En Hollywood aparecen rostros nuevos cada temporada, pero muy pocos irrumpen con la velocidad con la que lo ha hecho Chase Infiniti. En apenas unos meses, la actriz estadounidense ha pasado de ser una intérprete prácticamente desconocida a instalarse en la conversación de la industria gracias a un debut fulgurante en Una batalla tras otra, la película de Paul Thomas Anderson, a su inminente salto televisivo con Los testamentos y a su siguiente proyecto cinematográfico, The Julia Set.
Ese encadenamiento de títulos explica una parte del fenómeno, pero no toda. Detrás de Chase Infiniti hay también una historia de formación escénica, paciencia, intuición y un perfil poco habitual: el de una actriz que ha llegado muy rápido, pero con una sensación de vocación largamente trabajada.
Su nombre ya parecía escrito para el espectáculo. En una entrevista con The Guardian, la actriz explicó que “Chase” viene del personaje Chase Meridian, interpretado por Nicole Kidman en Batman Forever, y que “Infiniti” remite al célebre “to infinity and beyond (hasta el infinito y más allá)” de Buzz Lightyear en Toy Story.
No es un simple detalle simpático. De hecho, resume bastante bien la mezcla de cultura pop, imaginación y cine que rodeó su infancia. Nacida y criada en Indianápolis, Chase Infiniti creció lejos de los circuitos profesionales de Hollywood, en un entorno creativo pero sin vínculos directos con la industria.
Una vocación construida antes de la fama
La imagen de estrella repentina puede llevar a pensar que todo ocurrió de la noche a la mañana, pero en el caso de Chase Infiniti hay una base previa muy clara. Vogue France y otros perfiles recientes coinciden en que su vocación empezó muy pronto, ligada a la música, la iglesia y los musicales, antes de orientarse de lleno hacia la interpretación. Terminó estudiando Teatro Musical en Columbia College Chicago. Una formación que ayuda a entender por qué, incluso siendo una recién llegada a la pantalla, transmite una seguridad escénica poco común.

Ese recorrido previo también explica el tono de algunas de sus confesiones públicas. En The Guardian, Chase Infiniti recordó que a los 16 años sentía que no acababa de encontrar su lugar, salvo cuando actuaba. Esa idea, la de que el escenario era el único espacio donde se sentía plenamente ella, encaja con la trayectoria de muchas intérpretes que llegan a la pantalla después de haberse curtido en otros formatos, más físicos y más exigentes.
El papel que lo cambió todo
El verdadero punto de inflexión llegó con Una batalla tras otra. En la película de Paul Thomas Anderson, Chase Infiniti interpreta a Willa, hija de los personajes de Leonardo DiCaprio y Teyana Taylor. El salto fue inmediato: nominaciones relevantes, presencia en la temporada de premios y una exposición mediática que, para una actriz casi desconocida hasta entonces, lo cambió todo. La propia intérprete lo resumió así en The Guardian: “Mi vida ha cambiado por completo en los últimos seis meses”.

Lo interesante es que Chase Infiniti no ha vendido ese ascenso como un cuento prefabricado. Al contrario. En varias entrevistas ha hablado abiertamente del miedo que sintió al enfrentarse por primera vez a un rodaje de ese calibre y al hecho de compartir escenas con DiCaprio. En The Guardian recordaba que llamó a sus padres en cuanto supo que iba a conocerle. Y en Interview y otros perfiles de temporada de premios ha insistido en que el primer día estuvo dominado por la ansiedad.
El salto a la televisión y la consolidación del fenómeno
Si el cine la puso en el radar, la televisión puede consolidarla. El 8 de abril llega Los testamentos, la secuela de The Handmaid’s Tale, donde Chase Infiniti interpreta a Agnes. Disney y Hulu han situado la serie como uno de sus grandes lanzamientos de abril, con Ann Dowd de vuelta y una nueva generación de personajes en el centro del relato. Para una actriz en pleno ascenso, entrar en una franquicia así no solo amplía su visibilidad: la inserta en una narrativa reconocible para millones de espectadores.
A eso se suma que Chase Infiniti ya tiene en marcha otro largometraje, The Julia Set, junto a Gillian Anderson, Jason Isaacs y Christopher Briney. El dato importa porque confirma que no estamos ante una aparición aislada o una moda fugaz de temporada de premios, sino ante una actriz a la que ya se le están confiando proyectos de continuidad.
