Las pescaderías de Mercadona están cambiando de forma visible en distintos puntos de España. La cadena valenciana ha empezado a sustituir en algunas tiendas el mostrador tradicional por un nuevo modelo de venta basado en pescado limpio, cortado y envasado en bandejas listas para llevar. La transformación ya se ha hecho notar en La Rioja, donde varios establecimientos han comenzado a desmontar su sección clásica de pescadería, y se enmarca en una estrategia más amplia con la que la empresa quiere reorganizar uno de sus espacios más delicados.
Mercadona evita presentar este movimiento como una simple retirada del pescado fresco. Su mensaje oficial va por otro lado. La compañía asegura que está implantando un “nuevo modelo de venta de pescado” con el que busca ofrecer “más frescura, mejor servicio y mayor calidad”. Según explica en su web corporativa, la clave está en vender un producto “limpio y listo para consumir”, reduciendo tiempos y facilitando la compra cotidiana al cliente.
Las pescaderías de Mercadona cambian de formato
Lo que está desapareciendo, por tanto, no es el pescado, sino la forma tradicional de venderlo. En lugar del mostrador con atención directa, las pescaderías de Mercadona pasan en algunos casos a un formato de autoservicio refrigerado, con bandejas preparadas y terminaciones ya hechas. Eso incluye filetes, rodajas y piezas limpias, listas para cocinar o almacenar en casa sin tener que esperar turno ni pedir preparación al momento.
La compañía ya había dado pistas sobre este giro meses atrás. En enero de 2025 confirmó públicamente que en algunas tiendas estaba realizando un cambio en la sección de pescadería “cuyo objetivo es fomentar el consumo del pescado, ofreciéndolo limpio y ya preparado”. Ese ensayo se ha ido extendiendo y en abril de 2026 ya tiene una traducción muy concreta en supermercados donde el mostrador tradicional ha sido directamente desmontado.

El caso de La Rioja ha servido para poner el foco mediático sobre una transición que, según NueveCuatroUno, no afectará a todas las pescaderías del país, pero sí a una parte muy amplia de ellas. En Logroño y Villamediana de Iregua ya se han visto los primeros cambios, con secciones sustituidas por lineales de pescado envasado.
Qué gana el supermercado con este nuevo sistema
Desde el punto de vista empresarial, el movimiento tiene bastante lógica. El modelo tradicional exige más manipulación directa, más personal especializado y una operativa más compleja dentro de la tienda. El formato en bandeja simplifica procesos, permite centralizar parte de la preparación y agiliza la colocación del producto en el punto de venta. Mercadona, de hecho, defiende que este sistema mejora la disponibilidad, acorta esperas y facilita que el cliente incorpore pescado a su compra habitual.
En su explicación oficial, la cadena destaca varias ventajas concretas. Habla de “acabados y terminaciones” más cómodos para el consumidor, de menos tiempo de espera al desaparecer el turno del mostrador y de un surtido adaptado al consumo doméstico. También subraya que el producto puede congelarse en la mayoría de los casos, siempre que no se indique lo contrario en la etiqueta y se sigan unas pautas de conservación adecuadas.

En otras palabras, Mercadona no plantea el cambio solo como una cuestión de eficiencia interna, sino como una evolución del servicio. El discurso corporativo insiste en que el pescado seguirá siendo de calidad y que el nuevo sistema puede incluso resultar más práctico para un consumidor que compra con menos tiempo, planifica poco y valora la rapidez.
Lo que preocupa a clientes y barrios
La otra cara de la decisión está en la experiencia de compra. El mostrador tradicional permitía elegir la pieza, ver el género de cerca y pedir una limpieza concreta en el acto. Ese componente personal desaparece o se reduce mucho con el sistema de bandejas. Y ahí es donde aparecen las principales reticencias de parte de la clientela, especialmente entre quienes usan estas secciones como alternativa a las pescaderías de barrio que ya no existen en muchas zonas urbanas.
También hay dudas sobre el precio. Mercadona sostiene que el coste es “equivalente”, ya que el producto en bandeja incorpora un servicio más completo de limpieza y preparación. Sin embargo, clientes citados por medios locales aseguran haber detectado diferencias a favor del formato tradicional en algunos productos concretos. Ese contraste anticipa uno de los debates que probablemente acompañen a la implantación del nuevo modelo: si la comodidad compensa o no la posible percepción de un mayor encarecimiento.
A eso se suma un elemento simbólico nada menor. Las pescaderías de Mercadona formaban parte de la imagen clásica del supermercado con secciones de frescos atendidas por personal. Su desaparición parcial se interpreta también como un síntoma de hacia dónde se mueve la gran distribución: menos mostrador, más producto preparado y una compra cada vez más pensada para ser rápida, homogénea y fácil de replicar en cualquier tienda.
