La habitación propia

Quince ensayos para dejar de mirar hacia otro lado

Alia Trabucco Zerán regresa con 'Las otras', un libro que pone nombre a todo lo que el presente intenta silenciar, el feminismo, Palestina, los neofascismos y las batallas del lenguaje

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Las otras es un libro que formula muchas preguntas, que es algo mucho más difícil y mucho más valioso que simplemente dar respuestas. En quince ensayos trenzados con inteligencia, Alia Trabucco Zerán tira del hilo de sus propias lecturas, experiencias y recuerdos para examinar el mundo contemporáneo sin condescendencia y sin resignación. Los temas que trata son concretos y actuales, lo queer, la migración, el cuerpo y el islam, la circulación de imágenes en el mundo virtual, la memoria de los ancestros, y hay una pregunta que recorre el libro de principio a fin: cómo nombramos lo que vivimos y qué ocurre cuando alguien nos arrebata las palabras para hacerlo.

La escritora lo explica con claridad cuando se le pregunta qué puede ofrecer el ensayo literario frente al ruido de las redes sociales y la opinión instantánea: “Lentitud ante el vértigo, profundidad ante la banalidad, pensamiento crítico ante el consumo acrítico, posibles luces en un momento de tanta opacidad, y también un espacio para habitar la duda, la incertidumbre, la ambigüedad de manera menos solitaria y por lo tanto menos difícil, sobre todo en estos tiempos tan atronadores, dicotómicos y repletos de aparentes certezas.”

En ese sentido, Las otras es también una defensa del género ensayístico como forma de resistencia intelectual, de quien se sienta ante una página y decide pensar despacio.

El yo que interroga

Una de las decisiones formales más interesantes del libro es cómo la autora construye su voz. En el ensayo, el “yo” siempre es una apuesta arriesgada porque puede caer en el testimonio vacío o en el narcisismo intelectual. En el caso de Trabucco Zerán, la primera persona aparece para preguntar e  incomodar, pero también para desaparecer cuando las ideas necesitan más espacio que la experiencia personal. “La primera persona, que siempre me resulta esquiva, aparece en varias ocasiones para narrar experiencias propias o reflexionar, pero también deriva a una tercera persona o incluso se vuelve un doble, mientras que otras veces desaparece para permitir subrayar las ideas que quise discutir.”

Es una posición de escritura que conecta directamente con la tradición ensayística feminista. Un yo parcial y consciente de sus propios límites, que sabe desde dónde habla y que hace de esa conciencia parte del argumento y, sobre todo, que no se presenta como universal ni como meramente autobiográfico. 

‘El cuento de la criada’ de Margaret Atwood es uno de los libros vetados en distritos escolares estadounidenses
Salamandra

Las palabras que nos quitan

El libro se abre con un epígrafe de Judith Butler: “¿Podría acaso el lenguaje herirnos si no fuéramos, en algún sentido, seres lingüísticos, seres que necesitan del lenguaje para existir?” como pregunta que orienta buena parte de lo que viene después. La autora se pregunta en uno de los ensayos si “miramos con las palabras”, y la respuesta a la que llega es que el lenguaje describe, produce y descubre el mundo.

Por eso la censura lingüística no es un asunto menor ni burocrático. Cuando la administración Trump firmó un decreto prohibiendo en las instituciones públicas términos como transexualidad, aborto, clima, racismo, género o incluso mujeres, estaba intentando hacer desaparecer las realidades que esas palabras nombran. “Nombrar es un acto político, siempre”, señala Trabucco Zerán.

La autora distingue además entre censura y crítica, una distinción que en el debate cultural actual se confunde con preocupante frecuencia. Criticar una obra por su contenido racista o machista no es censura, en la medida en que la obra sigue circulando. Retirar miles de libros de bibliotecas escolares por hablar de diversidad sexual o de feminismo, como ha ocurrido en Estados Unidos, sí lo es. “Esos han sido casos aislados, incomparables con el abierto retorno de la censura en lugares como Estados Unidos donde miles de libros han sido retirados de las bibliotecas por hablar de diversidad sexual o de feminismos, cuenta.

El matiz importa. Y en un momento en que cualquier crítica se presenta como ataque a la libertad de expresión, importa aún más.

Cuando el feminismo gana terreno y el conservadurismo lo cerca

Las otras es también un libro sobre el feminismo en el que se identifican dos procesos que avanzan en paralelo y en sentidos opuestos. Por un lado, la visibilización en la última década de genealogías de mujeres y disidencias que han transformado el canon literario y cultural. Por otro, una restauración conservadora y autoritaria que tiene como objetivo explícito reimponer un orden jerárquico en materia de género, raza y clase.

“Son viejos discursos que han encontrado mucha resonancia y que hoy avanzan peligrosamente intentando retroceder en derechos para las mujeres y las disidencias”, señala la autora. Esa doble conciencia de celebrar lo conquistado sin ignorar lo que está en riesgo es una de las tensiones más productivas del libro.

Trabucco Zerán habla de cómo esas genealogías la configuran como escritora y como lectora, y de la importancia de nombrarlas: “Esas genealogías forman parte de mi formación, de mi mirada, de mi propia vida, y me encargo siempre de mencionarlas porque me configuran profundamente.” 

‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’, poema en prosa de la ganadora del Nobel Herta Müller
Siruela

Separar la obra del artista

Uno de los ensayos más provocadores del libro aborda una pregunta que la cultura contemporánea ha respondido con demasiada rapidez en ambas direcciones: ¿qué hacemos con la obra de un escritor o escritora cuya postura política nos incomoda radicalmente? Un tema de rabiosa actualidad, por otra parte. 

La autora lo resuelve desde la honestidad y sin esquivar la contradicción. Relata su experiencia con Herta Müller, una de sus escritoras favoritas, tras la publicación en 2024 de un ensayo de la Nobel rumana con una postura negacionista respecto del genocidio palestino. “El texto me dejó perpleja y me dolió, porque ella como pocas ha abordado la violencia en su literatura de manera sensible y brillante. ¿Qué hacer? ¿Estoy dispuesta a dejar de leer su obra por la indignación que me causó esa posición? Mi respuesta es que la seguiré leyendo, claro que sí, pero pretender que esa posición no va a incidir en mi lectura y en mi propia interpretación de su trabajo es artificioso.”

No es una respuesta simple, pero es una respuesta honesta, que se niega tanto a la cancelación automática como a la separación ficticia entre la persona y su obra. Las obras no circulan en el vacío, recuerda Trabucco Zerán. Las sostienen manos específicas, las leen ojos específicos, las escribe una persona determinada. Ignorarlo sería otra forma de ficción.

Leer como acto político

Las otras se abre con una apuesta por la literatura como lugar para la imaginación política. La literatura como anticipación, el género que con más precisión ha sabido imaginar futuros y que todavía puede hacerlo, lejos de mera propaganda. 

“Que un ser humano se quede ante una página y no ante su teléfono, es en sí mismo una forma de resquebrajar el mundo”, dice Trabucco Zerán. Leer implica parar, salir del frenesí, salirse de una misma para habitar la voz de otro u otra. Es un gesto pequeño con consecuencias que no lo son tanto.

¿Quiénes son Las otras del título? Son las mujeres borradas del canon, las voces desplazadas del debate público, las palabras prohibidas por decreto, los futuros que aún no tienen nombre. Son también, en cierta medida, todas las que leen este libro y reconocen en él algo que sabían pero no habían conseguido formular.

Las otras es uno de esos libros que demuestran que pensar con rigor y con valentía sigue siendo posible, y que la literatura es todavía un lugar donde hacerlo.

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