Raíces

El matriarcado que aúpa a Rosalía: abuela, madre y hermana

En plena expectación por su gira LUX Tour, nos detenemos en estas tres figuras decisivas en su ambición artística y su manera de entender la música

Rosalía en el late show de Jimmy Fallon.

Antes que LUX Tour, antes que la Orquesta Sinfónica de Londres, antes incluso que la Escuela Superior de Música de Cataluña, Rosalía se curtió en la cocina. Allí sonaba la voz de su abuela materna que, además, comparte su nombre, Rosalía. Cantaba coplas y flamenco como quien deja caer la simiente en la tierra, sin saber lo que estaba a punto de crecer.

Rosalía cantando la canción 'Mio Cristo' en su concierto en Madrid en marzo de 2026
Rosalía cantando la canción ‘Mio Cristo’ en su concierto en Madrid en marzo de 2026. Fotografía: María Serrano
María Serrano

La historia de Rosalía sigue el guion clásico del éxito. Talento precoz, formación rigurosa, reinvención constante y una ambición estética que la ha llevado a redefinir los límites de la música. Pero bajo esa cara visible, late otra que ha sido decisiva, la de un matriarcado familiar que ha moldeado su identidad artística y personal desde la raíz.

Mientras Madrid asiste al fenómeno de su gira LUX Tour con entradas agotadas y una expectación casi litúrgica, conviene mirar hacia atrás y comprender que el proyecto Rosalía no se explica únicamente desde la industria musical o una genialidad individual. Hay una constelación de mujeres.

Fe sin dogmas

La abuela transmitió a la niña repertorio y gusto por la canción, pero también esa relación con lo trascendente que le permite hoy casi levitar sobre los escenarios. La llevó a misa, y le enseñó una jerarquía emocional -“Dios primero, luego la familia”- que hoy resuena, transformada, en obras como El mal querer o el reciente Lux, donde se tocan lo sagrado y lo profano.

Rosalía, en la gira de su cuarto disco, el místico ‘Lux’, en Lyon (Francia)
EFE/X de Lux Tour

La niña la miraba, o mejor dicho, la escuchaba, sin ser consciente de que ahí estaba la semilla. Años después, cuando la artista habla de espiritualidad sin iglesia, de fe sin catecismo, uno entiende que aquellas misas eran solo música. Ha contado que el primer milagro ocurrió en una comida familiar. Tenía siete años. Su padre le pidió que cantara algo. Lo hizo. Cuando terminó, los adultos lloraban, sin que nadie supiese explicar exactamente por qué.

Pilar, el cerebro económico

Si la abuela fijó la raíz, Pilar Tobella se ocupó del troncó. Lejos del estereotipo de madre artística, Tobella representa una figura contemporánea. Empresaria, estratega y gestora. Fue ella quien, con apenas diez años, inscribió a su hija en clases de música, baile y guitarra, intuyendo una vocación que aún no tenía forma. Y fue también quien, en 2019, cuando el fenómeno explotó y El mal querer se convirtió en artefacto cultural, tomó la decisión radical de abandonar su puesto en la empresa familiar Suprametal, para fundar Motomami S.L. y asumir la gestión integral de la carrera de su hija y del patrimonio, superior en este momento a 50 millones de euros.

En una industria donde la autonomía artística suele diluirse entre intereses externos, la actitud materna fue determinante. Su discreción contrasta con el torbellino mediático de su hija, pero su influencia está presente en cada fase del proyecto Rosalía, desde lo económico hasta otros asuntos más estratégicos.

En este vínculo hay una forma de confianza absoluta que desborda lo profesional. De las palabras de Rosalía hacia su madre se desprende que ella es el mapa donde ubicarse, su punto de referencia, más en días como estos, elevada a figura de culto.

Pili, la complicidad estética

La tercera pieza de este triángulo es Pilar Vila Tobella, conocida como Pili. Si la madre gestiona y la abuela inspira, la hermana orquesta, diseña, moldea e imagina. Ha participado y participa en la construcción visual y conceptual de la artista como directora creativa, estilista y colaboradora, pero su papel va más allá de lo estético. Es también su conciencia crítica. Aquella frase -“¿por qué tienes que destruir siempre la canción?”- que lanzó tras escuchar Motomami le sirvió a la artista como detonante para repensar su propio proceso creativo.

En Lux, esa influencia se percibe en la tensión entre complejidad y emoción. Lejos de ser complaciente, Pili afina cada detalle con una honestidad a veces arriesgada.

Desde una lógica coral profesional y afectiva, abuela, madre y hermana dan forma a la genialidad artística de Rosalía. El salto de aquella niña que escuchaba a su abuela mientras hacía la colada a la artista grandiosa, poética y singular que hoy llena estadios en Madrid no puede entenderse sin este matriarcado. No excluye a las figuras masculinas, también presentes, pero sí define su centro de gravedad.

Rosalía en Madrid el 31 de marzo de 2026
EFE

Esta sensación de arraigo le da libertad para asumir riesgos y desafiar cualquier lógica, como ha hecho en LUX Tour, donde Rosalía alcanza una nueva dimensión. Si miramos bien, la mujer sobre el escenario es el fruto sostenido por mujeres. La abuela que le cantaba coplas, la madre que dejó su vida para cuidar de sus raíces y la hermana, su cómplice y savia creativa. Vemos, en definitiva, las ramas de un árbol genealógico.

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