Cuba

“En menos de 14 días nos hemos vuelto a quedar a oscuras”

Ante la escasez material y el aumento de la incertidumbre, hablamos con la psiquiatra cubana Susana Borges González sobre el impacto en la salud mental. "Nada funciona excepto el sistema de represión"

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Una mujer vende velas durante un apagón en La Habana (Cuba)
Efe

Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente y la vida cotidiana se ha vuelto extremadamente difícil. Largas colas para conseguir gasolina, apagones constantes, escasez de alimentos y medicamentos y una infraestructura al borde del colapso. “En medio de la anomia institucional, los ciudadanos comunes sufren un infierno diario de penurias cada vez mayores”, escribe en Journal of Democracy Juan Antonio Blanco, presidente de un centro de estudios con sede en Madrid. Hoy, como antes, dice “nada funciona excepto el sistema de represión”.

El sistema de salud tampoco escapa a esta crisis. En algunos casos, los pacientes deben llevar sus propios suministros básicos -sábanas, gasas, vendas…- al hospital. Y enfermedades como el dengue han resurgido con fuerza, agravadas por las condiciones sanitarias. La economía, más debilitada que nunca, es incapaz de sostener necesidades básicas, y una emigración masiva ha vaciado hogares y comunidades, dejando atrás una sociedad fragmentada y sin horizontes claros. Incluso sectores tradicionalmente estratégicos como el turismo muestran signos evidentes de deterioro, mientras crece la percepción de que el sistema podría estar acercándose al quiebre.

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Una calle durante un apagón, en La Habana (Cuba)
EFE/ Ernesto Mastrascusa

¿Qué ocurriría si el modelo cubano terminara de colapsar? Entre el miedo, el cansancio y el deseo de cambio, la sociedad cubana parece vivir en una especie de “olla a presión”.

Para comprender mejor el impacto humano de esta realidad, especialmente desde la salud mental y la perspectiva de género, conversamos con la psiquiatra y profesora universitaria en La Habana Susana Borges González, quien ofrece una mirada muy cercana sobre cómo se vive, se resiste y se siente hoy en Cuba. La conexión no ha sido fácil, pero por fin consigue encontrar una zona céntrica. “En menos de 14 días nos hemos vuelto a quedar a oscuras, con todo lo que significa, especialmente en los hospitales y las casas. Hay mucho descontento y muchas personas que estimulan el descontento con vandalismo. Me siento realmente triste”, avanza esta doctora, madre soltera de dos hijos “maravillosos” y nacida en enero de 1968, unos meses después de la muerte de Che Guevara. “Si hubiese sido varón, mi padre me habría llamado Ernesto”.

-¿Qué mantiene en pie a la población cubana?

-La cultura cubana nos provee de elementos protectores desde el punto de vista psicológico, especialmente en la situación actual, donde la escasez material en casi todas las esferas y la incertidumbre crecen irremediablemente, sobre todo en sectores tan sensibles como la alimentación y la salud. El humor cubano, la música o el baile, unidos a la solidaridad entre la vecindad, la reciprocidad de ayuda o apoyo espontáneo y la centralidad de la familia, constituyen un sostén emocional ante las dificultades y la incertidumbre, así como un medio para la catarsis social a través de cualquiera de estos elementos. No podemos olvidar que nuestra identidad cultural mezcla raíces africanas, europeas y caribeñas, con una importante narrativa de dependencia.

“El humor cubano, la música y el baile constituyen un sostén emocional ante las dificultades”

-¿La situación actual en la isla implica una mayor sobrecarga para las mujeres?

-El mayor desafío de las mujeres cubanas en el desempeño de múltiples roles que transcurren en un espectro que va desde la responsabilidad económica y afectiva del hogar hasta el ámbito laboral con una precaria red de apoyo gubernamental para el cuidado de los hijos menores y de los adultos mayores. A esto se suma en los últimos años, la disminución de familiares jóvenes que han decidido migrar en busca de apoyo económico, lo cual genera un vacío afectivo en el núcleo familiar con una repercusión que se equipara al déficit económico. Esta sobrecarga de roles en la mujer cubana -que no está exenta de ocupar cargos públicos o científicos, muy mal remunerados- se agrava por la existencia de presiones socioculturales con mandatos de sacrificio, abnegación y expectativas de fortaleza permanente, prolongando situaciones mantenidas de malestar emocional.

