Mientras el mundo contiene el aliento ante la escalada bélica entre EE UU, Israel e Irán, las mujeres desplazadas de Afganistán, que huyeron ante las restricciones impuestas por el régimen talibán, sufren en un abismo vital. Muchas de las que huyeron, mayoritariamente a Pakistán e Irán, afrontan un miedo constante por las amenazas de deportación, la falta de derechos y el riesgo de una guerra en la región que podría deteriorar más si cabe su precaria situación.
Desde 2022, las mujeres afganas en Irán viven un calvario. Se estima que en el país llegaron a vivir cinco millones de afganos -mayoritariamente mujeres y niñas-, y las autoridades iraníes han acelerado los esfuerzos para expulsar a las personas indocumentadas, obligando a cientos de miles a regresar a un país que ha instaurado un sistema de apartheid de género.

Desde el inicio del nuevo conflicto el 28 de febrero, entre 600.000 y un millón de familias iraníes se encuentran ya desplazadas dentro del país debido al agravamiento del conflicto, según las primeras evaluaciones de ACNUR. Esto supone hasta 3,2 millones de personas que huyen principalmente de Teherán y de otras grandes ciudades hacia el norte y las zonas rurales en busca de seguridad. ACNUR advierte de que la cifra podría seguir aumentando en los próximos días, reflejando un deterioro acelerado de las necesidades humanitarias.
Safia era una de las afganas que buscó refugio en territorio iraní para huir de los abusos de su marido, que fue reclutado por los talibanes para ejercer de Policía en la provincia de Herat. Con ayuda de otras refugiadas de su país, logró montar un pequeño negocio de ropa y lograr cierta estabilidad. Su plan colapsó el pasado verano, cuando recibió una orden de deportación inminente. “Fui su segunda esposa. Mi padre me obligó a casarme con él porque tenía dinero y poder. Me golpeaba constantemente. Aquí en Herat, no estoy segura. Mi esposo ahora colabora con los talibanes y aún tiene influencia”, contó al The Guardian.
El drama de las afganas tras la llegada de los talibán
De los aproximadamente 800.000 refugiados y migrantes afganos indocumentados que fueron devueltos desde Irán entre el 1 de junio y el 23 de julio de 2025, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) afirmó que 153.000 eran mujeres. Las que permanecieron viven desde entonces sumergidas en la incertidumbre. Según la ONU, cerca de un 71% de las personas afganas que llegaron al país desde el ascenso de los talibanes en 2021 (4,5 millones de personas) son mujeres.

Según el portal Migration Policy, solamente unas 750.000 están registradas como refugiadas por las autoridades de Teherán; mientras que casi tres millones viven en situación irregular o con permisos temporales muy frágiles. Miles de niñas y niños no acompañados fueron devueltos a Afganistán, en el marco de una campaña de expulsión masiva que organismos de derechos humanos califican de ilegal.
Las afganas en Irán, doblemente oprimidas
“Creí que por fin había encontrado un refugio seguro para mí y mis hijos”, recordó la deportada Safia desde Herat. Los problemas para las afganas se recrudecieron tras la ola de protestas “Mujer, Vida, Libertad”, que sacudieron Irán tras el asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la ^Policía de la moral. Desde entonces, la población afgana vive bajo mayor vigilancia, racismo y violencia institucional. Feministas afganas denuncian que afrontan una doble capa de opresión: por su género y por su nacionalidad.

El panorama en la vecina Pakistán, que en el pasado fue tierra de “refugio” para talibanes tras la invasión estadounidense de Afganistán en 2001, también es desolador. “Las mujeres afganas refugiadas están atrapadas en un país de acogida cada vez más hostil”, considera Human Rights Watch (HRW). En Pakistán hay oficialmente unos 1,4 millones de refugiados afganos registrados, y probablemente otro millón o más sin registro.
Según denuncian organizaciones humanitarias, el Gobierno de Islamabad está aplicando el un plan para la repatriación de “extranjeros ilegales” en fases, que acaba afectando incluso a quienes tienen documentos de ACNUR, si estos expiran sin renovarse. Hasta mediados de 2025, se estima que cerca de 1,5 millones de afganos se vieron forzados a huir del país. Solo entre abril y junio del año pasado, 51.000 mujeres y 64.000 niñas afganas fueron forzadas a volver a su país de origen, lo que las forzó a perder su educación y empleo.

De acuerdo con la organización We are Afghans, la situación sigue empeorando. “El deterioro de la seguridad de los refugiados afganos en Pakistán, impide a los afganos, en particular a las mujeres y niñas, acceder a la justicia y la protección. La imposibilidad de los afganos de buscar justicia por expulsiones forzadas, detenciones y arrestos arbitrarios, robo de bienes y medios de vida, y violaciones de las protecciones amparadas por el derecho internacional, es sumamente preocupante y requiere la intervención internacional”, alerta en un informe en su web.
Violencia, abuso y amenazas sexuales
Según HRW, desde su llegada a Pakistán, muchas mujeres y niñas afganas quedan atrapadas en un entorno de violencia, abuso y amenazas sexuales. Hay casos documentados de agentes policiales que sometieron a hostigamiento sexual y amenazas de agresión a mujeres y niñas afganas, utilizándolo como forma de presión para forzarlas a cruzar la frontera y regresar a un país donde sus derechos son sistemáticamente negados. Estas agresiones a menudo no se denuncian por miedo a represalias.
Durante la “Guerra de los 12 Días” que enfrentó a Israel e Irán, las refugiadas afganas en Irán no solo siguieron soportando la xenofobia y las deportaciones, sino que además quedaron expuestas directamente al riesgo bélico y la histeria colectiva. Muchas viven en ciudades estratégicas como Teherán o Isfahán, que pasaron a ser objetivo de la fuerza aérea israelí. Sin lugar de refugio, muchas se vieron confinadas en barrios inseguros, con restricciones para abandonar la zona. Una vez más, tanto Teherán como Isfahán, fueron bombardeadas en las últimas 48 horas.

El miedo de muchas afganas es que el ciclo bélico vuelva a deteriorar su estatus. En tiempos de guerra, los alimentos se obtenían solo a precios desorbitados. Tras los ataques en verano, las autoridades iraníes culparon a la población afgana de ser informadores o colaboradores de Israel. Las redadas y agresiones racistas se duplicaron. Más de medio millón de personas, la mayoría mujeres y niñas, fueron deportadas. Al estallar la guerra en Irán, las afganas refugiadas pagarán el precio más alto.
