Opinión

De Ángel a Ángel…

Actualizado: h
FacebookXLinkedInWhatsApp

El juego de la oca trae recuerdos nostálgicos de la infancia. De oca a oca y tiro porque me toca. Algo parecido ha ocurrido con el comportamiento frívolo del Palacio de la Moncloa en el lamentable caso Indra. Manuel de la Rocha, el hombre del presidente Sánchez para intervenir en las empresas privadas, ha movido la ficha durante este largo año de cambios de opinión, alteraciones de rumbo y caprichosas decisiones. Al final, de Ángel a Ángel y tiro porque me toca, dirá para sus adentros sobre el tapete verde de su mesa de juegos empresariales el presidente del Gobierno.

El ejecutivo, tras una batalla brutal librada ante los medios de comunicación, ha conseguido descabalgar a Ángel Escribano como presidente ejecutivo de Indra y ha sudado tinta china para nombrar a Ángel Simón presidente no ejecutivo, lo que significa que el poder de la gestión recae en las manos de José Vicente de los Mozos. En medio, queda olvidado, al menos estancado, el proyecto para integrar Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) en Indra y crear un campeón nacional en el sector de la Defensa, capaz de competir con dignidad en el mercado internacional; al menos, en el europeo. Para más sorna, se ha despertado el interés del gigante alemán Rheinmettall por adquirir la empresa de Alcalá.

Ángel Simón, exconsejero delegado de CriteriaCaixa

Pero, claro, esto no es un juego. Este es el mundo real de las empresas y el poder político, en el que se gestionan no sólo intereses de los accionistas sino de la propia estrategia nacional para conformar una empresa que merezca la pena en el crucial sector de la Defensa. Desde estas páginas, he defendido la operación de sumar EM&E a Indra ante la acuciante necesidad de contar con un competidor español, pese a ser conocedor del obvio conflicto de interés que presentaba la operación. El Gobierno parece que no se dio cuenta en su momento. Ni cuando permitió que los Escribano alcanzasen más del 14% del capital, ni cuando nombraron con entusiasmo a Ángel Escribano presidente ejecutivo, ni cuando impulsaron la integración con su empresa. Tampoco lo hizo la CNMV, cuyo silencio en toda la cadena de despropósitos ha sido atronador.

Hace un par de años, Carlos Sánchez, excelente periodista económico y divulgador de la historia empresarial española, publicó Capitalismo de amiguetes, en el que narra con análisis y descripción la historia de esa España capitalista, cuyos grandes empresarios crecieron al calor del favor político, cruzando intereses sin rubor de un lado al otro. Al leer sus páginas, ingenuamente pensaba que era la historia de la caduca España, no de la moderna y pujante de estos últimos años. Pero, una vez más, mi ingenuidad y mi creencia en la nueva España, se ha visto decepcionada por la acción de un Gobierno progresista que impúdicamente no respeta ni las apariencias. El ominoso cese de Álvarez Pallete citado a toque de silbato por Manuel de la Rocha en Moncloa y, curiosamente, con la presencia activa de Ángel Simón, entonces consejero delegado de Criteria, sólo fue un adelanto de las intenciones del Gobierno para intervenir en las empresas con todo desparpajo.

Una imagen de la defensa y seguridad en Indra.
Kiloycuarto.

De Ángel a Ángel y tiro porque me toca. Pero un Ángel tiene poco que ver con el otro Ángel. Escribano es un tornero fresador que, junto con su hermano Javier, ha convertido un modesto taller mecánico en uno de los referentes de la industria militar nacional. No tiene formación, no ha ido a escuelas de negocio, no tiene idea de cómo se gestiona una cotizada, pero sí sabe manejar con éxito una empresa de Defensa. Simón es ingeniero de Caminos y ha dedicado el grueso de su vida a dirigir empresas de agua, la mayor parte bajo el paraguas de la Caixa. Es un ejecutivo solvente y profesional, aunque sin previos conocimientos del sector. Durante un año fue consejero delegado de Criteria, pero sus desavenencias con Isidro Fainé le llevaron a salir por la puerta de atrás. Es un hombre bien visto por el Partido Socialista de Cataluña (PSC), por Salvador Illa y por el propio Manuel de la Rocha. Ya se sabe lo que determina el PSC en el empresariado monclovita. Ahí están Lucena, Murtra, Blanco y otros.

El resultado de este penoso juego de la oca y sus múltiples despropósitos no puede ser más desafortunado. El proyecto de crear un campeón español queda en el limbo. El Consejo de Administración y la dirección ejecutiva de Indra quedan tocados del ala. El papel de la CNMV, como valedor de las cotizadas, en entredicho. El Gobierno ha mostrado la desalentadora cara ante el inversor internacional de su actitud intervencionista en la empresa privada. EM&E queda en el escaparate para ser comprada por un competidor extranjero. La capitalización de Indra ha mermado alrededor de un 25% en estas semanas, lo que significa que la inversión de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), con el dinero del contribuyente español, ha perdido un chorro de dinero. Los odios africanos se han levantado entre los protagonistas de esta historia. Este es el balance de la impericia y el descaro de Moncloa.

Sede de Indra en Madrid.
Europa Press

Pero, como dice el proverbio inglés, no merece llorar por la leche derramada. Habrá que pasar página de este capítulo y pensar en reconstruir Indra y el proyecto de crear un relevante actor español para competir en la industria militar. Ángel Simón y José Vicente de los Mozos son dos gestores de acreditada experiencia y resultados. Indra está obligada a presentar un plan estratégico para enfrentarse a la nueva situación. El Gobierno, este o cualquier otro, es el principal cliente y cabe pensar que seguirá confiando sus proyectos a Indra. La inversión europea y española está garantizada con una montaña de millones de euros para los próximos años. La sombra la proyecta la tentación intervencionista de este Gobierno de progreso.