“Estoy extremadamente triste. Me encantaría poder tomar algo de distancia y poder volver a mi vida cotidiana aquí en España, volver a dar mis clases de flamenco, pero no puedo. Es mucho el dolor”. Es la confesión final de Farnaz Ohadi en el colofón de nuestra entrevista, una conversación a borbotones sobre el arte, Irán y el mundo en una tarde desapacible de finales de enero en Sevilla. Acabamos de volver a nuestros teléfonos para enterarnos de que la UE se acaba de poner de acuerdo para incluir a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas, pero el periodista puede permitirse comenzar por una pregunta que agradece.
Ohadi viene de grabar del estudio de su discográfica en la localidad de Gelves, a orillas del Guadalquivir, y elige sin dudar el Museo del Baile Flamenco de la capital hispalense, entre retratos de su impulsora Cristina Hoyos y pequeños grupos de turistas asiáticos que se acercan al espectáculo previsto en esta hora del café, para esta entrevista con Artículo14 sobre la situación que atraviesa su país, que es también una conversación sobre las concomitancias entre la cultura iraní y la española, entre la poesía persa y el flamenco, tan lejos y tan cerca.
El flamenco como destino
Porque para esta iraní de 52 años, que ha pasado los últimos cuatro y medio en Sevilla, el flamenco era el destino que la vida le tenía deparado. “Tardé casi medio siglo en darme cuenta. Entonces dejé mi vida en Canadá, donde trabajaba como diseñadora de interiores, para venirme aquí con mi hija menor que tenía entonces nueve años, dejar allí a mi marido y mis otras dos hijas mayores, y seguir aprendiendo en una de las cunas del flamenco. Y a escribir y a componer. Todos los temas y preocupaciones caben en el flamenco, que es como una madre generosa que lo admite todo y nos pide que le demos. He encontrado mi voz y he abierto las ventanas, y todo fluye. La sensación de haber encontrado mi camino es muy bella”, admite quien se define en su perfil oficial como “embajadora del flamenco persa”.

No en vano, se encuentra en plena promoción de Breath, su último trabajo, un producto de fusión entre el flamenco y la música persa, que la artista define como una forma de reclamar su espacio como mujer iraní, su derecho a cantar y a existir. Una resistencia que cobra más sentido que nunca en la actual hora crítica para Irán. “Aunque comencé a trabajar en él en 2018, el álbum está relacionado con lo que hoy está pasando en mi país. Porque la nuestra ha sido una lucha de muchos años”, afirma.
Pero Ohadi comenzó a unir, para siempre y sin saberlo, su vida al cante jondo mucho antes de su llegada hace cuatro años y medio a la capital andaluza. Todo había comenzado, en casa, en Teherán, cuando su padre le ponía discos de los artistas flamencos del momento. Farnaz era una pequeña inquieta que preguntaba mucho y lo cuestionaba todo, y pronto sus padres se dieron cuenta de que la entonces nueva República Islámica no podía ser su lugar.
“Justo antes de ir a la universidad, a los 17, mis padres, ambos ingenieros civiles, deciden que nos marchamos de Irán. El momento más duro para ellos, no me olvidaré nunca, fue cuando tuvieron que decidir qué libros de su increíble biblioteca, con muchos de ellos prohibidos en Irán, los acompañarían en su nueva vida. ¡Cómo lloraban! Ten presente que la habitación más grande de nuestro piso no era el salón o su dormitorio, sino la biblioteca”, relata. El régimen había cumplido apenas 11 años de existencia y los Ohadi deciden poner rumbo a Canadá con el contexto de la guerra Irán-Irak. “Mi madre fue la primera ingeniera civil en Irán y tenía una buena posición laboral en la administración. Pero lo sacrificaron todo por mí”, admite con emoción.

