El 82% de las madres en España renuncia de alguna manera a su carrera profesional al tener hijos. El 86% asume en solitario la carga mental de los cuidados. Tres de cada cuatro reconocen que la falta de conciliación daña su salud física y mental.
“Somos la generación de madres más agotadas de Europa”, admite Laura Baena, fundadora del Club de Malas Madres y de la asociación Yo No Renuncio, que desde hace doce años pelea para que la maternidad deje de penalizar a las mujeres. Un año más, Baena recuerda que las madres españolas por el Día de la Madre no quieren flores, quieren leyes. Este lunes llevará su lucha al Congreso de los Diputados.
-¿Qué pasaría en España si las madres gobernaran? ¿Cuál sería el cambio fundamental?
-Ay, si las madres gobernáramos… No estaríamos renunciando, podríamos conciliar y no sobrevivir como podemos, con recursos propios, con redes informales, sin políticas públicas efectivas, sin un reconocimiento social y económico de la maternidad y sin ser penalizadas, porque realmente el gran problema de España es que la maternidad penaliza laboralmente.
Y las mujeres cuando llegan a la maternidad no solo renuncian un 82% de los casos de alguna manera a su trayectoria laboral o profesional, sino que además, muchas mujeres renuncian a la maternidad porque realmente para ser madre no solo necesitas tener el deseo de ser madre, sino que necesitas un contexto social que te apoye, que te proteja y una corresponsabilidad social a la altura.
Si las madres gobernáramos nos pondríamos de acuerdo en lo importante. Si realmente no han salido adelante propuestas legislativas como la ley de Familia, por ejemplo, y otras legislaciones que ayudarían a mejorar la conciliación en España, como el permiso parental de ocho semanas retribuido y tantas cosas que se han quedado en el limbo, es por la falta de consenso político. Y esa falta de consenso político nos lleva al final a no poder legislar en materia de conciliación. Esto supone no tener derechos sociales cuando llega la maternidad.

Al final necesitamos que se materialice en derechos, necesitamos que la conciliación no sea un privilegio y sea un derecho para todas las madres, para todas las mujeres y para todas las familias.
-Como parte de la campaña “Si las madres gobernáramos no estaríamos sobreviviendo”, este lunes acudiréis al Congreso de los Diputados para reclamar conciliación, corresponsabilidad social, derechos para todas las madres y respuesta política. ¿Qué esperáis conseguir?
-Cada día reivindicamos la conciliación porque ser madre en este país es muy difícil: no es un país para madres y, a la vez, sin madres no hay futuro. En torno al Día de la Madre hacemos una campaña potente en este sentido.
Hace dos años lanzamos “Sin madres no hay futuro”. El año pasado dijimos que no queremos flores, queremos leyes, y presentamos en la Moncloa la propuesta de ley “Cuídame, cuidamos a las madres”.
Este año nos parecía importante poner el acento en el panorama político: la confrontación, la fragmentación parlamentaria… Decíamos qué pasaría si las madres gobernáramos, no solo en España sino internacionalmente, en un momento tan hostil donde se espera de nosotras que cuidemos como si no trabajáramos y trabajemos como si no cuidáramos, y donde se olvida que las madres somos fundamentales porque damos bienestar social y somos el mayor activo social.
Hemos presentado el informe “El peso invisible de la maternidad”, que visibiliza toda esta renuncia y este coste económico, social y personal: ese 82% que renuncia laboralmente, ese 86% que declara asumir la carga mental de los cuidados y que evidencia que no existe la corresponsabilidad en los hogares.
Tres de cada cuatro mujeres reconocen que la falta de conciliación está afectando su salud física y mental. Somos la generación de madres más agotadas de Europa. Lo llevé a Estrasburgo, a la Comisión de Igualdad, a distintos eurodiputados. Luego tuve la oportunidad de entregárselo a la Reina Letizia y hace un mes lo entregué en el Congreso a representantes de todos los partidos.