-¿Existe un reconocimiento social de la mujer coherente con la realidad?

-En la vida profesional y familiar, existe una brecha importante entre el discurso y la realidad. Hay un reconocimiento en los medios de difusión, apoyado gubernamentalmente, pero en la práctica cotidiana casi todas las tareas de cuidado están naturalizadas socialmente sobre la mujer. Somos consideradas fuertes, capaces, decididas y valerosas, pero sin derecho al agotamiento emocional ni a la búsqueda de espacios personales, lo que invisibiliza nuestro cansancio. De igual manera, quiero reconocer con vehemente optimismo que en determinados sectores intelectuales de generaciones más jóvenes ya se avizora un cambio.

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Una persona camina junto a basura acumulada en La Habana (Cuba)
EFE/Ernesto Mastrascusa

-¿Esas diferencias de género se observan también en la salud mental?

-En salud mental hay diferencias biológicas importantes y también socioculturales. Las mujeres presentan con mayor frecuencia depresión, ansiedad, trastornos por somatización, síndrome del cuidador y menor calidad de vida en los dominios del autocuidado, bienestar emocional e incertidumbre económica para sostener la economía familiar. Los hombres tienen dificultades importantes para solicitar apoyo emocional debido a patrones educativos y familiares de dureza emocional y autosuficiencia, así como por estigmas sobre la atención en salud mental. Ellos utilizan con mayor frecuencia conductas de riesgo y consumo de sustancias psicoactivas como el alcohol y otras drogas. En muchos casos, la ira constituye el síntoma más evidente de un trastorno depresivo.

“La ira de los hombres constituye el síntoma más evidente de un trastorno depresivo”

-¿Cómo están cayendo las declaraciones de Donald Trump sobre el futuro de la isla?

-Me parecen totalmente desacertadas, una extensión más de ese ego que se expone constantemente por encima de cualquier norma humana, política o social. Rechazo las guerras, las injerencias y las intervenciones en los asuntos internos de cualquier país, independientemente de mi acuerdo o desacuerdo con la clase gobernante y la formación económica o social que representa. En Cuba, históricamente desde las guerras contra España, existe una tradición respetable a favor del independentismo y del antiimperialismo.

“Las palabras de Trump son desacertadas, una extensión más de ese ego que expone por encima de cualquier norma”

-¿Siente que pueda tambalearse la identidad del pueblo cubano?

-Nuestra economía, devastada por múltiples razones, ha transformado al pueblo soñador en el que crecí. Ser el mismo sería antidialéctico. Por tanto, este tipo de declaraciones refuerza la confrontación entre el pueblo que existe y siente desde dos Cubas.

Fotografía de una imagen del líder de la revolución cubana Fidel Castro (1926-2016)
EFE/ Ernesto Mastrascusa

-¿De qué manera el discurso político externo influye en la salud emocional y la cohesión social en Cuba?

-Más allá del debate político, estas declaraciones terminan afectando la posición humanista de un pueblo al que empiezan a importarle menos las posturas ideológicas y le preocupan más las percepciones de un futuro que asegure esperanza y una vida digna. Sus advertencias generan incertidumbre, temor económico y emocional. La vida cotidiana en Cuba ya es muy compleja y este tipo de mensajes incrementa la sensación de inestabilidad y ansiedad colectiva prolongada. Provocan intercambios ofensivos y polarizados en redes y espacios públicos, con el consecuente estado de odio, linchamiento y deshumanización entre compatriotas que llegan a preferir la muerte y la venganza por encima del diálogo. Las consecuencias, de ser así, serían devastadoras.

“Debería mirarse a las mujeres cubanas no solo como víctimas de un contexto difícil, sino como agentes activas de cambio”

-Como mujer cubana, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a la comunidad internacional?

Las mujeres cubanas somos resilientes, creativas y profundamente comprometidas. Sostenemos gran parte de la vida económica y social del país, incluso en condiciones de crisis. Enfrentamos desigualdades: carga de cuidados, brecha salarial, violencia de género y limitaciones materiales. Más allá de ideologías, la comunidad internacional debería mirar la realidad cotidiana con enfoque de género, derechos humanos y salud mental, promoviendo políticas y ayudas que fortalezcan la autonomía, el cuidado y la dignidad de las cubanas. Debería mirarse a las mujeres cubanas no solo como víctimas de un contexto difícil, sino como agentes activas de cambio.

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