A pocas horas de recibir la eutanasia este jueves 26 de marzo, Noelia Castillo ha dejado un testimonio durísimo que vuelve a colocar su caso en el centro del debate público. La joven, de 25 años, ha hablado con crudeza sobre el dolor físico, el sufrimiento mental y la sensación de abandono que, según relata, la han acompañado durante años. Pero, sobre todo, ha hablado desde una certeza íntima: “Por fin lo he conseguido. A ver si por fin puedo descansar. No puedo más con esta familia, no puedo más con los dolores, no puedo más con todo lo que me atormenta en la cabeza”.
La entrevista íntegra, emitida en Y ahora Sonsoles y realizada por la periodista Bea Osa, deja una escena difícil de olvidar. Noelia Castillo no se presenta como alguien atrapada en una decisión repentina, sino como una mujer que lleva tiempo conviviendo con un sufrimiento que considera insoportable. Su testimonio no gira solo en torno a la eutanasia, sino a todo lo que, según cuenta, la ha empujado hasta este punto.
El dolor físico y una vida sin horizonte
Uno de los aspectos más contundentes del relato de Noelia Castillo tiene que ver con el dolor diario que arrastra como consecuencia de su paraplejia. La joven explica que sus secuelas condicionan por completo su vida cotidiana y describe un estado de agotamiento permanente: “No tengo ganas de hacer nada, ni de salir ni de comer….El dormir se me hace muy difícil y tengo dolor de espalda y de piernas”.
Esa frase resume buena parte del núcleo de su decisión. En su relato no hay solo un malestar abstracto o emocional, sino una convivencia continua con el dolor y con la pérdida de cualquier expectativa de mejora vital. Ella misma lo expresa con claridad cuando habla del momento previo a pedir la eutanasia: “Antes de pedir la eutanasia yo es que veía mi mundo muy oscuro, veía muy final muy oscuro. No tenía ni metas ni objetivos ni nada y sigo sin tenerlos”.

A esa visión desesperanzada se suma una mirada profundamente pesimista sobre el entorno que la rodea. En otro momento de la entrevista, Noelia Castillo amplía esa sensación de vacío y la proyecta también sobre la sociedad en la que vive: “No me gusta nada por el camino que va el mundo. Prefiero desaparecer. Todo va mucha vez peor”.
La agresión, el intento de suicidio y la soledad acumulada
El testimonio de Noelia Castillo también reconstruye el origen traumático de su situación física actual. La joven vincula su paraplejia a un intento de suicidio que se produjo poco después de haber sufrido una agresión sexual por parte de su expareja y otros tres hombres. Sobre ese episodio, explica: “No lo denuncié porque fue días antes de intentar suicidarme”.
Pero en la entrevista insiste en que ese suceso, aun siendo decisivo, no apareció de la nada. Forma parte, según cuenta, de una trayectoria vital marcada por la dureza emocional, los conflictos familiares y la falta de apoyo. Esa percepción de desamparo atraviesa todo su discurso y estalla en una frase especialmente reveladora: “Siempre me he sentido sola, nunca me he sentido comprendida, nunca han empatizado conmigo. Siempre he tenido problemas de convivencia”.
Ese sentimiento de soledad es una de las claves más fuertes del relato de Noelia Castillo. Su caso no aparece presentado solo como una historia de dolor físico, sino también como la historia de una vida atravesada por la incomprensión, la fragilidad emocional y una sucesión de heridas que, según deja entrever, nunca llegaron a cerrarse del todo.
“Ignoran completamente mi caso”
En medio del debate público que ha generado su historia, Noelia Castillo también ha querido responder a quienes opinan sobre su situación sin conocerla de verdad. Lo hace con una frase rotunda: “Ignoran completamente mi caso. Yo no estoy en la cama postrada, me levando de la cama, me ducho yo solita, me maquillo yo sola…”.
Ese matiz es importante, porque en él se concentra una de las discusiones más delicadas alrededor de su caso. La joven no quiere que su sufrimiento se mida únicamente desde una imagen externa o desde una idea simplificada de dependencia absoluta. Su mensaje es más complejo: reivindica que una persona puede conservar ciertas capacidades funcionales y, al mismo tiempo, vivir una realidad que considera insoportable.

La propia Noelia Castillo vuelve a expresarlo cuando resume el punto exacto en el que se encuentra: “Por fin lo he conseguido. A ver si por fin puedo descansar. No puedo más con esta familia, no puedo más con los dolores, no puedo más con todo lo que me atormenta en la cabeza”. Más que una declaración de victoria, la frase suena a agotamiento extremo, a final de trayecto.
El choque con sus padres y los últimos recuerdos
La entrevista también deja al descubierto el profundo desgaste familiar que rodea el caso. Noelia Castillo asegura que no quiere que su madre esté presente en el momento de su muerte, pese al deseo expresado por ella. Lo relata con estas palabras: “Me dijo que igual que me ha visto nacer, me quiere cerrar los ojitos. Pero la respuesta es no”.
A ese rechazo se suma la batalla judicial impulsada por su padre, contrario a la eutanasia, y un distanciamiento que parece ya irreparable. La propia joven explica que él le dijo que para él “ya está muerta”, una frase que a ella le resulta tan dolorosa como incomprensible. De hecho, responde con otra declaración que condensa perfectamente ese desgarro: “No entiendo por qué me quiere viva si no me hace caso”.
Y, sin embargo, en medio de una entrevista dominada por el sufrimiento, también aparece un instante de luz. Las imágenes muestran a madre e hija repasando fotografías de la infancia, sonriendo y deteniéndose en recuerdos distintos a los del dolor. Al elegir qué imágenes estarán presentes en su habitación, Noelia Castillo se aferra a una frase breve, pero reveladora: “Eran momentos felices”.
