La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, anunció este jueves la reunificación de un nuevo grupo de niños ucranios con sus familias, en el que constituye el tercer proceso de retorno facilitado por su oficina desde que asumió un papel activo en esta cuestión humanitaria. El comunicado oficial no precisó el número exacto de menores implicados ni cuántos regresaron a Ucrania o a Rusia, pero subrayó que la iniciativa forma parte de un esfuerzo sostenido para abordar una de las consecuencias más terribles de la guerra iniciada en febrero de 2022.
“Valoro el compromiso de Rusia y Ucrania con la labor de devolver a los niños desplazados”, señaló la Primera Dama en una declaración difundida por su oficina el jueves por la tarde. “Aunque todas las partes cooperan y nuestras comunicaciones siguen siendo sólidas, insto a Rusia y Ucrania a intensificar sus esfuerzos para garantizar el regreso seguro de cada niño a sus familias y tutores”.
Según la nota oficial, es la tercera ocasión en la que la primera dama contribuye a facilitar el retorno de menores separados de sus allegados a causa del conflicto. En diciembre, la Casa Blanca informó del regreso de siete niños, seis varones y una niña, a sus familias en Ucrania. Con anterioridad, en octubre, Trump había anunciado la apertura de un “canal de comunicación” con el presidente ruso, Vladímir Putin, centrado en la situación de los menores desplazados, lo que derivó en la reunificación de ocho niños y en planes para otros cinco casos adicionales.
La implicación de la primera dama en una cuestión tradicionalmente reservada a los diplomáticos ha sido interpretada como un movimiento inusual dentro de la política exterior estadounidense. Su oficina sostiene que mantiene contactos continuos con representantes de ambos países y que Estados Unidos ha aportado ayuda humanitaria para respaldar las gestiones logísticas y legales necesarias para los retornos.
El contexto en el que se inscribe esta iniciativa es complejo y controvertido. El Gobierno ucranio afirma que más de 20.000 niños han sido trasladados desde hogares, orfanatos y centros educativos en territorios ocupados hacia Rusia desde el inicio de la invasión a gran escala. Otras estimaciones elevan la cifra a varios cientos de miles. Según datos oficiales de Kiev, hasta el 4 de diciembre de 2025 habían logrado regresar 1.876 menores considerados deportados.
Moscú, por su parte, sostiene que los traslados se realizaron por razones humanitarias, con el objetivo de proteger a los niños de los combates en el este de Ucrania. Kiev rechaza esa versión y denuncia que muchos de los menores fueron trasladados sin el consentimiento de sus tutores legales y sometidos a procesos de adopción o integración en familias rusas.
La dimensión jurídica del asunto quedó subrayada en 2023, cuando la Corte Penal Internacional (CPI) emitió órdenes de detención contra el presidente ruso, Vladímir Putin, y contra la comisionada rusa para los derechos del niño, María Lvova-Belova, por presuntos crímenes de guerra relacionados, entre otros aspectos, con la deportación de menores desde territorios ocupados de Ucrania. El Kremlin ha rechazado esas acusaciones.
En este escenario, la cuestión de los niños se ha convertido en uno de los puntos más delicados de las conversaciones de paz, intermitentes y hasta ahora infructuosas, orientadas a explorar vías de desescalada. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha insistido en que el retorno de los menores es un asunto prioritario y ha pedido a los aliados occidentales que lo mantengan en la agenda internacional. “Es el tema más difícil”, señaló en una entrevista el pasado diciembre.
Desde la oficina de la primera dama se insiste en que su compromiso “es firme e inquebrantable” y que continuará trabajando “de manera estratégica con ambas naciones” para propiciar nuevas reunificaciones. Aunque los resultados concretos siguen siendo limitados en comparación con la magnitud del problema, cada retorno individual tiene una carga simbólica y humana que trasciende las cifras.
La iniciativa de Melania Trump, en un terreno donde la política y el derecho internacional se entrecruzan con el drama personal de miles de familias, consigue la restitución de cada niño, aunque sea un gesto en medio de una crisis tan prolongada.
