque sea por un instante, es en ella.

TAGS DE ESTA NOTICIA