La historia de Erfan Soltani, el joven iraní de 26 años detenido en el contexto de las protestas contra el régimen, ha dado un vuelco inesperado. Cuando organizaciones de derechos humanos alertaban de una ejecución inminente, el poder judicial de Irán ha salido ahora a desmentir que exista una condena a muerte en su contra. Según la versión oficial, Soltani no está acusado de delitos que conlleven la pena capital. Lo que ha rebajado, al menos sobre el papel, la alarma internacional.
El anuncio supone un giro de enorme calado en el caso de Erfan Soltani, cuyo nombre se había convertido en símbolo de la represión judicial contra los manifestantes iraníes. Las autoridades sostienen que los cargos que pesan sobre él no incluyen el ahorcamiento. Aunque el historial del país y la opacidad de sus tribunales mantienen la preocupación intacta.
Qué dice ahora el poder judicial iraní
Según el poder judicial iraní, Erfan Soltani está acusado de “colusión contra la seguridad interna del país y actividades de propaganda contra el régimen”. Son cargos graves, pero que, de acuerdo con la legislación iraní, no llevan aparejada la pena de muerte si son confirmados por un tribunal. Esa es la clave del giro. Oficialmente, no existe una condena capital en curso.
Esta versión contradice las alertas de la ONG kurdo-iraní Hengaw, que había asegurado que Erfan Soltani se enfrentaba a una ejecución “inminente” tras un proceso judicial “rápido y opaco”. La familia del joven también había declarado que les habían informado de un aplazamiento de la ejecución, lo que reforzó la sensación de que la sentencia ya estaba decidida.

Erfan Soltani fue arrestado el 10 de enero al noroeste de Teherán, en plena oleada de protestas. Trabajaba como empleado en una tienda de ropa y, según los grupos de derechos humanos, su detención se produjo en un contexto de redadas masivas contra jóvenes vinculados a las movilizaciones.
Desde ese momento, el caso de Erfan Soltani comenzó a circular en redes sociales y medios internacionales como un ejemplo más de la dureza con la que Irán castiga cualquier desafío al régimen. La posibilidad de una ejecución por ahorcamiento lo situó en el centro de la atención mundial.
La presión internacional y el factor Trump
El giro en el caso de Erfan Soltani se produce en un momento de máxima tensión entre Teherán y Washington. El presidente estadounidense, Donald Trump, había advertido a Irán de “acciones muy firmes” si comenzaba a ejecutar a personas detenidas por las protestas.
Esa presión explica en parte por qué el Gobierno iraní ha querido aclarar la situación de Erfan Soltani. El ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, afirmó “con total confianza” que no existe ningún plan de ahorcamiento, intentando cortar de raíz una crisis diplomática que podría escalar rápidamente.
IRANIAN FOREIGN MINISTER: “Those, you know, claims are baseless. You know, there is no proof of that. The number of deaths…are only hundreds.”
BRET BAIER: “So you’re saying less than a thousand people?”
IRANIAN FM: “No, hundreds of people. I certainly deny the numbers and… pic.twitter.com/BE967mWxAp
— Fox News (@FoxNews) January 15, 2026
Araqchi aprovechó una entrevista en Fox News para insistir en que Irán está dispuesto a negociar con Estados Unidos y a evitar una confrontación militar. En ese contexto, el caso de Erfan Soltani se convirtió en una pieza más del tablero, utilizada por Teherán para demostrar que no está cruzando ciertas líneas rojas.
Sin embargo, organizaciones internacionales recuerdan que en Irán los procesos judiciales contra manifestantes suelen ser sumarios y poco transparentes. Eso hace que la situación de Erfan Soltani siga siendo extremadamente frágil pese al desmentido oficial.


