Escrita por Cristina Clemente, Marc Angelet y Jordi Casanovas, la película Lapönia se basa en la obra de teatro homónima, exitosa en España, Estados Unidos, Croacia, Argentina, Uruguay, Cuba, Venezuela y República Checa, entre otros. Lapönia rompe todos los convencionalismos de las comedias familiares clásicas al abordar, por medio de la ironía, conflictos éticos y morales de la vida cotidiana. Es una obra coral, muy exigente a nivel actoral que transcurre durante una Nochebuena en la ciudad finlandesa de Rovaniemi, capital de la región de Laponia y supuesto lugar de origen y residencia de Santa Claus.
Después de varios años sin celebrar las fiestas juntas, Nuria, asentada en Laponia junto a su marido Olavi y su hija, decide invitar a su hermana Mónica, a su marido y al hijo de ambos a celebrar una Navidad de ensueño en su casa de Rovaniemi. El plan se presenta perfecto hasta que la hija de Nuria le cuenta a su primo pequeño que Papá Noel no existe; que es solo un personaje que los padres se han inventado para manipular a sus hijos. La que estaba destinada a ser una velada especial de Navidad, se convierte de golpe en una disputa extendida entre hermanas y cuñados. Una noche que sacará a relucir secretos inconfesables en medio de un debate sobre qué es más adecuado, si contar la verdad a toda costa o mantener la ilusión, aunque sea a base de mentiras.

La actriz madrileña -aunque nacida en Buenos Aires- Natalia Verbeke está de acuerdo en que “la identificación va variando a lo largo de la película con cada uno de los personajes, porque te puedes ver identificado en cada uno de ellos” y “sí, te hace pensar muchas cosas, porque te pasan a ti”.
Es una película adaptada de la obra de teatro y eso conlleva la total implicación por vuestra parte, los 4 actores, que estáis continuamente en plano. En un proyecto muy de interpretación, ¿cómo has preparado el personaje de Mónica?
La función de teatro Lapönia está maravillosamente escrita por Cristina Clemente y Marc Angelet. Son dramaturgos excelentes, y el texto facilita mucho el trabajo. Al leer el guion, en cuya adaptación también participaron, ya tienes una idea muy clara del personaje.
En mi caso, me vino muy bien que me ofrecieran el papel de Mónica, porque me siento más identificada con ella que con Nuria. Eso me acerca bastante a su forma de pensar, aunque también comparto cosas con el resto de personajes. Al final, vas navegando entre todos ellos. Mónica es una mujer que vive completamente para los demás. Trabaja muchísimo en su administración de lotería, ha cuidado de su padre, cuida de su madre y se ocupa de todo el mundo. Incluso ha sacrificado parte de su vida para que su hermana pudiera desarrollar la suya. Además, ha sido madre tardía, con todo lo que eso implica a la hora de querer darle todo a su hijo y de volver a mirar el mundo a través de sus ojos.
La película trata muchos temas. No habla solo de la existencia de Papá Noel, sino de cuestiones más profundas: el paso del tiempo, el cambio de etapas en la vida, las distintas formas de educar y de entender la realidad, o la importancia de la ilusión para algunas personas frente a otras prioridades.

También aborda las diferencias culturales y cómo a veces discutimos por cosas pequeñas. Pero hay algo muy bonito: los personajes se escuchan entre sí. Hoy en día eso no es tan habitual. Aquí vemos a cuatro personas que dialogan y que son capaces de modificar su pensamiento a través de la escucha. Y eso hace que la historia tenga un cierre muy satisfactorio.
Tu carrera ha atravesado distintas etapas dentro de la industria. ¿Cómo ha cambiado la forma en la que se escriben y se ofrecen papeles a actrices con el paso del tiempo?
Creo que la situación está cambiando, y además lo seguirá haciendo. El hecho de que cada vez haya más mujeres en puestos que antes ocupaban solo hombres ha supuesto un avance muy importante en nuestra profesión. Hay más mujeres detrás de la cámara, más montadoras, más directoras y, sobre todo, más guionistas contando historias desde una mirada distinta, que conecta de otra manera con las mujeres. Eso se nota también en los personajes, que ahora son más ricos. Ya no eres solo la “mujer de” o un personaje decorativo, sino que tienes entidad propia y fuerza. Además, hay series con temáticas muy femeninas que, aun así, atraen mucho al público masculino. Estamos viviendo un cambio importante y, en general, muy positivo para todos.
Has ido entrando y saliendo del teatro a lo largo de tu carrera. ¿Qué te da el escenario que no encuentras en un rodaje?
El escenario es, para un actor, el lugar donde te pones a prueba. No hay repetición, estás frente al público y tienes que resolverlo tú solo. Nadie puede ayudarte en ese momento. A mí el teatro me da mucho respeto, incluso miedo. Pero es un miedo necesario, porque me ayuda a crecer como actriz, a enfrentar mis limitaciones y a intentar superarlas. Cada vez que me subo a un escenario, siento que evoluciono, aunque eso no significa que valore menos el audiovisual. De hecho, es lo que más me gusta hacer: el cine. Pero necesito volver al teatro de vez en cuando para enfrentarme a ese vacío y a ese reto.
Ahora te hago la pregunta de manera inversa, ¿te sientes más cómoda trabajando en cine? ¿por qué?
Sí, me siento más cómoda en el cine porque desde pequeña fue mi puerta de entrada a la profesión. Lo que me hizo querer ser actriz fueron las películas, no el teatro. Aunque estudié interpretación desde un enfoque más teatral, como es habitual, empecé a trabajar directamente en cine. Por eso me siento más cómoda en el lenguaje audiovisual. Además, hoy en día las diferencias entre cine y televisión son mínimas en términos de calidad. La televisión tiene un nivel cinematográfico muy alto. Aun así, el cine sigue siendo el medio que más me gusta.
