Arte

Más allá de la bomba: la vida invisible de la guerra en el Museo Thyssen

En una exposición histórica titulada "Pedagogías de la guerra", el dúo artístico ucraniano Roman Khimei y Yarema Malashchuk desafían el espectáculo mediático del conflicto y proponen una reflexión sobre cómo la guerra reconfigura en silencio la vida cotidiana

Vista de la instalación "Open World [Mundo abierto]", 2025
Maru Serrano

Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el mundo se ha llenado de imágenes de destrucción: rascacielos en explosión, tanques calcinados y el caos de los frentes. Sin embargo, una nueva exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza, organizada en colaboración con la fundación TBA21, busca cuestionar estos clichés. “Pedagogías de la guerra”, abierta desde el 3 de marzo hasta el 21 de junio, pone el foco en la inquietante pausa entre bombardeos y en esa “normalidad alucinada” que persiste bajo la sombra de la violencia.

Comisariada por Chus Martínez, la muestra presenta cuatro instalaciones audiovisuales de Roman Khimei y Yarema Malashchuk, figuras centrales de la nueva generación de artistas ucranianos. Martínez articula la exposición a partir de la distinción de Bertolt Brecht entre Erlebnis —la experiencia inmediata del trauma— y Erfahrung, el conocimiento elaborado que puede generar el arte. Al evitar imágenes directas de combate, los artistas crean una distancia ética que obliga al espectador a enfrentarse a la guerra como una condición estructural, más que como un acontecimiento aislado.

El recorrido comienza con The Wanderer [El caminante] (2022), donde los artistas utilizan sus propios cuerpos para recrear las posturas de soldados rusos caídos en los Montes Cárpatos. La obra dialoga con El caminante sobre el mar de niebla, de Caspar Friedrich, para subvertir la tradición romántica que ha tendido a sublimar la muerte en la guerra. Aquí, el paisaje deja de ser contemplativo para convertirse en un espacio de dominio.

En Open World [Mundo abierto] (2025), una obra de reciente encargo, el dúo explora el cruce entre tecnología militar y desplazamiento humano. La pieza sigue a un joven ucraniano en el exilio que utiliza un perro robótico —concebido originalmente para uso militar— para “visitar” a distancia su antiguo vecindario. Lo que fue diseñado como herramienta de guerra se convierte en un frágil vínculo con la memoria, canalizando la tristeza de la separación.

Open World [Mundo abierto], 2025
Yarema Malashchuk y Roman Khimei
Quizá la pieza más sobrecogedora sea You Shouldn’t Have to See This [No deberías tener que ver esto] (2024), una instalación muda de seis canales que muestra a niños ucranianos durmiendo. Se trata de menores que fueron trasladados forzosamente por Rusia y que más tarde pudieron regresar. El silencio potencia su vulnerabilidad, convirtiendo la mirada del espectador en un campo de minas ético que oscila entre la empatía y el voyeurismo.

La exposición concluye con We Didn’t Start This War [Nosotros no empezamos esta guerra] (2026), un tríptico que recoge escenas cotidianas en apariencia en Kiev: personas resbalando sobre el hielo o un anciano durmiendo mientras una abeja revolotea cerca de su rostro. Aquí, la pedagogía de la guerra se revela con claridad: incluso en medio del desastre, la vida continúa, aunque cargada de un significado alterado.

We Didn’t Start this War [Nosotros no empezamos esta guerra], 2026
Yarema Malashchuk y Roman Khimei
La muestra se inscribe como una pieza clave dentro del apoyo continuado de la coleccionista Francesca Thyssen-Bornemisza a la cultura ucraniana. Para los artistas, su presencia en Madrid durante ARCO ha sido un “privilegio” que no dan por sentado, conscientes de que muchos de sus contemporáneos siguen atrapados en el conflicto o bajo la amenaza del reclutamiento.

Al fin y al cabo, “Pedagogías de la guerra” plantea una idea incómoda: si la guerra puede integrarse en la rutina hasta volverse casi invisible, la paz también exige ser practicada como una forma de vida cotidiana.

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