El pasado 25 de marzo Sarah Mullally asumió públicamente su ministerio como nueva arzobispo de Canterbury, en un acto tradicionalmente conocido como entronización. Durante la celebración Mullally se presentó diciendo: “Soy Sarah, sierva de Jesucristo, y vengo buscando la gracia de Dios para acompañarlos en su servicio. He sido enviada como arzobispa para servirles, proclamar el amor de Cristo y adorarlo y amarlo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas.”
En paralelo, el Papa León XIV quiso hacer llegar un mensaje de cercanía y apoyo, en el que aseguró sus oraciones por la nueva arzobispo. En su comunicación, el pontífice invocó para Mullally “gracia, misericordia y paz”, subrayando que su liderazgo comienza en un momento complejo para la familia anglicana. Asimismo, expresó su deseo de que cuente con la sabiduría necesaria para afrontar los retos actuales, guiada por el Espíritu Santo y tomando como referencia espiritual a la Virgen María.

Según recoge Vatican News el Papa también aprovechó la ocasión para recordar el camino recorrido en las relaciones entre la Iglesia católica y la Comunión Anglicana. En particular, evocó el histórico encuentro de 1966 entre Pablo VI y el entonces arzobispo de Canterbury, Michael Ramsey, que supuso un impulso decisivo hacia una cooperación más estrecha basada en la caridad cristiana. Desde entonces, iniciativas como la Comisión Internacional Anglicano-Católica han contribuido a fomentar el entendimiento mutuo ante los desafíos contemporáneos.
No obstante, el mensaje papal no eludió las dificultades que han surgido en este diálogo ecuménico. En referencia a la declaración conjunta firmada en 2016 por el Papa Francisco y Justin Welby, se reconoció que las nuevas circunstancias han traído consigo desacuerdos adicionales. A pesar de ello, León XIV insistió en que estas diferencias no anulan el reconocimiento mutuo entre cristianos como hermanos y hermanas en virtud del bautismo compartido.
En su mensaje, el Papa subrayó que la unidad entre los cristianos no es un fin en sí mismo, sino un medio para anunciar con mayor claridad el mensaje de Cristo al mundo. Recordó, en este sentido, que las divisiones pueden debilitar esa misión compartida. Por ello, insistió en la necesidad de seguir avanzando en el diálogo “con verdad y amor”, con la esperanza de ofrecer al mundo un testimonio creíble y reconciliado.
La llegada de Sarah Mullally al liderazgo de Canterbury abre así un nuevo capítulo, que se adapta mejor desafíos contemporáneos y refuerza el compromiso con la cooperación entre distintas confesiones cristianas.
