Opinión

Sánchez colecciona quijotes

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La encuesta, más vieja que la tos, vio la luz hace once años, cuando el cuarto centenario de la Segunda parte del ingenioso caballero Don Quijote de La Mancha. El CIS pretezánico preguntaba a los paisanos si habían leído la magnum opus no ya de Miguel de Cervantes, sino de la literatura española y, por qué no, de la universal, junto a la Biblia, la Divina Comedia y las tragedias de Shakespeare. El estudio reveló datos interesantes: el 40,9% de la tropa reconoció no haber leído un sólo capítulo de la primera novela verdaderamente moderna; de estos, el 31,9% alegaba como razón principal que no les gustaba leer. Como María Pombo.

 

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Me pregunto si Pedro Sánchez se incluye en ese vetusto, por no decir caducado –¿para cuándo actualizar esta encuesta?–, 40,9% que no ha tocado en su vida el Quijote, si pertenece al 21,3% que ha leído algunos capítulos o si es miembro del Club VIP 21,6% que se ha zampado el libro de principio a fin. Sí sabemos que, bien por iniciativa propia, bien por sabio consejo de sus asesores, lo ha utilizado como herramienta política. A veces, de forma chapucera. En febrero, por ejemplo, quiso parafrasear al ingenioso hidalgo para atizar en Twitter al trasunto de Frestón, Elon Musk, con el siguiente mensaje: “Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”.

Problema: esas líneas no aparecen en El Quijote. El origen, según el escritor mexicano Arturo Ortega Morán, es el poema “Labrador” (1808) de Goethe: “Pero sus estridentes ladridos / sólo son señal de que cabalgamos”. Bah, pelillos a la mar. Tampoco extraña el lapsus/error –que el lector escoja– de alguien que ubicó en Soria la “cuna de Machado”, hispalense cuya infancia eran “recuerdos de un patio de Sevilla”.

También en febrero, Sánchez volvió a recurrir al Quijote para hacer política. Le regaló un ejemplar al gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom, y así lo difundió en X: “Espero que disfrutes de la sabiduría de Cervantes. En ella encontrarás inspiración para enfrentarte a los gigantes”. Nada que objetar a la primera frase, mucho a la segunda. Porque si Gavin Newsom decide enfrentarse a un molino de viento, acabará con la lanza hecha pedazos, el caballo por los suelos y él “rodando muy maltrecho por el campo”. El yerno de Sabiniano lo sabe. Y muy bien. No es ningún alucinado a la hora de detectar y clasificar a sus enemigos. Por eso sobrevive.

Si Sánchez, artesano de la excusa, paladín del oportunismo, ha aprovechado algo de ese Capítulo VIII de la primera parte del Quijote es lo que el hidalgo le dice a su escudero tras estamparse contra el molino: “Las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada”.

El lunes, el presidente Sánchez publicó un vídeo en TikTok titulado “3 objetos de mi despacho”. Lo vimos encendiendo una varita de incienso, como la Yerbas de Aquí no hay quien viva, amén de mostrando una botella que le mandó un niño gazatí –en fin, a saber– y su colección de quijotes de Mojácar. De aquella percha, esta columna. Haría bien el jefe del Ejecutivo en recordar cómo termina la extraordinaria aventura del ingenioso hidalgo: “Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba”.

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