Opinión

La Academia devorando a sus hijos

'Los Domingos' ha recogido cinco Premios Goya en esta 40ª edición
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A estas horas de la madrugada, en las que mi mente vaga por el cielo de Berlanga, imagino a Ingrid, una cinéfila de Oslo, leyendo de buena mañana dominical la edición noruega de Artículo 14:
-Oye Thorbjørn, ¿tú has oído hablar de una película que se llama Søndager?
-¿Como el día de hoy? No, ¿por qué?
-No, por nada. Resulta que el país que ha mandado a los Oscar a Sirat, que tiene dos nominaciones, ha dado esta noche sus premios a esta película que nadie conoce. Y Sirat se ha comido los snørr. No entiendo nada, Thorbjørn,
-Es que los españoles son muy suyos, Ingrid. ¿Quieres un poco más de Knekkebrød?

Yo tampoco entiendo nada, querida Ingrid. Pero es que, en España, incluida su Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, “semos así”, como diría Thorbjørn.

Aventuraba, dada la jurisprudencia patria tan proclive a pegarse tiros en el pie, lo que en esta noche de Premios Goya iba a ocurrir. No suelo ser muy adivino y en estas predicciones hago agua casi siempre. Ya me metí en unas cuantas porras de los Oscar cuando era estudiante y no solía dar una. Pero sí adelanté a mis allegados y colegas del sector que, este año, Los domingos, la película de mi paisana Alauda, iba a arrasar, abriendo una contradicción espacio-temporal inédita por otras geografías cinematográficas.

Y eso que pienso que Los domingos es mejor película que Sirat, ambas irregulares, pero mucho más honesta y veraz la primera. El filme de Ruiz de Azúa no es tan presuntamente disruptivo como el de Laxe, pero quiere ir de manera honesta más allá en la pelea callejera contra los molinos de viento del cine subrayado, en una obra que hace preguntas complejas, que nos trata como adultos y que ha creado un debate de lo más vivo, no precisamente por la moda espiritual. En pura organicidad fílmica, por tanto, que Los domingos haya ganado el Goya más importante, es lo más normal del mundo.

¿Normal? ¿En el entertainment-mainstream-show business?

Y eso que ni tan siquiera Los domingos es la mejor película del año para quien esto firma. La tercera autobiografía de Carla Simón, Romería, está muy por encima del resto del cine que se ha hecho en España en 2025. Y, si lo vemos desde el punto de vista puramente cinéfilo y academicista extramuros (¿no estamos en eso?), la mejor obra del año es, sin duda, Tardes de soledad, de Albert Serra. El documental ¿taurino? de nuestro Robespierre rockabilly, encabeza los listados en las revistas de prestigio europeas empezando por su biblia, Cahiers du Cinéma, superando incluso a la todopoderosa Una batalla tras otra, que el próximo 15 de marzo va a ganar un Oscar detrás de otro.

Además de la noruega Ingrid, imagínate ahora a un francés que siga el cine internacional, el bordelés Jacques-Eric, por ejemplo, leyendo esta misma mañana que Tardes de soledad no solamente no ha ganado el Goya a la Mejor Película, es que ni tan siquiera estaba nominada.

Es decir, dos películas españolas de las que todo el mundo habla fuera de nuestro país en los circuitos del mainstream (Sirat) y el festivalero (Tardes de soledad), que es a lo que aspira la industria del cine de cualquier país, han sido anatemizadas por su casa madre. Una vez más entra como un torete de Albert Serra la eterna discusión entre arte y negocio, pero dándole una vuelta de tuerca “celtiberia-show”: en este caso la Academia española ha optado por el negocio, pero el suyo propio, tan personal e idiosincrático que nadie lo entiende fuera, artesanía popular de la mano de Los domingos, una buena película, pero que no es ni de lejos la mejor del año.

¿Qué hacemos? ¿Premiamos lo que creemos que es nuestra mejor marroquinería, hacemos caso al ruido y la furia externa y nos amoldamos a los cánones, tanto críticos como del mainstream o somos furibundos autosuficientes, como parece que es a lo que hemos optado?

No tengo las respuestas, solo preguntas, como la flamante triunfadora de esta noche. Solo sé que es muy tarde, estoy solo en la madrugada, tengo que enviar ya esta ¿crónica? y me he vuelto a tragar, otra vez más, una gala perezísima con cojín bordado en cringe a ambos lados del sofá. También sé que las dos grandes películas españolas, de las que se habla allende los mares, han salido derrotadas, por mucho que Sirat haya ganado en los apartados más técnicos y estéticos, cosa que a Oliver Laxe y a El Deseo les da exactamente igual, que la mejor película española del año, Romería, se haya comido también los snørr, y que Tardes de soledad se haya conformado con una pedrea más que evidente.

Lo mismo el año que viene hacemos la gala desde el Dolby Theatre de Hollywood, con Christopher Nolan de apuntador chivándonos los ganadores desde el cubículo del apuntador.