Históricas

María Josefa Amalia de Sajonia: la única reina escritora de la monarquía hispánica

La reina consorte de Fernando VII fue la única reina escritora de la monarquía hispánica: escribió poesía política, mística y religiosa -entre otros géneros- y lo hizo desde el anonimato

María Josefa Amalia de Sajonia fue la consorte de Fernando VII y la única reina escritora de toda la monarquía hispánica. Una distinción que tardó casi dos siglos en ser reconocida. Escribió poesía política, mística, religiosa e histórica; una novela; diarios de viaje; cartas personales y textos en alemán. Todo ello con un detalle que la convierte en un caso singular: casi nadie sabía que era ella quien escribía.

¿Quién fue María Josefa Amalia de Sajonia?

Huérfana de madre desde los tres años, fue educada bajo la supervisión de su padre y de su abuela, la princesa Cunegunda de Sajonia, mujer de poder y cultura. A los 16 años llegó a España para casarse con el rey, que ya tenía 35. Ella traía consigo una dote que hoy equivaldría a miles de millones de euros, aunque su verdadero patrimonio era otro.

Su tesoro era una biblioteca. Cientos de libros en varios idiomas sobre geografía, filosofía, religión y mitología. Con una naturalidad poco frecuente en la época, decidió compartirlos con sus damas, fomentando el gusto por la lectura en un entorno más acostumbrado a la etiqueta que al pensamiento.

Su formación: de la corte de Sajonia a la corte española

Su vocación literaria fue consecuencia natural de haber crecido en Sajonia, una de las cortes más refinadas de Europa, donde la música, las letras y las tertulias formaban parte de la vida cotidiana. Entre sus hermanos destacaba su hermana mayor, María Amalia, compositora de óperas. Su formación fue sólida: estudios bilingües en alemán y francés donde convivían la historia universal, la mitología y las ciencias naturales. A los 14 años ya manejaba ideas políticas complejas, distinguiendo entre distintos modelos de monarquía.

La leyenda negra española, siempre dispuesta a dramatizar, prefirió imaginar a Maria Josefa Amalia recluida en un convento. La realidad era más interesante. El hecho de que su abuela fuese abadesa de varios monasterios se interpretó como una vida de clausura que nunca existió. Una simplificación cómoda, aunque poco rigurosa.

La única reina escritora que publicó casi siempre en el anonimato

¿Por qué escribía en secreto?

La mayoría de su producción fue anónima, aunque publicó algunos textos con su nombre. Firmar no convenía. En una corte donde cada palabra podía interpretarse como una declaración, la discreción no era una virtud, sino una necesidad. A veces firmaba simplemente como “la autora”, una forma sobria de estar presente sin exponerse.

La leyenda insistió en presentarla como una figura ingenua, calificándola de «estéril e involuntario obstáculo» para el rey y la nación. No era un juicio literario, sino una forma de crítica indirecta: cuando no se podía atacar al rey, se hacía a través de ella.

Las publicaciones que sí llegaron a la luz

Aunque la mayor parte de su obra permaneció inédita —por decisión propia y por prudencia—, algunos textos sí llegaron a hacerse públicos y tuvieron un impacto notable.

El primer texto público fue un poema de 1824. Su aparición no fue casual: coincidió con el inicio de la Década Ominosa, tras la caída del régimen liberal, y sirvió para respaldar a las tropas que sostenían el absolutismo de Fernando VII. El efecto fue inmediato: su vinculación con los voluntarios realistas llegó a tal punto que la imagen de la reina terminó apareciendo en los botones de sus uniformes.

En 1827 escribió un poema de despedida con motivo de la marcha del rey a Cataluña para sofocar la rebelión de los malcontents. El texto se publicó en el Diario de Barcelona y tuvo tal repercusión que cruzó fronteras: fue traducido al inglés y al francés, y reproducido en periódicos como The Globe o el Sheffield Independent. Nada mal para quien en España era considerada, con cierta ligereza, una autora de escaso talento y algo ñoña.

La escritura como refugio político

En un reinado marcado por la inestabilidad, la escritura fue su refugio. Más que un pasatiempo, fue una forma de pensar sin ser vista: utilizó la pluma para analizar la realidad y dar forma a sus ideas sin necesidad de exponerse. Una forma discreta —y muy eficaz— de estar.

La obra de María Josefa Amalia: géneros y temas

Su producción fue sorprendentemente amplia para quien la historia había reducido a un segundo plano. Escribió poesía política, mística, religiosa e histórica; una novela; diarios de viaje; cartas personales y textos en alemán. Con el tiempo, su obra derivó hacia un profundo misticismo: centenares de poemas religiosos y oraciones que llegaron a ser rezadas por el pueblo sin que nadie sospechara que procedían de la única reina escritora de la monarquía hispánica. Una influencia silenciosa, pero constante.

Su legado: dos siglos después

Tras su muerte en 1829, Fernando VII transcribió de su propio puño y letra centenares de poesías y escritos de su mujer para asegurar su conservación. Más que un gesto, fue una confirmación de la estima que le tenía y de la conciencia de que aquella obra merecía perdurar.

Hoy, María Josefa Amalia de Sajonia es reconocida como la única reina escritora de la monarquía hispánica. Una distinción que tardó casi dos siglos en ser reivindicada, pero que ningún archivo, ningún tópico y ningún olvido consiguieron borrar del todo. Porque, en ocasiones, el silencio no es ausencia, sino una forma —muy inteligente— de permanecer.

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