“Una crueldad que no imaginábamos”
Pero el flamenco que la trae a Sevilla es también un grito de dolor, y, no en vano, la lucha como mujer y como alma libre está en la base de la música de Farnaz Ohadi. Llegó a España en pleno estallido del movimiento Mujer, Vida, Libertad tras la muerte de la estudiante Mahsa Amini en custodia de la Policía de la moral y desde la capital andaluza sigue y sufre por la situación que vive Irán desde el pasado 28 de diciembre.
“Me cuesta seguir haciendo mi vida normal; cada vídeo, cada fotografía que llega desde Irán me provoca un dolor inmenso. Lo primero que hago al despertar es encender el teléfono, colocarme las gafas y entrar en las redes en busca de noticias. Ojalá terminemos esta entrevista y podamos recibir la noticia de que por fin ha caído el régimen. Además, los que estamos fuera sentimos una cierta culpa por haber escapado del horror”, confiesa.
Como para todos los iraníes, estos días están siendo para Farnaz un auténtico tobogán de emociones: el dolor se mezcla con la inquietud y con la ilusión, y vuelta a empezar. La artista reconoce que hubo un momento en el que los iraníes de la diáspora creyeron que era el final del régimen. “Conocemos bien el régimen, pero después de ver la magnitud de la protesta en las calles de las ciudades iraníes llegamos a creernos que la República Islámica estaba desmoronándose desde dentro”, admite.

“Pero no podíamos imaginar un nivel de crueldad a todos los niveles como el que han tenido las autoridades de mi país. Han matado masivamente, de una manera brutal. Han desaparecido cadáveres de niños y mujeres. Llevaban a las morgues cuerpos que aún se movían. Prácticamente todos mis amigos y conocidos han perdido a alguien o tienen desaparecidos, la gran mayoría gente de menos de 20 años”, asevera. “Es nuestro holocausto, y tardaremos generaciones en recuperarnos de lo ocurrido en este enero de 2026”, zanja.
“Es el principio del fin del régimen”
Con todo, Ohadi cree que el cambio en su país es irreversible y que, a pesar de haber recuperado el control de la calle, el régimen nacido de la revolución de 1979 ha entrado en su declive definitivo: “El régimen no podrá ya volver atrás, es el principio del fin”. Además, recuerda la artista, “los problemas económicos continúan, mucha gente se muere literalmente de hambre, por lo que los problemas para las autoridades van a seguir”.
“Es muy importante que los periodistas cuenten lo que está ocurriendo en Irán; es un régimen que tiene aún un gran armamento en su poder y que morirá matando. Ha hecho el mal en todo Oriente Medio durante décadas, por lo que su caída mejorará no solo la vida de los iraníes, sino del mundo entero, como ocurrió cuando cayó Hitler”, expresa la artista iraní residente en Sevilla. Pero para que la caída sea definitiva, estima, hará falta una intervención externa, algo en lo que coincide fundamentalmente una diáspora iraní que favorable a una operación estadounidense contra la cúpula del régimen.

Por otra parte, Ohadi recuerda que Irán y otras zonas del mundo islámico se encuentran en mitad de un proceso de secularización que será largo y difícil, pero que es inevitable. “A Irán le falta su hacer su Ilustración, como la tuvo Europa, y separar el Estado de la religión”, recuerda. “El proceso ya ha empezado, es una revolución que acabará triunfando, pero yo no lo veré del todo; tardará tres generaciones más en consolidarse”, admite.
Agradecimiento a España
“Me alegro de que España haya dejado atrás las dudas iniciales y se haya unido al resto de Europa”, confiesa. Su agradecimiento y amor por el país que la acoge es total. “Doy cada día las gracias a tantos españoles que se preocupan por el destino de los iraníes, que se han unido en nuestras protestas, cuando vosotros, todos los pueblos, tenéis vuestros propios problemas”, insiste la artista sin evitar admitir la decepción sufrida por el doble rasero manifestado por ciertos sectores de la sociedad española y otros países occidentales ante la actual situación en Irán. “Yo me he expresado también contra el sufrimiento de los palestinos, el de los ucranianos, los nigerianos, los sirios, los rusos, los afganos o los yemeníes. Hay espacio en mi corazón para todos, pero no parece ser el caso de otros conciudadanos nuestros”, lamenta.

La entrevista va concluyendo y ya sabemos que el régimen no ha caído, pero la UE se ha puesto de acuerdo para incluir en su lista de organizaciones terroristas a la temible Guardia Revolucionaria del régimen. “Viene un nuevo álbum para el otoño del año que viene y estoy trabajando en una nueva canción que espero que la cantemos en el nuevo Irán libre. Tenemos la obligación de recordar la larga lucha de los iraníes, con nuestras mujeres, que son unas auténticas leonas, a la cabeza, por la libertad”, confiesa con una sonrisa antes de la despedida entre las calles empedradas de la Alfalfa sevillana. Qué así sea.
