Inseguridad: el 40% de las mujeres siente miedo a caminar sola por la calle

Solo el 19,3% de los hombres sienten inseguridad, pese a que sufren violencia en la calle

El miedo no surge de la nada. Se aprende. Se transmite en advertencias, en historias repetidas, en casos que se convierten en referencia colectiva. La investigadora Nerea Barjola lo llama relatos del terror sexual”: narraciones que, más allá de describir la violencia, han servido durante décadas para marcar límites sobre cómo, cuándo y por dónde deben moverse las mujeres. Ese imaginario ha fijado la idea de que el peligro está en la calle, de noche y en manos de desconocidos. Pero no siempre es ahí donde señalan los datos.

En España, esa percepción de inseguridad también tiene forma y medida. Según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), casi el 40% de las mujeres (39,6%) asegura sentirse poco o nada segura al caminar sola por la noche, frente al 19,3% de los hombres.

La diferencia se aprecia en todos los niveles de seguridad. Entre las mujeres, un 28,3% afirma sentirse poco segura y un 11,3% nada segura, mientras que en los hombres estos porcentajes descienden al 15% y al 4,3%, respectivamente.

Más joven, más miedo

En el extremo contrario, la percepción de tranquilidad también muestra una brecha. Un 40,2% de los hombres dice sentirse muy seguro al caminar solo de noche, prácticamente el doble que las mujeres, entre quienes este porcentaje se sitúa en el 20,3%. En la categoría intermedia, bastante seguro, las diferencias se reducen: un 39,4% de los hombres y un 36% de las mujeres se sitúan en este nivel.

La edad introduce otra capa en esa vivencia del riesgo. Entre los más jóvenes, la inseguridad es mayor: un 31,2% se siente poco seguro y un 8% nada seguro, lo que suma un 39,2% entre quienes tienen entre 18 y 24 años. A partir de ahí, la sensación de peligro desciende con los años y alcanza su punto más bajo entre los 55 y 64 años, donde el porcentaje de quienes se sienten poco o nada seguros baja hasta el 26%, antes de repuntar ligeramente en los grupos de mayor edad.

Sin embargo, cuando se observa dónde y por quién se ejerce la violencia, el mapa cambia. La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer revela que el 86% de las agresiones sexuales son cometidas por hombres del entorno cercano —familiares, amigos o conocidos—, y no por desconocidos.

La mayoría de las agresiones sexuales se cometen en domicilios

También el lugar rompe con esa imagen del peligro asociado a la calle. En torno a la mitad de las agresiones se producen en viviendas —propias o de otras personas—, mientras que la calle y los espacios públicos quedan muy por detrás, con cifras que se sitúan entre el 15% y el 25%, según el tipo de agresión.

Es decir, la violencia no se concentra principalmente en escenarios anónimos ni en encuentros fortuitos, sino en espacios cotidianos y en relaciones de confianza o cercanía. Un patrón que desdibuja la idea del peligro como algo externo, imprevisible y ligado exclusivamente a la noche. Y, sin embargo, es ahí donde se concentra el miedo.

En España, aunque no existen estadísticas suficientemente detalladas que permitan medir con precisión la violencia en la vía pública por sexo, los datos disponibles apuntan a un patrón claro: los hombres son mayoría tanto entre los detenidos por delitos violentos como entre las víctimas en este tipo de hechos, especialmente en agresiones y robos con violencia registrados por el Ministerio del Interior.

Ellos ejercen y sufren más violencia en el espacio público

Donde sí existen análisis más completos es en otros países. En Reino Unido, los datos de la Office for National Statistics muestran que los hombres presentan una mayor probabilidad de sufrir delitos violentos en espacios públicos, especialmente agresiones cometidas por desconocidos. En Estados Unidos, el Bureau of Justice Statistics apunta en la misma dirección: la violencia en la calle y por parte de desconocidos afecta en mayor medida a los hombres.

Es decir, mientras el miedo se asocia de forma recurrente a la calle y a los desconocidos, la violencia que efectivamente se produce en esos espacios recae con mayor frecuencia sobre los hombres.

Sin embargo, esa percepción persiste. Como señala Nerea Barjola, los “relatos del terror sexual” no solo describen la violencia, sino que la interpretan y la fijan en el imaginario colectivo. Y es ahí, en esa construcción compartida del miedo, donde la noche, la calle y el desconocido siguen ocupando el centro del peligro, aunque los datos dibujen un mapa distinto.