El lunes cerraremos esta campaña en el Congreso con una mesa de “la voz de las madres”, donde se escucharán distintas historias: monoparentales, vulnerables, en la generación sándwich, las que han tenido que renunciar a su carrera… Y luego una mesa política donde plantearemos las propuestas y esperaremos respuesta: ¿Qué van a plantear desde sus partidos? ¿Cómo conseguir ese consenso? ¿Puede este pacto de Estado ser una realidad? Terminaremos con la lectura del manifiesto “Si las madres gobernáramos” en la Plaza de Cortes, frente al Congreso, rodeada de “Malas madres” y de socias de “Yo No Renuncio”.
-Recientemente te has reunido con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. ¿Cómo fue el encuentro? ¿Qué propuestas vio más factibles para llevar a cabo en el corto plazo?
-Las conversaciones con el presidente y con el equipo de Moncloa llevan meses y años. En 2018 corrí la primera carrera “Yo no renuncio por la conciliación” en Alcobendas, la primera carrera popular en la que corría un presidente del Gobierno.
En aquella carrera Sánchez se comprometió a los permisos igualitarios y transferibles de maternidad y paternidad, que llegaron en 2021, y a las escuelas infantiles de 0 a 3 años, que seguimos esperando porque hay comunidades que sí y comunidades que no.
En 2020 hicimos una macroencuesta en la que respondieron 100.000 mujeres, “las invisibles”, y el presidente se comprometió a reunirse con nosotras. Llegó la pandemia y todo se alejó. El año pasado entregamos las propuestas de la “ley Cuídame” y recibí una carta suya diciendo que estaba buscando hueco. Ese hueco llegó el pasado día 28.
No se trata de sobrevivir ni de renunciar. La conciliación no debe ser una lucha individual, sino una responsabilidad compartida.
Gracias, @malasmadres, por vuestra labor. Hagamos posible un gran acuerdo de país, por una sociedad más justa y sostenible. Contad con este Gobierno. pic.twitter.com/ONZILNVQ0W
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) April 28, 2026
Tuve más de 30 minutos de conversación con el presidente. Le presenté los datos de nuestro último estudio, la situación de las madres en España y la necesidad de un pacto de Estado por la conciliación. Me dijo que iba a estudiar las propuestas y que le sonaba bien un pacto de Estado como marco normativo o un acuerdo de país por la corresponsabilidad. Además, reconoció que gracias a esta lucha había entendido que no hay que poner el acento en la conciliación sino en la corresponsabilidad.
Le fui definiendo las medidas concretas: reducción de jornada hasta los 16 años sin pérdida salarial, retribución del permiso parental de ocho semanas, flexibilidad como norma cuando hay que cuidar, incapacidad temporal tras el parto para que no cuente como permiso de maternidad, ampliación del permiso de maternidad a 24 semanas… Se comprometió a ese acuerdo de país. Para mí fue un encuentro positivo, pero ahora habrá que perseguir ese compromiso para que se materialice.
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Le transmití también que no se puede esperar que la conciliación esté sostenida por la renuncia de las madres o por denunciar a la empresa cuando no cumple la normativa. A diario en el “teléfono amarillo” de “Yo No Renuncio” recibimos denuncias de madres a las que se les deniega el permiso cuando un hijo enferma o la adaptación de jornada. La única salida no puede ser entrar en procesos judiciales que suponen tiempo, dinero y empobrecimiento.
El presidente también me retó a liderar desde la calle el consenso político para que se entendiera que una propuesta así necesita el apoyo de todos los partidos. Le dije que yo lo estaba haciendo y que me estaba dejando la piel, porque lidero un movimiento transversal que representa a todas las mujeres y que esto no es un tema de un color político, sino un problema social que está en juego el futuro del país.
-¿Quizá el día que tengamos conciliación real en España tendremos la primera mujer presidenta del Gobierno?
-Se da por hecho que una carrera profesional exitosa, ya sea política, empresarial o en medios de comunicación, supone no ver crecer a tus hijos. De ahí nace la situación de renunciar: yo tuve que renunciar a mi carrera como publicista porque era incompatible. Las mujeres dan por hecho que tienen que renunciar.

¿Por qué no creamos un modelo que pueda equilibrar las dos cosas? Hemos visto cómo han renunciado muchas dirigentes políticas porque lo personal pesa más, además de la violencia política que sufren mucho más las mujeres en puestos de responsabilidad, que es aberrante. ¿Cuándo vamos a poder empezar a elegir de verdad?
-En plena era de guerras culturales y retrocesos de los derechos femeninos a nivel mundial, se está aprovechando la falta de conciliación no para reivindicar sino para criticar la incorporación de las mujeres al mercado laboral. ¿Sentís esta ola reaccionaria?
-Me da pavor esta corriente. Cuando empecé con Malas Madres hace diez años fuimos una revolución: nadie hablaba de esto, nadie rompía el mito de la madre perfecta ni luchaba por la conciliación desde el lugar de decir “no quiero renunciar ni a una cosa ni a otra”. Ahora se le da la vuelta a la tortilla: discursos de extrema derecha sobre políticas de familia que parecen mirar por nosotras, pero en realidad buscan sacarnos del mercado laboral para mantener el statu quo y el patriarcado sin moverse.
El problema real es que cuando la mujer se incorporó al mercado laboral no cambió el modelo laboral ni la corresponsabilidad en el hogar. Los pilares de la conciliación en España siguen siendo los abuelos -que no son abuelos, son canguros- y los horarios escolares, cuya ampliación solo lleva a más agotamiento. Para ser madre necesitas vivienda digna, trabajo estable y recursos económicos. Tener hijos se ha convertido en un privilegio, en una decisión que ya no conecta solo con el deseo, sino con muchas más condiciones.
-Doce años después de fundar Malas Madres, ¿qué ha sido lo mejor de esta comunidad? ¿Cuál ha sido tu mayor logro?
-Once años ya de la asociación Yo No Renuncio y doce del Club de Malas Madres. De aquella noche cuando decidí desahogarme conectando con un sentimiento individual: me sentía mala madre por no llegar a todo, me sentía mala profesional. Decía: me han engañado, esto es un cuento chino, la maternidad perfecta, la conciliación no existe.

Uno de los mayores logros ha sido cambiar el modelo social de maternidad. “Malas Madres” destapó una nueva manera de ser madre que muchas vivían ya en silencio y de puertas para adentro. Hemos hecho que la maternidad sea pública y política, hemos puesto la conciliación en la agenda como un problema social que afecta a todas las mujeres -y debería importar a todos los hombres-, porque cuando hablamos de conciliación y corresponsabilidad hablamos de derechos, de poder criar con dignidad, de cuidarnos también. Y también desde la perspectiva de la infancia: el derecho de ese niño y esa niña a ser cuidados.
Creo que hemos cambiado esa mirada del modelo social de maternidad a decirlo abiertamente, que no somos superwoman, que no queremos, que somos suficientemente buenas madres, que lo hacemos lo mejor que podemos, que está bien y hay que ser muy fuertes para no dejarnos llevar por este modelo de madre perfecta que sigue estando muy vigente, que cobra mucha fuerza en redes sociales y que realmente nos está representando la realidad.
Cuando veo los vídeos que nos mandan las madres para el Día de la Madre -más de 100- veo a las madres reales que concilian como pueden y que necesitan derechos. Que la voz de las madres haya llegado tan lejos… Me emociona profundamente.
